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lunes, 12 de julio de 2010
Reportaje:SUDÁFRICA 2010 | Las estrellas

Las multinacionales no golean

Messi, Cristiano, Kaká, Rooney y Ribéry no responden a las expectativas publicitarias

Johanesburgo 12 JUL 2010

Adidas, la marca más fiel a la FIFA, se quedó sin la gran estrella que patrocina, Lionel Messi, el día que le eliminaron en los cuartos de final coincidiendo con la humillación más grande de Argentina en un Mundial desde 1974. Dijo Arrigo Sacchi, el ex seleccionador italiano, que Messi "fue la única gran figura que estuvo a la altura de su prestigio en Sudáfrica". Al menos, fue la única de las grandes estrellas que abandonó el campo llorando desconsoladamente. Sony se quedó sin el doliente Kaká, que se retiró señalando su pubis inflamado. Castrol perdió a Cristiano en algún campo de África y lo último que se supo de él fue que escupió al camarógrafo que le seguía por la cancha. Coca-Cola no logró rentabilizar un solo disparo de Rooney entre los tres palos. McDonald's tampoco consiguió que el egoísmo de Ribéry vendiera más hamburguesas. Del lado español, El Corte Inglés asistió con resignación a la suplencia de Fernando Torres.

"Los jugadores no consiguen nada por separado", recuerda Van Bronckhorst

Hay algo salvaje en el fútbol. Algo relacionado con su condición de juego de orden misterioso, hostil al control externo, inhóspito a las reglas del marketing. Desde su creación, hace casi un siglo, la Copa del Mundo ha encumbrado a los mejores futbolistas. Procurando adelantarse a los acontecimientos, las multinacionales que rodean a la FIFA se lanzaron a firmar contratos para unir sus imágenes a distintos individuos cuyo rendimiento individual hacía suponer su apoteosis exitosa en Sudáfrica. Las seis mayores apuestas de los inversores fueron Messi, Cristiano, Rooney, Kaká, Torres y Ribéry, por este orden. No acertaron ni una.

Diego Maradona alcanzó lo más parecido a la gloria en solitario en 1986, en el Mundial de México. Su epopeya coincidió con el apogeo del individualismo en una época marcada por la presidencia estadounidense de Ronald Reagan. Como una señal de los tiempos, este campeonato castigó a los aventureros que se alejaron del grupo. Gio van Bronckhorst, el capitán de Holanda, se encogió de hombros el sábado: "Ya sabemos cómo están las cosas en el fútbol. Aquí los jugadores por separado no consiguen nada. Este Mundial está demostrando que lo importante es la colaboración entre todos. Es la hora de los equipos".

El fracaso de Carlos Dunga con Brasil, de Fabio Capello al frente de Inglaterra y de Maradona como seleccionador argentino recordó que Sudáfrica no es país para histriones. Los entrenadores que acapararon más protagonismo que sus jugadores se extinguieron en los cuartos de final. El más alborotador de todos fue Maradona, cuyas exhibiciones dramáticas fueron proporcionales a su incompetencia. Después de pasarse dos años poniendo dificultades tácticas a Messi, el seleccionador argentino dejó que su instinto le guiara. Sospechó que para ganar el torneo debía cargar toda la responsabilidad en su jugador de mayor talento y trató de convertir a Messi en un factótum que compensara los problemas defensivos y el vacío en el centro del campo argentino. Maradona acompañó sus improvisaciones con un discurso cursi: "Yo quiero que Lio sea feliz. Él es feliz con la pelota y lo que yo he dicho a los muchachos es que tienen que dar la pelota a Lio". Las consecuencias fueron tan desgraciadas para Messi como para los muchachos. Alemania les ganó por 4-0.

El seleccionador portugués, Carlos Queiroz, se paseaba melancólico hace unos días por los centros comerciales más opulentos de Johanesburgo. Mientras su esposa iba de compras, él meneaba la cabeza. "¿Qué le pasó a Cristiano? ¿Por qué jugó tan mal?", le preguntaban. "No lo sé", contestaba Queiroz con una tristeza que invitaba a pensar en su sinceridad. Cristiano jugó como delantero con Portugal y solo fue capaz de meter el sexto gol a Corea del Norte en una goleada que acabó en 7-0. Fue de rebote. Y completamente irrelevante.

En los últimos 60 años han sido muy pocos los 10 de Brasil que no dejaron su sello en la Copa del Mundo. Kaká pasará a la historia por ser una de las excepciones. Hizo poco en 2006 y en 2010, más allá de dos asistencias de categoría, fue incapaz de elevar el nivel. El médico de la selección brasileña, José Luis Runco, dijo lo que el jugador siempre ocultó: "Tiene una pubalgia. Si ha jugado ha sido solo porque hay un Mundial. En condiciones normales, debe descansar". Kaká tampoco dio buenas noticias a su club, el Real Madrid, antes de irse de vacaciones: "Ahora pensaré si paso por el quirófano".

El caso de Rooney resultó doloroso. El emblema de la selección de Inglaterra, famoso por su energía y su capacidad goleadora, se apagó en Sudáfrica. Jugó cuatro partidos, contra Estados Unidos, Argelia, Eslovenia y Alemania, y solo fue capaz de rematar seis veces a puerta. Una vez por hora. No hizo ningún gol. Su hermoso rostro pueril, desconcertado ante la derrota, reflejó fielmente el fracaso del individualismo. Fabio Capello, el seleccionador mejor pagado del planeta, con siete millones de euros anuales, no le ofreció ni una solución.

Cristiano Ronaldo, Rooney y Messi se retiran cariacontecidos tras las eliminaciones de sus respectivas selecciones. / AFP

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