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Reportaje:

Espías de la intimidad

Dos actores exploran su relación amorosa real en una obra teatral que utiliza vídeos caseros, uno de ellos de sexo

Soledad, te quiero, ansiedad. Jimena y Mario deambulan erráticos por el escenario desnudo, cada uno por un lado, parándose aquí y allá, agachándose a escribir estas palabras con tiza en el suelo. Viaje, llorar, te amo. Palabras que son retazos de una relación sentimental, que la definen y también sobre la que se construyen. Miedo.

Jimena La Motta y Mario Tardón, que se acercan a la treintena, son pareja sobre la escena, pero también en eso que hemos dado en llamar vida real. Y esto no es ninguna casualidad. Breve cronología del amor, de la compañía Metatarso, es una investigación sobre el amor, sobre cómo el tiempo lo va deteriorando y transformando, sobre las palabras en las que se funda. También sobre cómo salvarlo.

"Existen otras posibilidades de trabajo además de la ficción", dice el autor

Para escribir el texto, el joven autor y director Darío Facal, de 31 años, trabajó intensamente con los actores, escarbando en lo más hondo de su relación y también dentro de la suya propia. "Este espectáculo sin estos actores nunca se hubiera hecho", explica Facal, un hombre de fuertes convicciones y discurso rotundo. "Es algo que va naciendo de su generosidad y de su total compromiso". "Trabajamos con improvisaciones", apunta Mario Tardón. "Pusimos encima de la mesa nuestra relación y hablamos de todo, comienzos, desarrollo, momentos críticos, todo lo que había ido ocurriendo. Darío nos iba conduciendo por donde él veía. Tuvimos que sincerarnos absolutamente, abrirnos y trabajar juntos". El resultado se estrenó el pasado jueves en la sala Mirador, y permanecerá, en sesiones de jueves a domingo, esta semana y la siguiente, hasta el día 14.

Así resultaron esos monólogos que relatan los momentos más íntimos, cuando el amor romántico, el detalle y la caricia, retroceden barridos por la cruel realidad cotidiana que va engriseciendo el mundo. Los actores, estas dos personas de carne y hueso, rara vez interactúan entre ellos, rara vez se tocan, se dirigen al público sin apenas cruzar una mirada, en un escenario vacío que sólo aumenta la sensación de soledad, el aislamiento. Cuando dialogan, lo hacen hieráticos.

En un viejo televisor situado en una esquina se suceden unos videos caseros de los protagonistas que producen una extraña sensación de nostalgia de momentos mejores: un viaje en coche, un despertar, un llanto, incluso una escena de sexo real grabada con luz nocturna por Jimena y Mario en su propia cama: sus cuerpos desnudos, juntos y azulados, incendiados. "Estos videos muestran una parte de ellos invisible, su intimidad más extrema", dice Facal. "No se puede hablar del amor de una pareja sin hablar del sexo y no queríamos hacer una elipsis y pasar a otra cosa, como en algunas películas, cuando los personajes llegan a hacer el amor. Esta intrusión en su intimidad nos permite presentar una obra más minimalista y abstracta en escena".

Sin embargo, hay cosas más obscenas en la obra que un video de sexo: los textos despojados que relatan sus miedos más profundos, sus inseguridades, que atañen a todos porque todos las sufrimos y que, precisamente por eso, nos sobrecogen. Esta indagación tenía, a todas luces, riesgos para la pareja: "Teníamos un poco de miedo", confiesa Jimena La Motta, "pero todo salió bien. Darío nos pedía que contásemos alguna mentira que hubiésemos dicho al otro, era duro. Pero luego lo dejábamos ahí y no nos llevábamos el trabajo a casa". "Para nosotros", añade Mario Tardón, "es como un regalo, nos ha obligado a hacer acopio de todo lo que hemos vivido. Es bonito tener este material, este trabajo sobre nosotros mismos".

La utilización de la realidad en el teatro es una de las obsesiones del autor: "Creo que existen otras posibilidades de trabajo además de la ficción", explica, "la ficción es anecdótica y ejemplificadora, es una construcción, algo que tiene un fin ideológico o moralizante. Organizando la realidad, podemos penetrar en otros territorios no sometidos a la construcción dramática". La compañía Metatarso lleva desde el año 2000 investigando nuevas propuestas escénicas, nuevos lenguajes, tratando, también, de dar una nueva visión de los clásicos. Siempre al límite, la soledad, la represión de los deseos, la alienación, la manipulación publicitaria, la paradoja y, ahora, el amor, son algunos de los temas sobre los que han trabajado.

Con el transcurso de Breve cronología del amor, el deambular de Jimena y Mario en busca de alguna esperanza va emborronando las palabras escritas en el suelo, que empiezan a volverse ilegibles. Una metáfora que refleja otra de las obsesiones del director: la devaluación del lenguaje, cómo los "te quiero" y las promesas de amor eterno, se convierten en falacias a base de repetición. "Al final", se pregunta Facal, "¿qué significa hacer el amor?".

Breve cronología del amor. Sala Mirador, calle Dr. Fourquet 31. Hasta el 14 de marzo. De jueves a sábado a las 20 h. Domingos a las 19 h. Precio 16 euros, 2x1 en puerta.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Domingo, 7 de marzo de 2010