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domingo, 1 de noviembre de 2009
Reportaje:

Los virajes del PNV o la calculada esquizofrenia

Tras perder el poder, ha optado por mantener el soberanismo en la ideología con pragmatismo político

Tan sólo una semana después de que el PNV ayudara a salvar a Zapatero la ley más importante del año, la de Presupuestos, el mismo partido le propinaba una derrota en el Congreso al someter a votación una proposición de ley de para reducir ministerios. ¿A qué se debía tal viraje cuando, además, el portavoz del PSOE, José Antonio Alonso, le había pedido al del PNV, Josu Erkoreka, que la retirase por resultar incoherente con el apoyo dado a los Presupuestos?

La respuesta a este interrogante se la dio el propio Erkoreka a Alonso al contestarle que no la retiraba porque el PNV no estaba comprometido en un pacto de legislatura. Pero esta respuesta no explica el asunto. El PNV ha dado muchos más virajes en muy poco tiempo.

El PNV cree que la izquierda 'abertzale' no estará en las municipales

La estrategia permite un reparto de poder entre las dos sensibilidades

En mayo declaró la guerra a Zapatero como represalia por arrebatarle el PSE, con el PP, el Gobierno vasco, pese a ganar las elecciones. Pero en julio dio el primer bandazo al proponer un pacto de estabilidad económica al Gobierno de Patxi López y ofrecerse para negociar los Presupuestos de Zapatero. Mientras votaba las cuentas en el Congreso, negociaba con López los de Euskadi y apoyaba el proyecto gubernamental de regulación del aborto, daba otro giro inesperado al participar en una marcha de protesta por la detención de Arnaldo Otegi, boicoteaba la recepción de López por el 30 aniversario del Estatuto y propiciaba una derrota del PSOE en el Congreso.

El PNV niega la incoherencia de estas oscilaciones. Sus portavoces dicen escuetamente: "Nos da igual si los Presupuestos son buenos o no. Nos da igual el PSOE que el PP. Nuestro único objetivo es apoyar lo que beneficia a Euskadi". Con esta lógica, la del beneficio para Euskadi, apoyaron los Presupuestos. A cambio blindaron las normas fiscales de las diputaciones, lograron la deuda pendiente del IVA para la Diputación de Álava y 85 millones de inversión para I+D.

Esta lógica explica su oferta a López de un pacto de estabilidad frente a la crisis que ha culminado con la no beligerancia ante los Presupuestos de López, y la del PSE en los de las diputaciones que gobiernan los peneuvistas. Decisiones aplaudidas por el empresariado vasco.

Pero la explicación del beneficio para Euskadi no aclara las protestas por la detención de Otegi o el boicot a la recepción de López por el 30 aniversario del Estatuto.

El fondo del asunto es que el PNV, lanzado en mayo a una oposición sin cuartel a Zapatero y a López, se vio presionado por el empresariado vasco para que abandonase su pataleta por la pérdida del Gobierno. El PNV se hizo eco de esta presión y abrió una reflexión interna. "El resultado fue mantener el soberanismo en la ideología y el pragmatismo en la política", señala un alto cargo del PNV. Dicho de otra forma, entre las dos almas históricas del partido, la autonomista y la soberanista, el péndulo del PNV ha terminado asentándose, en los dos años de Iñigo Urkullu como líder, en la ideología soberanista, pero con los pies en el suelo del pragmatismo político.

Este pragmatismo -apoyo a los Presupuestos de Zapatero y no beligerancia con López- le ha dado al PNV una presencia pública de la que carecía desde su pase a la oposición en mayo y ha potenciado su imagen de partido de gobierno. La interlocución directa que Urkullu mantiene con Zapatero, y con el ministro del Interior, Rubalcaba, refuerza aún más esa imagen de poder, meritoria en un partido de oposición.

Su posición inequívoca ante la regulación jurídica del aborto es otra forma de pragmatismo, fruto de su acercamiento a la "realidad social", según Urkullu. Es una aproximación a la modernidad, que el PNV desarrolla silenciosamente desde años y le aproxima a las nuevas generaciones vascas. No debe sorprender si se tiene en cuenta que su paso por el Gobierno vasco estuvo marcado por políticas más cercanas a la socialdemocracia -pasando a veces al PSOE por la izquierda- que a la democracia cristiana, cuyo grupo europeo dejó hace ya una década.

Pero, a la par, el mantenimiento del soberanismo como ideología le lleva a boicotear los actos del 30 aniversario del Estatuto. "Acudir al acto de López sería abdicar de nuestros planteamientos soberanistas", admite un alto cargo nacionalista.

En la misma dirección se encuadra su participación en la marcha de protesta por la detención de Otegi. El guiño dirigido a la izquierda abertzale está calculado. El PNV da por hecho que la izquierda abertzale no podrá concurrir a las elecciones municipales de 2011. En el año y medio que falta no le da tiempo para hacer los deberes que le exige el Gobierno de Zapatero para legalizarse: lograr que ETA deje las armas o desmarcarse de la banda terrorista.

Con la presencia del PNV y el apoyo de Joseba Egibar a las declaraciones laudatorias a Otegi del ex presidente del partido Xabier Arzalluz, pretende recoger votos de ese caladero y seguir en la pauta que fijó Ibarretxe en las elecciones de 2001, movilizar al electorado nacionalista con la amenaza del "frente españolista", hoy más real en la medida que el PSE gobierna con el apoyo del PP. A nadie se le oculta que, a día de hoy, el objetivo estratégico del PNV para recuperar Ajuria Enea es hegemonizar el voto nacionalista y con Aralar formar una mayoría tras las elecciones vascas de 2013, de las que las municipales de 2011 serán el primer ensayo.

Con esta esquizofrenia, entendida como disociación entre pragmatismo político y soberanismo ideológico, trata de abarcar un abanico electoral lo mayor posible. Pero obedece, también, a un reparto interno de poder, entre los guipuzcoanos soberanistas de Egibar y los vizcaínos pragmáticos de Ortúzar.

Esta nueva estrategia le plantea algunos riesgos a largo plazo. Por ejemplo, su boicot a la fiesta del Estatuto no fue seguida por relevantes nacionalistas como el presidente de Petronor, Josu Jon Imaz, y el de la BBK, Mario Fernández.

En todo caso, la novedad es que esta esquizofrenia ha acabado siendo doctrina oficial del PNV en el mandato de un político pragmático como Urkullu, que ha acabado asimilando el legado ideológico de la etapa de Ibarretxe como lehendakari.

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