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sábado, 25 de julio de 2009

El malestar social agita Suráfrica a un año del Mundial

El presidente Zuma reconoce la gravedad de la corrupción

La fórmula es casi infalible. Individuos se rebelan contra la injusticia, llegan al poder, se corrompen, cometen injusticias y, pasado un tiempo, la gente se rebela contra los antiguos rebeldes. Esto es lo que ha estado ocurriendo esta semana en Suráfrica, donde se han registrado protestas violentas y unas 200 detenciones, aunque hasta ahora sin muertos, en varias poblaciones negras del norte del país. Las protestas han sido en todos los casos contra las autoridades municipales, integrantes del Congreso Nacional Africano (CNA) de Nelson Mandela.

Choques de esta naturaleza, con la vieja fórmula de fondo, son tan tristemente habituales en el mundo que no suelen ser noticia, especialmente si ocurren en lugares lejanos del continente africano. Pero en este caso las imágenes de los enfrentamientos entre manifestantes y la policía han dado la vuelta al mundo, especialmente las que se han visto en un pueblo llamado Siyathemba, cuyo detestado alcalde intentó calmar a los manifestantes, pero no se atrevió a emerger del vehículo blindado que lo había llevado al lugar de los hechos.

La explicación es que Suráfrica será la sede del Mundial de fútbol el año que viene y existe en muchas partes de la tierra un cierto nerviosismo en cuanto a la posibilidad de que el país no esté a la altura de las circunstancias, y concretamente a que la violencia convierta el espectáculo más grande del mundo en un fiasco. Cualquier posible síntoma de inestabilidad, por inocuo que pueda ser, genera un desproporcionado interés.

¿Es inocuo lo que se ha visto en Suráfrica esta semana? En cuanto a su dimensión internacional, en cuanto al impacto que puede llegar a tener sobre el Mundial, sobre la viabilidad de celebrar el torneo en Suráfrica, sí. Para el Gobierno surafricano del nuevo presidente, Jacob Zuma, sin embargo, las protestas son motivo de alarma. Porque van al corazón del gran problema nacional surafricano: repartir la riqueza del país más económicamente fuerte de África; crear empleo, hacer que los servicios públicos más elementales -luz, agua potable, casas de ladrillo (y no de hojalata)- lleguen a los más pobres.

El descontento general que se ha expresado esta semana en ciertas partes del país (aunque por ahora, pocas) hubiera sido menor, la gente se hubiera mostrado más comprensiva con el Gobierno, si no fuera por el hecho de que en muchos casos las autoridades municipales se han enriquecido sin atender en lo más mínimo a las necesidades de la gente. Existen muchos Siyathembas en Suráfrica, lugares en los que los alcaldes y los concejales del CNA se han repartido los puestos de trabajo municipales a base de amistades y relaciones familiares; y en los que, una vez en el poder, recalifican terrenos y otorgan contratos a cambio de jugosas cantidades de dinero que después meten en sus propios bolsillos.

Tal parece ser el caso de Lefty Tsotetsi (lefty significa izquierdista en inglés), el alcalde de Siyathemba, cuyo vehículo blindado fue rodeado de gente armada con palos y tubos de metal cuando se le ocurrió la no muy feliz idea de dirigirse a los manifestantes y convencerles de que se fueran a sus casas. Se le presentó con una lista de quejas y demandas, a las que contestó prometiendo que gastaría dinero público en los colegios y en los aseos públicos. La turba le contestó "¿cuándo? ¿cuándo?", y después un sector se dirigió a una casa nueva que se estaba construyendo el alcalde y la incendió.

El presidente Zuma ha hecho un llamado a la calma y ha pedido que la gente no se tome la justicia por su mano, pero ha reconocido que existe en el país un problema grave de corrupción a nivel municipal y como consecuencia los servicios básicos en muchos casos no están a la altura de las necesidades. El mismo CNA ha reconocido como partido que las exigencias de los manifestantes son legítimas.

Un antiguo militante del CNA que fue preso político en los años ochenta comentó ayer en una entrevista telefónica que los disturbios de esta semana podrían tener buenas consecuencias para el país. Servirán de aviso para el Gobierno de Zuma, dijo, y le presionarán para llevar a cabo una limpieza general en los municipios. "El hecho de que viene el Mundial nos ayuda también. La necesidad que percibe el Gobierno de dar una imagen positiva al mundo el año que viene contribuirá a que la dirección del CNA por fin expulse a estos imbéciles inútiles del partido".

Residentes de Balfour, en el este del país, protestan contra la falta de servicios. / AFP

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