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Columna
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EL destripador 'vs' telefónica

Toni García

El asesino común es una especie que goza de pocas simpatías entre la población común, por razones obvias y que comparte una inmensa mayoría de la sociedad. Así que si uno quiere dedicarse a ello debe saber que probablemente no le espera una vida agradable.

En cambio, por motivos que se escapan a la mayoría de los mortales, si se añade "en serie" al final de "asesino" aquello toma un cariz completamente distinto. Porque el asesino en serie es alguien que no tiene nada que ver con el asesino normal y corriente. Si el que hace una cosa una vez es un criminal, el que lo hace muchas veces, y además se empeña y trata de "innovar", se convierte ipso facto en un personaje "de culto". La lista es inacabable: Ted Bundy, Charles Manson, David Berkowitz, John Wayne Gacy y muchos otros a los que recordamos por sus alias -en eso los periodistas somos únicos, qué encomiable es nuestra capacidad para buscar sobrenombres y apelativos originales para los chalados de turno-, como El Carnicero de Milwaukee, El Caníbal de Rotemburgo o El Asesino del Zodiaco, aunque este último decidió bautizarse a sí mismo en previsión de que el sobrenombre que le otorgaran los plumillas de guardia pudiera no gustarle.

Hasta ahora, y como ha podido constatar la máxima autoridad mundial del ámbito, el ex agente del FBI Robert K. Ressler (www.robertkressler.com), la comunidad de adoradores de estos personajes había sido poco menos que invisible. Pero he aquí que, abierta la veda, la Red se ha llenado de webs y blogs donde internautas de toda clase y pelaje discuten las bienaventuranzas del asesinato como si de una de las bellas artes se tratara (algo que ya anticipaba el escritor Thomas de Quincey hace más de un siglo).

Para empezar cuentan con una casa de subastas, www.murderauction.com, versión siniestra de eBay, donde se puede pujar por un mechón de pelo de Manson, un cuadro de Gacy o un busto de Ed Gein; cuentan también con archivos como www.skcentral.com, donde se exponen las tropelías de todos los enajenados que han amargado la existencia de sus semejantes desde principios del siglo XX; tampoco falta su propia CNN, www.serialkillerdatabase.net, donde uno puede seguir las noticias y enterarse de cuántos chiflados andan por ahí haciendo lo suyo (esto es, asesinando).

De todas formas parece que -según los fans- esto no es lo que era, ya que la policía caza a los tipos en un abrir y cerrar de ojos, y claro, así no hay quien se divierta. Si es que no hay derecho: malditos policías, siempre persiguiendo a alguien.

Asusta pensar lo que hubiera podido hacer un asesino tan diligente y concienzudo como Jack, El Destripador, www.casebook.org , si hubiera podido extender sus actividades con un ordenador, una buena conexión de banda ancha y una compañía de vuelos low-cost. Naturalmente, nunca hubiera podido operar desde España, que para eso está el servicio de ADSL en nuestro país, para impedir una navegación tranquila, rápida y segura. Por fin podemos darles las gracias por algo: ni El Destripador hubiera conseguido vencer al 1004 de Telefónica.

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