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martes, 23 de junio de 2009
Reportaje:Tensión en Irán

Duelo por el alma de la revolución

Los reformistas y el régimen polemizan por la pureza del sistema islámico

A E. S. se le eriza la piel cuando cada noche a eso de las diez sus vecinos suben a las azoteas a gritar Allah-u Akbar (Dios es el más grande) y Marg bar diktator (Muerte al dictador). "Me recuerda los meses previos a la revolución islámica; entonces yo tenía 13 años y aquello se me quedó grabado", confía esta mujer que hoy es madre de una niña de esa edad. El uso de los mismos eslóganes que se utilizaron para derribar al sha revela tanto el deseo de establecer una asociación con aquel momento histórico como de dejar claro que el movimiento cívico de protesta no está cuestionando el sistema islámico sino luchando por el alma de la revolución.

Lo ha dejado claro Mir Hosein Musaví, el principal candidato derrotado. "No estamos contra el sagrado sistema, sino contra las mentiras y el fraude. Buscamos una reforma que nos devuelva a los fundamentos puros de la República Islámica". En ningún momento ha cuestionado de forma directa al líder supremo, el ayatolá Alí Jamenei, y tanto en su propaganda electoral como ahora, en la página web desde la que se comunica con sus simpatizantes, aparece el ayatolá Jomeini, el fundador de la actual república iraní. El mensaje subyacente es "queremos defender el sistema del abuso de unos pocos que se lo han apropiado".

A medida que pasan los días, se hace más difícil un pacto entre las élites

Ése es también el deseo de la gente de la calle. La mayoría no pide el cambio de régimen, sino un sistema electoral más justo, que se respete su voto y que se cumpla la ley. Saben, por la experiencia de las revueltas estudiantiles de 1999 y 2003, que cuestionar al líder equivale a cuestionar al sistema y, en consecuencia, cerrarse la puerta a conseguir aliados entre los grandes ayatolás de Qom y Nayaf (Irak), los dos centros del saber religioso chií, algo imprescindible si quieren tener alguna posibilidad de éxito.

Y ahí entra en escena el ex presidente Alí Akbar Hashemí Rafsanyaní, considerado el segundo hombre más poderoso de Irán y eterno rival político de Jamenei. Según todos los indicios, Rafsanyaní se encuentra estos días en la ciudad santa de Qom, donde trata de conseguir el respaldo de los maryás, los grandes ayatolás que los chiíes piadosos eligen como fuente de emulación y guía para su vida. La mayoría de ellos aún no se ha pronunciado sobre la crisis abierta por el resultado electoral. Y los pocos que lo han hecho se han mostrado críticos con la respuesta gubernamental a las protestas.

Se trata de una apuesta a todo o nada. Si Rafsanyaní consigue su propósito, la Asamblea de Expertos que preside podría llegar a utilizar su potestad para deponer al líder. Si no, él y su familia tendrían que pensar en el exilio (la detención de cinco de sus miembros el domingo es sin duda una advertencia). A medida que pasan los días y crecen las protestas, la posibilidad de una componenda entre la élite gobernante se hace más difícil. Aunque Rafsanyaní no ha hecho público su objetivo, la reacción del propio Jamenei parece indicar que ve peligrar su puesto.

Pero la partida entre ambos sigue librándose según las reglas del sistema. Tanto unos como otros apelan al mismo acervo de sentimientos. De ahí que no sea sólo el ayatolá Jamenei quien utilice la iconografía religiosa chií y, como dijo durante su sermón del pasado viernes, esté "dispuesto a sacrificar todo por la causa de esta revolución y de este sistema". La página web de Musaví ha desmentido que se haya declarado dispuesto al martirio, pero en cualquier caso su empeño en el restablecimiento de la justicia y su carácter de parte más débil resulta fácil de asociar con el martirio de Husein, el nieto de Mahoma en el año 680, y la épica batalla que libró contra Yazid en inferioridad de condiciones. Ese pasaje de la historia sagrada islámica, que cada año se rememora durante las procesiones de Ashura, es la piedra angular del chiismo y uno de los símbolos de la República Islámica en su lucha contra el mal.

Eso hace que las medidas del Gobierno contra la oposición puedan volverse en su contra. Cada noche, cuando las voces de los iraníes descontentos, piadosos y laicos por igual, se elevan al cielo, hay algunos que, como en Ashura, invocan "ya Husein", a lo que sus vecinos responden "Mir Hosein", jugando con el nombre del nieto del profeta y el del candidato fallido a la presidencia.- En directo

El undécimo día de protestas,

desde las calles de Teherán.

Alí Akbar Hashemí Rafsanyaní, en el momento de depositar su voto el pasado día 12. / REUTERS

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