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martes, 17 de febrero de 2009
Reportaje:

Mancebo hace sufrir a Armstrong

El ciclista de Navaluenga, uno de la Operación Puerto, destroza al pelotón en California

Quizás habría sido pecar de ingenuidad preguntarle a Lance Armstrong en su regreso cómo se sentía en el pelotón rodeado de jovenzuelos, de caras nuevas. ¿Jóvenes?, podría haber respondido el tejano, acentuando una sorpresa fingida; ¿caras nuevas?, ¿dónde?

No en la Vuelta a California, seguramente. No entre los mejores de la primera etapa, por lo menos. Allí, bajo un diluvio helador, rodeando a Armstrong, indistinguibles bajo los chubasqueros grises, estaban dos que han vuelto también de entre los muertos, Ivan Basso y Floyd Landis, tras dos años de suspensión, y otros que nunca se fueron, y permanecen, como Levi Leipheimer. Gente Tour, todos. Gente de la Operación Puerto, también. Como Tyler Hamilton, como Óscar Sevilla, como Enrique Gutiérrez, a quienes dirige el mismísimo Rudicio en persona, Rudy Pevenage, el padre deportivo de Jan Ullrich. Gente que peleó con Armstrong en 2005, en las laderas de Courchevel, allí donde ganó Valverde. Gente como Paco Mancebo, que levantó los brazos jubiloso en Santa Rosa, adonde llegó solo después de atacar en los primeros kilómetros; después de, cabezota incorregible, a lo Arroyo, desarrollo exagerado, quitarse de encima a todos los que querían unirse a su aventura a través de los viñedos del valle de Napa; después de descender intrépido, admirable, el Bosque Petrificado; después de infligir un duro correctivo a todo el pelotón, que llegó roto. Un grupo de 20, a un minuto; los demás, a más de cinco. "Ha sido uno de los días más duros de mi vida", dijo Armstrong, quien debió movilizar a todo el Astana para acabar con el testarudo chico de Navaluenga (Ávila), quien mañana atravesará el Golden Gate de San Francisco vistiendo un maillot amarillo que recibió en el podio con la misma alegría infantil con que vestía el maillot blanco de mejor joven en el Tour 2000.

Bajo la lluvia helada, el tejano dijo que fue uno de los días más duros de su vida

El abulense no ganaba una etapa desde la Vuelta de 2005

"Salí para entrar en calor y para mover un poco las cosas y me he divertido", dijo Mancebo, quien no levantaba los brazos victorioso desde una etapa en Ordino Arcalís en la Vuelta de 2005, la última que disputó, la última gran competición de un ciclista que conoció en mayo de 2006 un punto de inflexión que le liberó, que devolvió el rostro humano a su carrera.

"Desde entonces corro sin presión", dice Mancebo, quien con todo lo que ha cobrado en los dos últimos años no habría tenido ni para pagar la mitad de lo que le costaban los tratamientos de Eufemiano Fuentes, unos 50.000 euros en 2005, según los papeles de un sumario que pueden narrar parte de la vida de aquél que, según el informe de la Guardia Civil, tenía el número 17 en los listados del médico canario y el sobrenombre de Goku, que no era el de su mascota, sino el del héroe de Dragon Ball, su juego favorito en la PlayStation. "Ahora corro porque correr es mi vida", afirma.

Desde que en mayo de 2006 la Operación Puerto le expulsara del pelotón de los ricos -llegó a cobrar un millón de euros anuales en el Ag2r-, Mancebo ha corrido en un equipo español, el Relax, que le prometió como paga un loft que todavía no le ha llegado; después, en uno portugués que ni llegó a pagarle el total de 10.000 euros que le prometió al año, a 800 euros al mes y le deben dos; y este 2009 ha acabado en el Rock Racing, un equipo californiano que luce una calavera y una a ácrata, rojo sangre sobre fondo negro; que sólo tiene presupuesto para seis meses y que reagrupa, a las órdenes de Rudicio, a la flor y la nata de la Operación Puerto: Hamilton, Sevilla, Gutiérrez...

"Y, si se acaba el equipo, no importa; me recalifico de amateur", dice Mancebo, a punto de cumplir los 33 años, con la misma tozudez con la que este invierno ha practicado el duatlón, el ciclocross con ruedas calzadas con neumáticos, el mountain bike, con la misma cabezonería para caerse y volver a levantarse, para seguir adelante sin culpar a nadie de su penitencia. Con la misma cabeza, tan dura como el granito de su tierra, que hizo desesperarse al guardia civil que buscaba su colaboración en los primeros momentos de la investigación.

"¿Cómo voy a declarar algo contra Eufemiano si yo acepté voluntariamente ir con él?", cuentan fuentes de la investigación que les respondía Mancebo, quien asumió su castigo y tampoco dijo quién le aconsejó recurrir a Fuentes. "Y eso", cuentan las mismas fuentes, "que un día Merino Batres nos dijo: 'Pobre Mancebo, yo creo que le timábamos un poco. No necesitaba para nada las transfusiones: tenía el hematocrito tan alto de forma natural que no le podíamos poner ni la mitad que a los demás".

Mancebo cruza victorioso la meta en la primera etapa en California. / AFP

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