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La crisis económica

Parálisis en la economía española

El PIB crece un 0,1% en el trimestre, pero los expertos prevén caídas inminentes

El diagnóstico del paciente español es malo. Sin paliativos. Su riqueza ha crecido en el último año un 1,8%, nueve décimas menos que tres meses antes. Las cifras publicadas ayer por el INE son todavía más sangrantes si se ciñen al segundo trimestre del año, cuando el PIB aumentó un magro 0,1% respecto del primero. En román paladino: la economía ha entrado de lleno en un periodo de estancamiento. Hay que retroceder hasta 1993, cuando la resaca postolímpica sumió al país en la crisis, para encontrar un dato tan negativo.

Pero los que se acostumbran a recibir palos aprenden a encajarlos y a enfocar los problemas desde el ángulo más optimista posible. Y España, que ha sufrido en los últimos meses una avalancha de datos negativos, ha pasado esta vez inadvertida porque los grandes de la UE, como Francia o Alemania, han registrado tasas de crecimiento todavía peores.

Lo malo es que esta comparación tiene trampa. Como recuerda José Carlos Díez, de Intermoney, Francia y, sobre todo, Alemania venían de un primer trimestre muy bueno; y España ya arrastró entonces un crecimiento minúsculo de tan sólo el 0,3%. Es esta insistencia en el raquitismo la que hace pensar a los expertos que el fantasma de la recesión -al menos dos trimestres consecutivos de descensos en el PIB- está cada día más cerca.

"En España, las cosas pueden ser más complicadas que en otros países porque su periodo de expansión estuvo acompañado de un crecimiento del crédito y de un deterioro en la cuenta corriente. La productividad no ha crecido significativamente, lo que hace que la economía española no sea muy dinámica y que la recesión pueda ser más profunda que la del resto de Europa y EE UU, e igual de larga", sostiene Guillermo Calvo, profesor en la Universidad de Columbia de Nueva York. Otros expertos consultados por la agencia Efe advierten que en los próximos trimestres el crecimiento del PIB "será aún peor de lo esperado" y prevén tasas negativas o planas a partir de julio.

La demanda bajo mínimos -que se visualiza en el desplome en la venta de viviendas y de coches- y la inversión paralizada son los factores que explican la depresión española. Se salvan, según el último boletín del Banco de España, el sector exterior por la mejora en las exportaciones y la reducción de importaciones.

Nuria Bustamante, del servicio de estudios de Caja Madrid, afirma que la moderación de la demanda interna ha sido más fuerte de lo esperado. Y la prueba es que por primera vez en ocho años la aportación del sector exterior al crecimiento ha sido positiva.

Puestos a encontrar algo de positivo en la tormenta generalizada que cae sobre Europa, José Carlos Díez cree que el declive de Alemania puede traer algún beneficio. "En la época de auge, a España le venía bien que Europa fuera bien. Ahora, nos puede ayudar que les vaya mal", afirma.

La clave es que la debilidad germana aleja la posibilidad de que el Banco Central Europeo (BCE) suba los tipos de interés, e incluso puede provocar que los baje, algo imprescindible para una economía como la española, donde conviven una severa restricción al crédito en los mercados internacionales con un fuerte déficit por cuenta corriente. Esta hipotética relajación del BCE también contribuiría a tirar a la baja al Euríbor.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Viernes, 15 de agosto de 2008