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domingo, 15 de junio de 2008
Reportaje:

La fuga de Ascó llegó lejos

Las partículas más pequeñas del escape radiactivo alcanzaron el mar, según unestudio encargado por el CSN - La Generalitat midió en el aire la radiación

La fuga radiactiva de la nuclear de Ascó llegó lejos. Las partículas más pequeñas se perdieron en el Mediterráneo, a más de 30 kilómetros, en dirección sureste, y las más grandes y potencialmente peligrosas se quedaron en un radio de unos 700 metros. Así lo concluye un estudio realizado por la Universidad Politécnica de Cataluña a petición del Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), según fuentes conocedoras del mismo. El informe será entregado la semana que viene y sostiene que la radiación que detectó una estación de la Generalitat de Cataluña del 14 al 17 de diciembre procedía del escape de Ascó. Esto implica que la planta emitió radiación al exterior durante semanas, ya que la fuga comenzó el 29 de noviembre. El suceso no ha tenido impacto sobre la salud ni el medio ambiente.

Las partículas más peligrosas se quedaron en un radio de 700 metros

La central afronta ahora una multa millonaria por el percance

El proceso es tan complejo que es mejor ir en orden. Así se fraguó uno de los cuatro incidentes más graves de la industria nuclear española. Aunque no hubo riesgo, el incidente revela una opacidad preocupante.

26 DE NOVIEMBRE DE 2007 Un bidón a la piscina

La central nuclear de Ascó estaba en parada de recarga. El 26 de noviembre de 2007, a las 20.28, la central pone en marcha la ventilación de emergencia, que filtra el aire que sale al exterior e impide cualquier fuga. Sin embargo, se deja abierta una rejilla junto a la piscina en la que se guarda el combustible gastado, radiactivo durante miles de años. La central está ultimando el paso de las barras de uranio del reactor a la piscina, en un edificio contiguo. Las varillas de combustible pasan a través de un canal, llamado de transferencia. Ese canal se limpia con agua a presión. Una vez terminada la limpieza, siempre quedan charcos de agua radiactiva en el fondo. Los trabajadores los chupan con una aspiradora llamada coloquialmente chupacharcos y la vuelcan en un bidón.

Hacia las 21.24, dos trabajadores sin experiencia izan el bidón de 50 litros junto a la piscina. Los que suelen realizar la maniobra les observan de lejos porque han superado la dosis de radiación permitida y se arriesgan a quedarse sin trabajo. El monitor de radiación se activa, pero es lo previsto. A las 21.30 vuelcan el bidón en la piscina. Aunque la central declaró a los inspectores del CSN que ésta era una práctica habitual, el consejo sostiene que no es una "maniobra prevista".

Justo en el lado de la piscina por donde virtieron el bidón estaba la rejilla abierta. La rejilla chupa parte del agua que cae y de la que salpica. Los trabajadores intentan parar el monitor de radiación junto a la piscina pero descubren que no se apaga pues "la tasa de dosis que percibe sigue por encima de su punto de actuación". Entonces descubren en la rejilla "humedad y restos de óxido". La central conoce ya el problema, pero como en todo el tiempo funciona la ventilación de emergencia nada sale al exterior. El incidente está bajo control. La central no informa al CSN pese a que según el organismo regulador debió hacerlo por escrito y de forma oficial ese mismo día.

27 DE NOVIEMBRE Desactiva la alarma

A las dos de la madrugada, la central intenta descontaminar la rejilla. Primero "con trapos" y después con mantas de plomo. "Detecta valores anómalos de contaminación en los conductos y componentes del sistema de ventilación". Además, y de forma "injustificada", eleva el umbral de alerta del monitor de radiación. Esa maniobra hace que éste deje de pitary por otra parte permite arrancar la ventilación normal.

29 DE NOVIEMBRE Comienza la fuga

A las 12.24, la central arranca la ventilación normal. Las partículas radiactivas recluidas en los conductos comienzan a salir al exterior. La central sostiene que no sabe quién ordenó poner ese sistema en marcha pero a la vez lo justificó en que "pensaron que toda la contaminación habría sido aspirada y que se encontraría ya retenida en los filtros de la ventilación de emergencia".

Los trabajadores declararon al inspector que no tenían orden de mantener el sistema de emergencia. A las 23.36 se vuelve a conecta la ventilación de emergencia y cesa la emisión; a las 8.52 vuelven a la ventilación normal. Los sensores en la chimenea no detectan nada, no están preparados para un escape tan difuso, de partículas tan pequeñas.

"A finales de noviembre", la central informa de que hay una orden para descontaminar la rejilla y el 5 de diciembre comunica al inspector que hay un "punto caliente" -una partícula radiactiva- en la ventilación. Pero informa como si fuera "un actividad rutinaria", sin explicar el incidente de la piscina. El inspector llama al consejo el 10 de diciembre.

14 DE DICIEMBRE Llega al Ebro

El 14 de diciembre, la estación de medición de la Generalitat catalana detecta junto a la central una punta de radiactividad (el pico es de 0,188 microsievert por hora cuando lo normal es 0,12). Llama a la central, que le dice que "descarta relación alguna con ningún suceso operativo en la planta". Esto implica que la centrale mitió durante semanas. La Generalitat ha encargado al profesor de Física Nuclear de la Universidad Politécnica de Cataluña Carlos Tapia un informe sobre hasta dónde llegaron las partículas.

El estudio concluye que las mayores partículas quedaron en unos 700 metros, lo que significa que llegaron a la ribera del Ebro (allí han aparecido cinco). Y apunta que las más pequeñas -y menos radiactivas- debieron de volar casi como aerosoles "hasta el Mediterráneo". "Son partículas que no se encontrarán nunca porque con el tiempo decae su actividad. No es que tuviera importancia radiológica, pero no se quedaron junto a la central", explican fuentes conocedoras del estudio.Hasta este momento han aparecido partículas con una actividad de 260 millones de becquerelios, 1.000 veces más de lo que la central dijo al principio.

14 DE MARZO Primera partícula

En un rastreo de radiación rutinario, el 14 de marzo Ascó detecta una partícula "en el suelo en la entrada a los equipos de contención". Redobla la búsqueda. La central afirma que hasta el 2 de abril no halló más partículas, pero el CSN dice que el 17 de marzo detectó dos partículas "a la puerta del edificio de combustible".

El 25 de marzo le dicen al inspector que han hallado contaminación procedente "de restos de la recarga que salieron de contención a través de las bridas usadas para los equipos de limpieza".

El 3 de abril, el inspector residente visita la sala de control. "El jefe de turno le informa de que se había encontrado contaminación en las terrazas de los edificios de combustible". El inspector residente revela en su informe que "es atípico que el personal de operación le informe de temas radiológicos". El inspector llama a los directivos de la central, que le cuentan todo: desde el incidente de noviembre al hallazgo de las partículas en los tejados.

Los inpectores preguntaron si iban a notificarlo. "Se les respondió que no son sucesos notificables". La planta creía que no tenía por qué informar. Un empleado chivó a los inspectores que tras hallar la primera partícula les ordenaron rellenar los estadillos de vigilancia sólo si descubrían que no había contaminación.

El 4 de abril, el Consejo pone en marcha su inspección y el 5 lo hace público. La información es confusa y habla de un escape sin importancia. Pero cuando el consejo peina la zona aparecen más y más partículas. Ya van más de 1.000. Aunque los analisis a 2.116 personas (trabajadores y visitantes) no han detectado a nadie contaminado, el CSN admite que "el suceso podría haber dado lugar a una dosis al individuo, localizado en el interior del emplazamiento, superior al límite reglamentario para miembros del público que es de 1 milisievert e inferior al límite de dosis a los empleados que en la legislación española es de 50 milisievert en un año".

14 DE ABRIL 100 veces mayor

El 14 de abril, el CSN amplía la información y revela que la fuga fue 100 veces mayor de lo declarado por la planta. Además eleva la gravedad del incidente a nivel 2 (sólo había tres precedentes) por la "ocultación de información" y la falta de cultura de seguridad. Al día siguiente el presidente de Endesa, José Manuel Entrecanales, llama al consejo y, en una reunión improvisada, explica a los consejeros a través de un teléfono manos libres que va a destituir a la cúpula de la central, según una fuente del consejo. Que le digan quién es el responsable que se lo carga. En la sala hay un sistema de videoconferencia pero no llega a utilizarse.

Al día siguiente, Endesa destituye a Rafael Gasca, hasta entonces director de la planta, y al jefe de protección radiológica, Francesc González Tardiu. Gasca, sin embargo, sigue trabajando en la planta. La central afronta ahora una multa millonaria.

Una nuclear con mala reputación

Si hay unas centrales nucleares en España con mala reputación en el Consejo de Seguridad Nuclear esas son las de Ascó y Vandellòs, todas en Tarragona. Aunque se trata de tres reactores la causa de la mala fama reside en que todas son gestionadas por la misma empresa, la Asociación Nuclear Ascó-Vandellòs (propiedad de Endesa e Iberdrola pero controlada por la primera).

En 2006, Vandellòs II protagonizó el incidente más grave desde el incendio de Vandellòs I, en 1989. La planta permitió durante años que una tubería de un sistema de refrigeración se degradase. Al igual que en el caso de Ascó, nunca informó al Consejo de Seguridad Nuclear (CSN), que tardó meses en descubrir lo que allí ocurría.

Finalmente, el Consejo acusó a la planta de "primar la producción sobre la seguridad" y de ocultarle información. La central pagó una multa de 1,6 millones pero, sobre todo, estuvo seis meses parada por orden del consejo para reformar el sistema de refrigeración.

Una fuente del sector apunta que el incidente de Ascó llega en el peor momento para la industria nuclear, inmersa en un renacer en buena parte del mundo. "Los eléctricos españoles se bastan solos para hundirse. No necesitan a nadie", explica esta fuente.

Y es que aunque el suceso de Ascó no ha supuesto ningún riesgo para la seguridad ni el medio ambiente, como insiste la empresa, sí ha mermado la confianza de los vecinos en la seguridad de la central, a la que hasta ahora veían con buenos ojos.

El complejo de la central nuclear de Ascó, en Tarragona, en el que se detectó la fuga radioactiva. / J. LLUÍS SELLART

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