Los niños regresan a Ayódar
El pueblo sortea vivienda, trabajo y 1.000 euros para evitar el cierre del colegio
Ayódar es un pueblo de 245 habitantes, enclavado en un profundo valle al que se accede desde la vecina Onda por 17 kilómetros de una carretera tortuosa entre las impresionantes moles del parque natural de la Serra d'Espadà. Rodeado de bosques de pinos y bañado por el río Chico, el pueblo es tranquilo. Apenas hay coches en sus calles estrechas, y casi todas conducen a la plaza Mayor. Allí, justo encima de la casa consistorial, el ayuntamiento ha habilitado la antigua vivienda del maestro para que acoja a los nuevos vecinos. Rafael y María vivían en un 4º piso en Vilanova i la Geltrú "y los niños ni podían bajar a la calle si no los acompañábamos". "Buscábamos tranquilidad para nuestros hijos", dice María, rodeada de su hijo mayor Rafa, con 11 años, Paula de 8, y las gemelas María y Judith, de 5. Sólo llevan un día en Ayódar pero ya parecen hermanos del resto de niños del pueblo. Andrea, Alba, o Ana María se los llevan a "jugar a pillar, al escondite y a cacos y polis" porque "aquí se juega en la calle, en el castillo, y en verano nos bañamos en el río". "Yo tengo la Playstation", dice Ana María, "pero aún está desmontada en casa". En la plaza contemplan la escena Joaquín, su hermana Felicidad y la esposa de aquél, Dolores. Tienen entre 91 y 94 años pero aparentan 75, y dicen que "ojalá vinieran más niños porque eso de que sólo haya viejos es muy triste". El alcalde tiene pensado traer a otra familia y querría "que viniesen muchas más" pero el presupuesto de Ayódar "es limitado" y "lamentablemente" no han recibido ayuda alguna de la administración.