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Análisis:Análisis | Elecciones 27M

Voto y medio ambiente

Las cuestiones relacionadas con el medio ambiente están adquiriendo un renovado protagonismo en nuestra sociedad. Tan sólo hay que echar una ojeada a las cartas que los lectores hacen llegar a los periódicos para comprobar que la conciencia ambiental está ganando músculo entre la ciudadanía.

Cada vez son más los que manifiestan su interés por los posibles efectos del cambio climático y demandan información al respecto. Los que sienten inquietud por la escasez de agua en nuestros embalses y piden herramientas para reducir su consumo, o los que se rebelan ante las agresiones al paisaje de los especuladores urbanísticos o de los gestores de infraestructuras y deciden unirse en plataformas de protesta para evitarlas.

Hay, en esta infantería social que se está poniendo en marcha en torno al medio ambiente, una firme decisión de cambiar las cosas para mejor. Algo que invitaría a la esperanza si no fuera porque está ocurriendo al margen de la política. Y es que buena parte de la sociedad ha llegado a la conclusión de que el medio ambiente es algo demasiado serio para dejarlo en manos de los políticos y ha decidido pasar a la acción desde el compromiso ciudadano.

Son los que están reciclando los residuos al margen de las dificultades que comporta o haciendo un uso más eficiente de la energía a pesar del derroche oficial. Los que están recortando su consumo de agua mientras las fugas en las instalaciones municipales no paran de crecer o cambiándose el coche por un modelo híbrido mientras el consejero de Medio Ambiente sigue viajando en uno de gasolina.

Sin embargo, y más allá del voluntarismo y de esos magníficos ejemplos de ciudadanía responsable, lo cierto es que para que la respuesta a los grandes dilemas ambientales, incluido el cambio climático, sea eficaz es imprescindible que nos dotemos de unos representantes políticos que atiendan esa nueva sensibilidad social, pues como nos recuerda Al Gore al final de su famoso documental, lo primero que resulta verdaderamente renovable en nuestro actual modelo de sociedad son ellos, los políticos.

En ese sentido, votar y hacerlo a favor del medio ambiente es una manera más de luchar contra el cambio climático y apostar por un desarrollo más limpio y seguro. Porque el entorno también se defiende acudiendo a las urnas, sobre todo cuando hablamos de elecciones municipales.

El pleno del Ayuntamiento es soberano en un montón de cuestiones relacionadas con el medio ambiente: desde la gestión de los residuos hasta los usos del agua o el nivel de ruido. La gente que vamos a sentar en el pleno decidirá en buena medida la calidad ambiental de nuestro municipio, es decir, nuestra calidad de vida, y aunque las actas tienen fecha de caducidad lo cierto es que en cuatro años se pueden hacer muchos destrozos. Evitémoslos votando.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Miércoles, 16 de mayo de 2007