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COLUMNA

El Pemán franquista

Se conmemora el 25 aniversario de la muerte del político y escritor gaditano José María Pemán en medio de toda suerte de alabanzas hacia su vida y su obra. Tengo para mí que todo adquiere el tono desmedido de la hagiografía. La verdad es que la obra de Pemán ha caído en el más absoluto de los olvidos y no se le puede añadir el adjetivo injusto sino más bien el de natural. En vida fue muy alabado como dramaturgo y articulista. Como autor de teatro tuvo grandes éxitos en la España de mediados del siglo pasado, como El divino impaciente y Los tres etcéteras de Don Simón. Como articulista, el periódico que lo acogió durante años, el Abc, se ha encargado de ensalzarlo cuando la mayoría de sus artículos eran de una extraordinaria superficialidad. Le dieron el Premio Mariano de Cavia por Nieva en Cádiz donde escribía con humor sobre la última nevada caída en la ciudad. Fue un vulgar poeta, dramaturgo mediocre y un articulista ligero. Un autor menor que brilló en la peor época de la historia de España, el franquismo, dada su afección al régimen que le nombró por decreto presidente de la Real Academia de la Lengua. Consiguió la cumbre de la fama con la serie televisiva El Séneca donde Antonio Martelo desgranaba un supuesto costumbrismo andaluz lleno de tópicos reaccionarios. El tiempo ha cumplido justicia, ha sabido guardar en la memoria la obra de muchos contemporáneos suyos como Alberti, Lorca, Cernuda, Alonso, Aleixandre y tantos otros que pagaron con la muerte, el silencio o el exilio sus ideas democráticas o su apoyo a la República. Mientras sus contemporáneos huían de España o eran fusilados en las cunetas, él escribía en el Poema de la Bestia y el Ángel una alabanza a la guerra y al ejército sublevado. Su afición al carnaval gaditano (que aparece en La Viudita Naviera), la forja de tópicos como el de Lola la Piconera en Cuando las Cortes de Cádiz, su apoyo a la cofradía del Nazareno y su apego a las tradiciones de Cádiz le convirtieron en un héroe local.

Sobre la faceta política de Pemán se quiere pasar de puntillas, como si no se hubiera dedicado a ella, como si su defensa de la monarquía, una vez asentado en España un Rey constitucional, lo lavase todo. Pemán fue un entusiasta defensor de todas las ideas reaccionarias del siglo XX español. Apoyó a los dos dictadores del siglo, Primo de Rivera y Franco, fue dirigente del partido del primero, la Unión Patriótica. Fue diputado de la CEDA durante la República y apoyó todo tipo de sublevaciones contra el gobierno legítimo de España. En cuanto se produce el golpe de estado de Franco, se integra como responsable de educación y cultura en la Junta de Burgos y comienza la depuración del magisterio español que tanta calamidad trajo a muchas familias y desastre a la educación en España. Fue procurador de las Cortes franquistas y, como se ha dicho, nombrado por Franco presidente de la Real Academia de la Lengua. En los años 60 se acercó al conde de Barcelona, de cuyo consejo privado formó parte. No tuvo la valentía de reconocer sus errores y alejarse del Régimen como hicieron Dionisio Ridruejo, Laín Entralgo o Torrente Ballester. La entrega en 1981 por el Rey del Toisón de Oro y la foto de Marisa Flórez en la que el monarca conversa con un depauperado escritor, éste sentado y Su Majestad agachado, le confieren a la escena una ternura y una especie de absolución de toda una vida dedicada a las ideas más negras y crueles . Es cierto, como escribió Haro Tecglen, que ayudó a algunos tras la guerra para que no fueran fusilados o salieran de la cárcel, pero eso es algo que tan sólo podían hacer los que formaban parte de un poder sedicioso encabezado por generales traidores a su juramento. Como prueba de lo dicho una cita suya: "Conquistó la zona roja como si la acariciara: ahorrando vidas, limitando bombardeos. No se dejó arrebatar nunca porque estaba seguro de España y de sí mismo. Este es Francisco Franco, Caudillo de España. Concedámosle, españoles, el ancho y silencioso crédito que se tiene ganado".

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 31 de julio de 2006