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domingo, 30 de julio de 2006
Reportaje:

Obispa Katharine

Katharine J. Schori rompe moldes. De 52 años, casada y con una hija, esta oceanógrafa es obispa y acaba de ser elegida líder de la Iglesia episcopaliana de Estados Unidos. Nunca hubo una mujer en ese puesto. Esto la convierte en una de las voces femeninas más influyentes del cristianismo, un poder que deberá utilizar para evitar el cisma en la Comunión anglicana por la ordenación de obispos gays. Pero está tranquila. "Me gustan mucho los desafíos", afirma esta pionera.

La vida tiene que ser una aventura". Katharine J. Schori habla suavemente y con seguridad, quizá porque está pensando en su propia vida. La aventura de esta mujer de 52 años, nacida en Florida, casada y con una hija, es muy particular: educada como católica, acaba de ser nombrada obispa presidente de la Iglesia episcopaliana de EE UU; formada como oceanógrafa, se pasó a la teología; quiso aprender español, y lo habla -aunque prefiere mantener en inglés la mayor parte de la conversación- para llegar mejor a los fieles hispanos en Oregón y Nevada, y es consumada piloto de avioneta. "Sí, me gustan mucho los desafíos. Dios nos envía retos para, de alguna forma, mantenernos en marcha. Si no, la vida sería demasiado fácil".

Los episcopalianos han dado a Estados Unidos la cuarta parte de sus presidentes, entre ellos Washington, Roosevelt y George Bush, padre

Nunca hubo una mujer en un puesto como el de Schori. Y, de 38 provincias anglicanas en el mundo, sólo hay obispas en EE UU, Canadá y Nueva Zelanda

"La Iglesia episcopaliana está en una encrucijada de su historia. Está en juego el alma del anglicanismo", asegura el deán de la catedral de Columbia

"Me gustan mucho los desafíos. Dios nos envía los retos para, de alguna forma, mantenernos en marcha. Si no, la vida sería demasiado fácil"

Según este punto de vista, Dios ha decidido definitivamente animar la vida de los 2,3 millones de fieles de la Iglesia episcopaliana -la denominación estadounidense de la Comunión Anglicana internacional-, que Katharine Schori dirigirá a partir de noviembre. Los episcopalianos, con predominio histórico de teólogos liberales, que han dado a EE UU la cuarta parte de sus presidentes, entre ellos Washington, Jefferson, Roosevelt y Bush padre, agitaron en 2003 las aguas del anglicanismo (77 millones en todo el mundo) al ordenar a un obispo gay, Gene Robinson. Ahora han vuelto a hacer historia al elegir a Schori: a pesar de la tradición progresista de la Iglesia, nunca había habido una mujer en ese puesto. De las 38 provincias anglicanas en el mundo, sólo hay obispos mujeres en EE UU, Canadá y Nueva Zelanda.

"¿Que si me da vértigo? Todavía no", ríe Katharine Schori, que tiene una confianza en sí misma que le ha acompañado toda su vida y le ha sido muy útil: cuando era bióloga marina -licenciada en Ciencias por la Universidad de Stanford en 1974 y graduada en Oceanografía por la Universidad de Oregón en 1977, especializada en investigación relacionada con ostras y calamares- y se embarcó en un crucero científico, el capitán juró que no iba a hablar una sola palabra con ella. "Quince minutos después de que yo subiera a bordo, ya se le había pasado".

Con la caña echada

Luego se casó-con un matemático-, tuvo una hija -Katharine, que elevó la afición familiar al vuelo a la categoría de profesión y ahora, con 25 años, es piloto de las Fuerzas Aéreas- y empezó a ver que le atraían más las alturas que las profundidades. ¿Cómo pasó de la mar al sacerdocio? "Era una manera de seguir con la caña echada", bromea.

Mientras trabajaba en el Servicio Nacional de Pesca Marina en Seattle se acabó el presupuesto de la misión en la que estaba. "Entonces me di cuenta de que no estaba segura de querer seguir; en ese momento, tres personas de mi congregación episcopaliana me dijeron que si había pensado alguna vez en ordenarme sacerdote. Nunca se me había ocurrido, pero fue una pregunta suficientemente sorprendente como para que me la pensara un tiempo. Y llegué a la conclusión de que no era el momento adecuado. Cinco años después -antes de la guerra del Golfo, en 1990- el pastor de mi congregación me pidió que dirigiera el rezo, porque él no iba a estar. Y esa experiencia, y la respuesta de la comunidad, fueron las razones que me hicieron finalmente decir que sí".

En otoño estaba en el seminario. En 1994, después de haber estudiado teología en la escuela de la Iglesia de la Divinidad del Pacífico, Katharine Schori fue ordenada, y se entregó tan de lleno a las tareas pastorales en la iglesia del Buen Samaritano de Corvallis, en Oregón, que en 2001 fue consagrada obispa de Nevada, una diócesis con 6.000 fieles. En la convención general recién celebrada, Schori, en una apretada votación con otros seis obispos, fue elegida obispa primada, como dicen los episcopalianos en español.

La Iglesia ordena mujeres desde hace 30 años, pero hay diócesis "en las que no hay mucha voluntad de permitir que desarrollen su papel", dice Schori, y ésas votaron en contra. Ella resta importancia a la oposición y no duda del papel que deben jugar las mujeres: "Ya ocuparon puestos importantes y públicos en la Iglesia primitiva. Y son, en muchas ocasiones, las que enseñan a los niños, las que transmiten la fe a la siguiente generación... Siempre han estado haciendo el trabajo que hacía Marta, y, en algunos momentos y lugares se les ha permitido hacer el trabajo de María".

La Iglesia católica está lejos de todo esto. "Sí, pero es que los católicos han olvidado su historia, nuestra historia. Está muy claro que en la Iglesia primitiva, como ya le decía, había mujeres que dirigían. Cuando Pablo escribe a las iglesias, escribe a menudo a esas mujeres". ¿Será cuestión de tiempo, cambiarán los católicos? "Espero que sí, hay que confiar en ello". ¿Cuándo? "Dudo de que nosotros lo veamos".

Lo que sí es posible que veamos, y a corto plazo, es un cisma anglicano. La crisis empezó con el nombramiento del obispo gay de New Hampshire en 2003. Un año después, la Comunión Anglicana emitió el Informe Windsor, en el que se pedía a los episcopalianos una moratoria en la ordenación de obispos gays y la bendición de las uniones matrimoniales del mismo sexo. La Iglesia, en la misma convención en la que acaba de elegir a Schori, no ha aceptado la moratoria, y se ha limitado a decir que "ejercitará la moderación" al elegir obispos "cuya opción de vida suponga un reto para la Iglesia y lleve a más tensiones en la comunión anglicana".

Las discrepancias han crecido. Los primados del Consejo de Provincias de África, reunidos en Kampala, se sienten "entristecidos" porque, según escribe el obispo Peter Akinola a los episcopalianos, no han "asumido las recomendaciones del Informe Windsor". En septiembre, dicen, presentarán la " respuesta pastoral y estructural concertada con otros primados de Global South

[las 20 provincias de África, sur de Asia, Caribe y América del Sur]". Y concluyen: "A las diócesis y congregaciones irritadas y marginadas les decimos: hemos oído vuestros lamentos".

Los lamentos no se extienden sólo entre las diócesis más conservadoras de África y Asia; también dentro de Norteamérica hay mar de fondo, como lo prueba la minoritaria, pero activa, Red de la Comunión Anglicana, formada por ocho grupos de EE UU y Canadá. "En 2003, nuestra Iglesia actuó

[al ordenar al obispo gay] de una forma que podía romper el tejido más profundo de nuestra comunión. Desde entonces, el desgarro se ha agrandado. Pero está amaneciendo un nuevo día", dice su coordinador, el obispo Robert Duncan, de Pittsburgh, que asegura que ya hay "dos Iglesias bajo un mismo techo".

Rebelión tradicionalista

Hay rebelión tradicionalista en Carolina del Sur -una diócesis que ya llevó muy mal la ordenación de mujeres-, pero también en sitios poco conservadores, como la parroquia de Todos los Ángeles, en Manhattan, que acaba de unirse a la red, y otros lugares. En Nueva Jersey está el otro extremo, el liberal: la diócesis de Newark ha dicho que le da igual la presión y que uno de sus cuatro candidatos para ser ordenado obispo en septiembre, Michael Barlowe, es gay.

Para tratar de controlar el terremoto, el pontífice anglicano, reverendísimo Rowan Williams, arzobispo de Canterbury, ha propuesto una Comunión Anglicana de dos velocidades: unas Iglesias que Williams llama "de pleno derecho", y otras "asociadas", con relación más flexible. Williams apunta a los progresistas de EE UU cuando dice: "Ninguna Iglesia puede adoptar decisiones importantes unilateralmente y confiar después en que no habrá consecuencias". La propuesta se debatirá durante todo el año.

¿Acabará en cisma? "La Iglesia episcopaliana está en una encrucijada de su historia, quizá como ninguna otra desde nuestros comienzos", escribe en The State, de Carolina del Sur, Philip Linder, deán de la catedral trinitaria episcopaliana de Columbia. "Lo que está en juego es nada menos que el alma de la Iglesia y del anglicanismo". Katharine Schori relativiza: "Creo que hemos mantenido conversaciones similares desde hace mucho tiempo. Ha habido algunos que querían que las cosas permanecieran como siempre, que no hubiera cambios, y otros ven que Dios nos sigue hablando e invitándonos a crecer en nuevas direcciones. Creo que esa es la tensión básica que existe".

Los episcopalianos reivindican con orgullo la diversidad, y, desde su fundación, EE UU sentó las bases de la libertad religiosa y acogió a los que sufrían persecución por razones de fe en Europa, para hacer realidad la afirmación de Voltaire: "Si hubiera una sola religión en Inglaterra, habría peligro de tiranía; si hubiera dos, cada una trataría de cortarle el cuello a la contraria; pero hay treinta, y viven felizmente juntas en paz".

El riesgo de separación

Juntos y en paz no es precisamente la manera en la que viven hoy los episcopalianos. El obispo Duncan ha celebrado la propuesta de Rowan Williams y cree que, en EE UU, "los grupos afiliados a la red y similares podrán seguir en completa comunión con el arzobispado de Canterbury y la Iglesia mundial, mientras que la mayoría de la Iglesia episcopaliana tendrá sólo estatus de asociada".

Schori, que está con la mayoría progresista, no tiene miedo a un cisma, aunque es consciente de que es una posibilidad real: "Sí, en la Iglesia hay gente que ahora mismo se siente muy angustiada, y parece que la única posibilidad en la que piensan es esa, la de la separación. Una de las virtudes del anglicanismo es nuestra voluntad de mantener puntos de vista diferentes, e insistir en que lo que nos mantiene unidos es rezar juntos, no estar completamente de acuerdo sobre asuntos doctrinales".

La obispa recuerda que en Estados Unidos hay un componente histórico y cultural que facilita la separación: "Bueno, los americanos... Nuestra cultura tiene una inclinación hacia la discrepancia... Cuando a la gente no le gusta algo, agarra la puerta y se va a su casa. Las comunidades religiosas deberíamos ser consecuentes a la hora de entender cómo funciona la creación: Dios crea una enorme variedad, y habla de que eso es bueno. Y Pablo dice una y otra vez que el cuerpo tiene muchas partes, todas importantes, cada una de ellas esencial, pero ninguna idéntica".

El arzobispo de Canterbury, en su reciente mensaje, dijo que todas las Iglesias anglicanas tienen que dar "su más enérgico apoyo a la defensa de los homosexuales contra la violencia, la intolerancia y las desventajas legales", pero que eso es una cosa, y otra, muy distinta, es nombrar obispos gays o, como ha hecho la diócesis canadiense de New Westminster, bendecir las uniones entre personas del mismo sexo. Schori apoyó hace tres años el nombramiento del obispo de New Hampshire y dice que es un asunto "que tenemos que seguir discutiendo entre nosotros", y que la coherencia con la defensa de los homosexuales debe llevar a admitir la posibilidad de que sean obispos. "Todo el mundo tiene un sitio a la mesa de la Iglesia. Es una mesa para la comunión, para la conversación, es una mesa para la cena de todos".

Tiene claro también que las tareas de su Iglesia no están ahí. "Nuestras prioridades tienen que ver con la lucha contra el hambre y la falta de educación y de cuidados médicos en muchas partes del mundo, y queremos concentrar nuestro trabajo en los Objetivos de Desarrollo del Milenio, y construir el reino de Dios. Ese es el sentido de nuestro trabajo, la capacidad de comprometernos en una misión: construir clínicas en Kenia, proporcionar enseñanza básica a los niños de Sudán... Podemos hacer estas cosas mucho más creativa y eficazmente si trabajamos juntos".

El 4 de noviembre, día de su investidura, comienzan los nueve años de mandato de la obispa al frente de la Iglesia episcopaliana. "En los próximos meses", señala, "dejaré mi trabajo en Nevada; empezaré a prepararme, desde esta misma semana, para algunos de los desafíos que voy a abordar". Los desafíos pueden desembocar en un cataclismo, pero nada le turba: "Es una gran oportunidad, una maravillosa oportunidad".

Corazón roto

El obispo Duncan le ha asegurado que reza por ella y por "la imposible tarea que se le ha asignado", pero que su ordenación le "rompió el corazón". "Esta elección coloca a tres de nuestras diócesis en una situación insostenible", y lo mismo ocurre "con incontables almas ortodoxas en todo el país", aunque lo peor fue la elección del obispo gay, subrayó. Schori, en su primer sermón tras el nombramiento, contestó así: "Dejemos de lado nuestros temores y amemos al mundo; dejemos de lado nuestras espadas y escudos y busquemos la imagen de Dios en aquellos a quienes más difícil nos resulta amar".

Para afrontar los turbulentos tiempos que le esperan, Katharine Schori corre, hace senderismo y vuela siempre que puede: dice que la concentración que exige llevar los mandos de la avioneta le deja en un estado mental no muy diferente al de la meditación. Y reza, lo cual no debería ser extraño en una obispa. Prefiere hacerlo en el campo. "Donde mejor me encuentro con Dios es en la naturaleza, en las montañas. Es el sitio en el que veo con más claridad su trabajo en la creación y donde mejor y más claramente me reconozco como criatura".

La Iglesia en la calle

"CREO QUE ES MARAVILLOSO que Katharine Schori haya sido elegida. Definitivamente, es un mensaje. Seguí por Internet la elección y pensé que el Espíritu avanza en la dirección adecuada". Susan Burns, reverenda episcopaliana, casada y con cuatro hijos, dirige -en este calurosísimo martes de julio, y en el parque de Franklin Square, en Washington- a los voluntarios de la Iglesia en la calle: tres mujeres de edad, un joven payaso y otra religiosa, que dan de comer y beber a la gente que lo necesita: "Venimos todos los martes, haga frío o calor. Damos la comunión, aunque sólo con pan, no con vino, porque puede no ser bueno tomar más alcohol para la gente que vive en la calle... y luego, el almuerzo, con sándwiches, de mantequilla de cacahuete y mermelada, y fruta, patatas fritas, bebidas y agua".

La veterana Eileen detalla: "El servicio dura 15 minutos: se da la bienvenida, se canta Amazing grace, se reza, se lee un salmo

[hoy, el 23: El Señor es mi pastor, nada me falta] y cantamos Tomemos juntos el pan, y Saldremos adelante. Luego, una bendición y listo".

Las mujeres recogen la mesa mientras reparten los últimos bocadillos y bebidas; un mensajero en bicicleta, como todos los de Washington, agradece una botella de agua. El payaso Cenizas entretiene a los vagabundos en los bancos. De la elección de Schori se pasa a la crisis del obispo gay. "Hay parroquias para las que el asunto es muy complicado. Se ha llegado a un punto de erupción, pero estaba latente desde 1976, cuando se permitió que las mujeres fueran sacerdotes", dice Burns. "La experiencia de las mujeres en la Iglesia ha sido muy buena. Y lo mismo, en mi opinión, la de los clérigos homosexuales que he conocido. ¡Algunos son mucho mejores pastores de lo que yo nunca seré!".

"Mi impresión", dice Eileen, "es que lo importante no es que seas gay o no, sino lo que crees. Si uno cree en Dios, con eso vale. Esa es mi idea a la hora de relacionarme con la comunidad y el mundo". Y ésta es la de Brenda: "A muchos quizá no les guste que una mujer sea obispo, o que haya obispos gays. Espero que alcancemos algún consenso, pero no uno que obligue a nadie a que tenga que renunciar a sus derechos".

Así piensa, por ahora, la mayoría de episcopalianos. Pero hay voces muy críticas, como el reverendo Dow Sanderson, de Carolina del Sur, que encabeza una escisión: "Tengo amigos y familiares gays; les quiero y se les recibe en nuestras casas e iglesias. Pero querer y aceptar no es lo mismo que bendecir y ordenar". Sanderson tiene apoyos: "Carolina del Sur", dice Evan Miller, "mantiene con fuerza su relación con Cristo; son los herejes de la Iglesia episcopaliana los que le han abandonado".

"Yo no tengo miedo a un cisma", afirma Susan Burns. "Confío en la obispa Katharine Schori. Tiene muy claras sus creencias y tiene la capacidad de relacionarse bien con gente que no está de acuerdo. Genera consenso, que es lo que necesitamos en estos tiempos. Y que sea una mujer es una bendición añadida. Cuando la conozcan y vean el tipo de persona que es y el ministerio que ejerce, la mayoría superará la crisis".

Katharine J. Schori pronuncia un sermón en una ceremonia durante la convención episcopaliana de junio en Columbus (Ohio). / AP

Katharine J. Schori bendice a un pastor y su esposa en su aniversario de boda durante una ceremonia en un templo de Bullhead (Arizona), en julio de 2006. / AFP

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