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sábado, 20 de mayo de 2006
Reportaje:FUERA DE RUTA

El templo de los 'freaks'

Coney Island, un parque de atracciones donde lo excéntrico es la norma

El faquir, la contorsionista, la mítica montaña rusa de madera... En metro desde Manhattan, el circo permanente de Nueva York desafía a los parques temáticos luciendo con orgullo su decadencia.

A escasos 40 kilómetros de la Gran Manzana, a menos de una hora en metro de Manhattan, se ubica el templo del freakismo. Uno de los parques de atracciones más antiguos del mundo, donde... ¡Señoras y señores!, ¡pasen y vean!, a la auténtica mujer barbuda, a la tragadora de cuchillos, al faquir, a la contorsionista, a los que desafían las corrientes de la silla eléctrica, a los enanos y demás especímenes humanos, que aquí exaltan sus diferencias y su monstruosidad natural entre carteles pintados y atracciones oxidadas. Eso sí, ni rastro del hombre elefante.

Todos ellos, junto con otros muchos escenarios desvencijados pero aún en pie desde principios de siglo, mantienen vivo el espíritu primigenio de este lugar surrealista, donde el sentido de la vista cuestiona constantemente los parámetros habituales de la razón.

Entrar implica ser propulsado hacia el pasado de manera inmediata. Todo un viaje en el tiempo. Y gratis. Coney Island, a pesar de los años y de Disneyland, luce toda su decadencia con orgullo.

A orillas del Atlántico, rozando la misma playa, y retando al salitre y al óxido, se levantan todavía como reliquias del pasado la Wonder Wheel, la rueda maravillosa, la gran noria; y el Cyclone, una montaña rusa de madera con cuatro bajadas de espanto, no tanto por la inclinación vertiginosa de sus cuestas (que también) como por el estruendo que hacen los vagones al bajarlas y por sus violentos movimientos, gracias a los cuales uno siente que es lo más cerca que estará en su vida de perder, literalmente, la cabeza.

Para aterrizar en este esperpéntico lugar basta con coger el metro. La línea N del subterráneo neoyorquino tiene allí su última parada. Cruza el puente de Williams-burg (o de Brooklyn) y atraviesa todo Brooklyn sobre tierra. El domingo es el día estrella para visitar este parque tradicionalmente popular que, de hecho, fue construido a finales del siglo XIX para ofrecer divertimento a las comunidades de inmigrantes que habitaban esta zona de Brooklyn. Multitud de familias aprovechan ese día de ocio para recorrer el paseo marítimo, visitar el mítico parque o hacer un pic-nic y comer un auténtico hot dog de Nathan's. Todos los años se celebra un famoso campeonato de hot dogs, cuyas marcas se muestran en un inmenso cartel a la entrada del parque, para ver quién es capaz de comerse más perritos calientes seguidos. De momento, y desde hace varios años consecutivos, el primer puesto lo ostenta un joven japonés.

Bordeado por decenas de edificios en donde hoy viven fundamentalmente inmigrantes de origen ruso y latinoamericanos, el que en su día fue el territorio de The Warriors -hoy puede contemplarse un gigantesco cartel pintado de los jóvenes que protagonizaba esta película de la Paramount de 1979- ofrece un maravilloso paseo a orillas del mar, en Brighton Beach, donde degustar, por ejemplo, dulces de algodón, o sentarse en alguno de sus bancos a contemplar el panorama y sus personajes. Y toda clase de divertimentos.

Tumbado sobre alfileres

Desde la noria con las cabinas de colores colgadas destartaladamente en su estructura circular, hasta el Cyclone, la famosa montaña rusa de madera que sigue provocando gritos de pavor. Pasando por el Freak Show con su coloreada entrada y sus abnegados actores que, en un minúsculo escenario y frente a unas apuntaladas gradas de madera, no dejan de sorprender a los espectadores con sus monstruosidades, a ver quién hace la freakada más gorda: la que se introduce espadas hasta lo más profundo de sus entrañas; el que se tumba sobre gruesos alfileres soportando el peso de dos contundentes voluntarios del público; la que se deja descargar una buena dosis de corriente eléctrica hasta ser capaz de encender una bengala sólo tocándola con el dedo índice... Y todo eso, aderezado con cosas como un monumento al chapero: en una gran urna de cristal un hombre arrodillado frente a un váter con el culo en pompa y con un agujero en el pantalón justo a la altura del ano. Su cara lo dice todo... Pocos metros más allá, el anunciado Shoot the Freak: una especie de tiro al blanco al aire libre, con la diferencia de que lo que se disparan son pelotas de pintura contra un hombre de raza negra que se mueve esquivando los tiros delante de un paredón de ladrillo cutre sobre el que se estampan los proyectiles fallidos... La escena, con padres blancos animando a sus hijos blancos para que disparen al hombre negro, es tan humillante que uno no sabe si reírse a carcajadas o irse a denunciarlo a la comisaría más próxima.

En fin, eso es Coney Island, seguramente algo distinto al que describía Lou Reed en su canción. Un lugar en el que conviene dejar aparcadas en la puerta algunas premisas morales de nuestro tiempo y vivirlo con toda la distancia que aporta el sentido del humor. Tomárselo en serio, probablemente, es no entender nada. ¿Se atreve?

GUÍA PRÁCTICA

Datos básicos

- Prefijo telefónico: 001.

- Coney Island está situado al sur de Brooklyn y tiene alrededor de 60.000 habitantes.

Cómo llegar

- Delta Air (www.delta.com; 917 49 66 30) tiene vuelos a Nueva York, con salida desde Madrid, a partir de 387 euros, tasas y gastos de emisión incluidos.

- Coney Island es la última estación de la línea N del metro de Nueva York. También se puede llegar en autobús. Toda la información relacionada, en la página web del transporte público de la ciudad: www.mta.nyc.ny.us.

Información

- Parque de atracciones de Coney Island (www.coneyislandusa.com; 718 372 51 59). Surf Avenida, 1208. Brooklyn. El parque abre los fines de semana de Semana Santa a finales de septiembre. En junio, julio y agosto, todos los días. La entrada es gratuita.

- Oficina de turismo de Nueva York (www.nyvisit.com; 212 484 12 22). Está situada en la Séptima Avenida, 810, entre las calles 52 y 53.

Una participante del Mermaid Parade, el desfile de la Sirenita, que se celebra los veranos en la neoyorquina Coney Island (Estados Unidos). / PAUL FUSCO

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