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domingo, 30 de abril de 2006
Reportaje:COMERCIO SEXUAL

Llegan los burdeles y prostitutos sólo para mujeres

Valencia albergará un prostíbulo de hombres

La profesión de Mami es hacer feliz a la gente". Así es como una madre explica a su hija de cuatro años el negocio de prostitución de lujo al que se dedica. Su agencia, Charming Barbara, es una de las pioneras en España en ofrecer este servicio a mujeres. La prostitución, una explotación del cuerpo tradicionalmente reservada a clientes masculinos, empieza a captar al otro sexo. España cuenta ya con varias agencias especializadas y pequeños locales de alterne. En Valencia está prevista la próxima apertura de un gran prostíbulo en el que sólo trabajarán hombres. En EE UU, Heidi Fleiss, más conocida como Madame Hollywood, planea abrir en Las Vegas y por todo lo alto un burdel sólo para chicas: La Granja de Sementales.

"Una mujer necesita estar relajada". Por eso, entre otras diferencias, el tiempo mínimo del servicio para ellas es el doble que para ellos

Barbara tiene 35 años y hace ocho que dejó el ejercicio directo de la prostitución. Se casó con un cliente y tuvo con él una hija. Junto a otro cliente montó hace un año Charming Barbara, empresa de prostitución de lujo destinada exclusivamente en sus orígenes a la clientela masculina. Pero un día cambió de rumbo. "Me llamó un chico que se ofrecía para trabajar para mujeres. No pensaba contratarlo, pero me picó la curiosidad y tomamos un café. Me gustó y le dije: 'Si consigo tres más como tú, monto la agencia para mujeres", explica en un restaurante japonés de Madrid mientras sostiene entre los palillos una pieza de sushi.

Barbara habla sin tapujos sobre su vida y su trabajo. Barbara es el nombre de la agencia y el que usa para sus relaciones comerciales. "Era el que pensaban ponerme mis padres y el de la protagonista de una novela muy popular en mi país que tenía sometidos a todos los hombres". Llegó a España desde Venezuela con 22 años. Se instaló en Barcelona y se matriculó en Económicas. Un día, un hombre le ofreció dinero por desnudarse delante de él. Y una cosa llevó a la otra. Desde hace ocho años no se acuesta por dinero, pero no reniega del tiempo en que lo hizo. "El otro día me lo ofrecieron, pero le sugerí al hombre que contratara a una de las chicas que trabajan conmigo y que me lo agradecería mucho más", cuenta sonriente.

Su empresa tiene siete chicos que trabajan en distintas ciudades de España. El más joven tiene 22 años, y el mayor, 40. Barbara preselecciona a los aspirantes a través de las fotografías que le mandan. "No quiero cachitas de playa. Me interesan guapos, pero normales y, sobre todo, que tengan buena conversación", explica. Las demandas femeninas en el sexo son distintas de las masculinas, aclara. "Tenemos antes el orgasmo en la cabeza que aquí abajo".

El perfil de sus empleados es el de un hombre de clase media, con estudios y bien educado. Para conocerlos mejor, los lleva a cenar a un restaurante en el que tarden en servir. "Si no pueden esperar un poco la comida, ¿cómo van a ser pacientes con una clienta que necesita su tiempo para estar a gusto con ellos?". La paciencia es clave. "Una mujer necesita estar relajada", por eso, entre otras diferencias, el tiempo mínimo del servicio para mujeres es el doble que el de los hombres.

Álex (nombre ficticio) tiene 32 años y trabaja con Barbara desde que comenzó a funcionar la agencia. Sus clientas tienen entre 35 y 65 años. "Siempre me había interesado este mundo, y un día, junto a un amigo, decidimos buscar algún sitio donde se pudiera hacer con seriedad", explica. Está casado y tiene una hija. Ellas no conocen su doble vida. Nadie, excepto un amigo -que también entró en la agencia-, sabe que alterna su trabajo con la prostitución. "Tengo blindada mi vida personal. Si no, perdería lo que más quiero". Entonces, ¿por qué tanto riesgo? "Por el punto de emoción y el dinero extra, que nunca viene mal para poder hacer cosas especiales y disfrutarlas con los que quiero".

Álex se ha acostado con unas 20 mujeres por dinero, pero ha repetido con muchas de ellas. "Cuando una mujer halla lo que busca, prefiere no cambiar. Los hombres somos distintos, preferimos la variedad". Para contratar los servicios de uno de los chicos, la clienta acude al despacho de la agencia y ve fotografías de los candidatos. Si todavía no lo tiene claro, queda con él y con Barbara para tomar un café. "Las veces que sea y sin compromiso", explica Álex. Una vez contratado, cada caso es distinto. "A veces no llegamos al sexo y todo queda en una agradable velada. Muchas sólo quieren que seas atento, les hagas mimos y les digas lo guapas que están".

1.200 euros por cita

Para lograr esa satisfacción, cada clienta paga unos 1.200 euros por cita. Tras saldar la cuenta del hotel y los gastos de comida y desplazamiento, Álex se queda con unos 600 euros. La proporción es, más o menos, del 70% del beneficio para él y del 30% para la agencia. Contratarle es un lujo sólo al alcance de algunas. Los hoteles en los que se consuma la transacción amorosa son los mejores de cada ciudad, y las medidas de discreción y comodidad, extremas. Pero en Internet y en los periódicos proliferan en las páginas de contactos hombres que ofrecen sus servicios por precios más asequibles o empresas de este tipo con nombres tan exóticos como Zafiro Escorts y Korpus Delirio.

La tendencia también se filtra hasta los burdeles. En Valencia, para el próximo otoño está prevista la inauguración de un prostíbulo sólo para mujeres, el primero de estas características en España. "Será parecido a la película El bar Coyote. Unos 100 hombres bailando y amenizando la noche en una finca", explica José Luis Roberto, secretario general de la Asociación Nacional de Empresarios de Locales de Alterne (ANELA) y abogado del proyecto. "Hoy, la mujer está emancipada, posee un poder adquisitivo notable, en algunos casos mayor que el de los hombres, y tiene las mismas necesidades", explica. Se trata de demostrar que "la prostitución tiene que ver con el sexo, y no, en muchos casos, con la explotación de la mujer, como señalan las críticas feministas", aduce Roberto. El proyecto todavía no ha llegado a su recta final debido a unos problemas con las obras de la finca, dice este portavoz. Pero a sus responsables lo último que les preocupa es la contratación del personal: "Tenemos a muchos candidatos".

La clienta tipo: profesional, sola y libre

CRISTINA (NOMBRE FICTICIO) tiene 42 años y es madre de dos niños. Es la dueña de una tienda de ropa y su marido es empresario. Él viaja mucho. Ella hace un año que se cita con Álex. Se han visto unas 10 veces, pero no siempre se acuestan. "Alguna vez la he acompañado de compras", cuenta él. Ella se cuida mucho: "Tiene un buen cuerpo y desde que nos vemos se arregla más. Es un aliciente verme".

Álex cree que Cristina busca en él el cariño que no obtiene de su marido. "Cuando prepara una comida con esmero, nadie se lo agradece, y cuando se pone guapa no recibe ningún elogio", explica. "Alguna vez, y sólo con esta clienta, he quedado para tomar un café cuando tenía ganas de hablar. Lo pasamos bien juntos, pero no hay que mezclar sentimientos. Una vez, una clienta se enamoró y tuve que cortar la relación".

"Una de las diferencias todavía entre los hombres y las mujeres es que para ellos es una batallita más que contar, y para ellas, un tremendo secreto", dice Barbara para explicar el hermetismo de las clientas.

Neus Arqués es la autora del libro Un hombre de pago (editorial Maikalili), en el que reflexiona sobre la invisibilidad de algunas mujeres maduras y en el que defiende "la opción de contratar a un gigoló si con ello se soluciona un problema". Tras la investigación que realizó, Arqués considera que el prototipo de clienta no es sólo el de "una mujer adinerada que pasea su caniche por las calles de un barrio caro". Y revela: "Yo me encontré con una profesional liberal, de unos cincuenta años, sola y libre".

"Ese tipo de clienta es de aquí te pillo, aquí te mato", explica Álex. "No buscan cariño". Otro modelo es el de la mujer con un marido demasiado mayor para satisfacerla sexualmente. "Un hombre me ha contratado varias veces para acostarme con su mujer. Sabe que no puede contentarla y prefiere saber que está conmigo que ser engañado y que ella se enamore de otro".

La dueña de Charming Barbara, con dos de los chicos que trabajan en su agencia de prostitución para mujeres. / CARMEN SECANELLA

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