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miércoles, 24 de agosto de 2005
Reportaje:CULTURA Y ESPECTÁCULOS

La magia de un fauno agita la posguerra

Guillermo del Toro se sirve de la imaginación para retratar la dictadura de Franco y rueda una fábula de intriga centrada en una niña de 11 años que interpreta Ivana Baquero. Le acompañan Sergi López, Ariadna Gil, Álex Angulo y Maribel Verdú

Existe un rostro de la posguerra para cada uno de quienes la vivieron: un olor, un amor, un odio latente, una angustia entre carcelaria y triste, alguna ilusión de esperanza truncada o todo revuelto y a la vez. Puede que ese cúmulo de sensaciones fuera lo que experimentara una niña despierta y atenta como Ofelia en la mitad de la década de los cuarenta, en 1944, quinto año triunfal, quinto calendario negro de la derrota. Cualquier cosa podía ser válida para evadirse y eso, la evasión, es precisamente el motor de El laberinto del fauno, la segunda película que Guillermo del Toro rueda en España, después de El espinazo del diablo, y séptima en la carrera de este director mexicano, con mundo propio y manía perfeccionista en cada rodaje.

Meterse en la piel de esa alma pérfida le ha tocado a Sergi López, que afronta al villano con sentido del humor

Entre los deseos y la realidad hay una frontera en la que se interpone la violencia malsana y explícita de los personajes reales

Los calores del verano solitario en la provincia de Madrid no atraviesan las paredes de El laberinto del fauno. Por allí pululan entre la frialdad de las sombras los actores y el equipo, a la orden de Guillermo del Toro, que puede repetir un plano, un movimiento de cámara, ocho, nueve, diez veces, hasta que quede como a él le place. "Más que meticuloso, soy latoso", confiesa el director de Cronos y Mimic en un descanso del rodaje, que produce Estudios Picasso y Tequila Gang y que va a durar 14 semanas. Pero rápidamente lo justifica: "En las películas de género como ésta, los actores deben ir muy coordinados, hay que colocar a la niña en la posición y el momento precisos, crear una pequeña coreografía entre el actor y la cámara", afirma Del Toro.

Los que tienen que bailar al son que el director toca son actores españoles experimentados, desde Sergi López y Álex Angulo a Ariadna Gil y Maribel Verdú, y una niña, Ivana Baquero, barcelonesa de 11 años, sobre la que recae todo el peso de la película, que se rueda entre Madrid y Segovia. Ella interpreta a Ofelia, que encuentra en el bosque a un fauno (Doug Jones) que le ayudará a escapar del ambiente opresor en el que vive dentro de la casa que gobierna Vidal (Sergi López), su padrastro -un militar franquista ocupado en eliminar todo vestigio de la resistencia-, adonde ha ido a parar con su madre, Carmen (Ariadna Gil), una mujer incapaz de revelarse ante nada. "El fauno, que es mitad hombre, mitad cabra, me cuenta que en realidad yo soy una princesa", afirma Ivana, que espera en su camerino a rodar un plano largo en el que ella está tumbada en la cama con su madre, convaleciente de un complicado embarazo, y escucha ruidos extraños.

No se asusta de nada. "Claro que sé que el cine es de mentira", dice. Tampoco extraña la naturalidad con la que afronta una película de este género después de contar su currículo ante la cámara y de dejar claro que es políglota: "Hablo español, catalán, inglés y no se podría decir que domino el francés, pero lo entiendo muy bien. Ésta es mi sexta película. Es que las he hecho todas muy pegadas". Entre los títulos hay cosas de género, "Roma santa, de Paco Plaza, con Elsa Pataky, y Rottweiler, de Bryan Yuzna. Ésa es gore", especifica. La que rueda ahora la califica así: "Es muy dura, pero muy bonita". Y de la posguerra, ¿sabes algo? "Guillermo me ha contado un poco: que estaba Franco y que los que habían perdido estaban en contra y que la peli muestra esa lucha. Pero tampoco quiero contar más; prefiero que la veáis", zanja la actriz.

Del Toro está entusiasmado con el trabajo de su protagonista: "Hablar con ella es toda una experiencia. No necesita condescendencias, entiende el guión igual o mejor que muchos adultos". Ivana ayuda a acercarse a las intenciones del director: "Ofelia es una niña introvertida y tiene dos mundos, el real y el fantástico, se empeña en que los que viven a su alrededor sepan que hay un mundo mejor y por eso quiere irse con el fauno", asegura.

El fauno tiene una misión: devolver a la princesa a su reino, algo para lo que ella necesita enfrentarse a las tres pruebas de la Luna llena. Pero entre los deseos y la realidad hay una frontera en la que se interpone la violencia malsana y explícita de los personajes reales, la impotencia de los derrotados o la debilidad de quienes únicamente conservan un sueño: la supervivencia. Es el caso de Carmen, la madre de Ofelia. "Es sumisa, está asustada, se adapta a todo, al propio mal, intenta evitar cada peligro. Nunca había hecho un personaje así, con este carácter", dice Ariadna Gil, maquillada con rostro pálido, en camisón y agarrándose su tripa de embarazada ficticia. "Es impotente, no tiene recursos, está sola, viuda; en aquella época, con dos niños, imagínate, no está preparada para ser una madre coraje", asegura la actriz.

Ninguna de las dos es capaz tampoco de penetrar en el territorio siniestro de Vidal, un fascista cruel y sádico que todo lo llena de azufre. Quizá nadie pueda penetrar en su mundo porque son él y los suyos quienes han invadido y emponzoñado todo con su nacionalcatolicismo de brillantina y tiro en la nuca sin veda que se les interponga. Meterse en la piel de esa alma pérfida le ha tocado a Sergi López, que afronta al villano con sentido del humor: "Nos reímos mucho. Cuanto más malo le hacemos, más divertido nos resulta", afirma el actor. "Vidal es en extremo siniestro, un malo que lo tiene todo, fascista, opaco... No sé si es posible ser peor. Pero es divertido hacer el trabajo. Te permite ser sutil. Su maldad es tan evidente que impresiona la reacción de los demás ante su simple presencia".

Su estancia, el lugar donde trabaja, donde maquina su perversión, es heladora y ha sido diseñada con todos los detalles posibles por Carlos Jiménez y su equipo. Dentro de un molino tiene instalado su despacho, con un catre y una cuna en la que duerme un bebé junto a un gramófono que anima su truculencia a base de pasodobles. Encima de la mesa tiene las fichas de los perseguidos o los que ha mandado para el otro barrio. "Esta película muestra la cara más siniestra del franquismo, que era mucho peor de lo que cuenta la película. Ésta, al fin y al cabo, no deja de ser un cuento", asegura Sergi López. Aun así, con el tiempo transcurrido, el actor piensa que ese mal todavía no ha quedado extirpado del todo: "Lo veo en el lado más oscuro de nuestra sociedad y puede que persista ahí porque en este país pasamos del franquismo a una democracia sin puntos finales".

Aquella época negra de la historia de España es algo que remueve de una manera honda la mente creativa de Guillermo del Toro. Es la segunda película que el director mexicano rueda sobre aquel periodo, después de El espinazo del diablo, que transcurría en un internado al final de la Guerra Civil y que fue producida por Pedro y Agustín Almodóvar. "Es una época que dio lugar a vínculos muy fuertes con México. Tuve muchos amigos que eran hijos de exiliados y me contaban todo tipo de historias. Uno era Emilio García Riera, un historiador del cine mexicano. También conocí a otros como Tomás Pérez Torrent. Es difícil de comprender esa época porque está dominada por el blanco y el negro", dice el director.

Perfeccionismo y fascinación mutua

Conoce diversas formas de trabajar y compara. Ha estado a sueldo de los grandes estudios de Hollywood, donde ha rodado Mimic, Blade II y Hellboy, que ahora cuenta con su secuela,

pero también se ha buscado la vida

para sus sueños imaginarios cuando empezaba en México, donde se dio a conocer con la fascinante Cronos. También ha rodado dos películas en España, la inquietante El espinazo del diablo y ahora El laberinto

del fauno, en la que se encuentra trabajando en su salsa: "Disfruto de la libertad, del espíritu de la gente y de su forma de trabajar, muy brillante. Aquí tienen horarios más recortados que en Hollywood pero rinden mucho más y el resultado da mejores frutos", dice Guillermo del Toro.

Pero si Del Toro está entre asombrado y encantado de la manera de trabajar en España, los actores que están a su cargo se muestran impactados por sus métodos y su espíritu perfeccionista, algo que no predomina en el sector. "Tiene el montaje en la cabeza cuando rueda y sabe que debe adaptar lo que rueda con nosotros a los efectos especiales que introducirá después", asegura Ariadna Gil.

A Sergi López también le cautiva la disciplina de Del Toro: "Es lo bueno de este proyecto, que Guillermo lo ha parido muy bien, lo ha visualizado con todo su universo fantástico y potente, que viene del cómic, algo que se nota cuando ves los storyboards perfectos que ha elaborado para el rodaje".

El perfeccionismo no estorba a los actores españoles, al contrario. Tampoco encuentran impedimentos para que su trabajo les resulte creativo, ni les coarta su capacidad de improvisación. "¿Improvisar? No se puede actuar sin improvisar. Cada vez que dices algo lo estás haciendo", asegura el actor catalán. "Es verdad que no estoy acostumbrado a tanta exigencia técnica, pero intento divertirme con el juego, inventar y creer que puede suceder algo", añade.

Sergi López, durante el rodaje de El laberinto del fauno, de Guillermo del Toro.

Guillermo del Toro, durante una de las jornadas de trabajo con Sergi López, actores y miembros del equipo de El laberinto del fauno.

Maribel Verdú.

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