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miércoles, 30 de junio de 2004
COLUMNA

ERPV

En algunos círculos del catalanismo cultural impolítico valenciano se especula desde la eterna ilusión de tomar el rábano por las hojas y creer -aun después de las evidencias que ha arrojado la historia democrática entre nosotros- que el camino de los valencianos está diseñado por el modelo catalán y que todo era cuestión de esperar.

Esa corriente, cuya salida del armario a la política de la competición electoral es reciente (prácticamente en las elecciones de 2003), hace cábalas sobre lo que considera una progresión espectacular de los resultados de ERPV (la variante regional de ERC aquí) y cree ver en ellos un presagio de lo que ocurrirá en 2007 (es decir, la victoria del tri-partit, con el PSPV-PSOE, EU y ellos, claro, y no el BNV). Para 5 concejales de un total de 5.473; 8.000 votos en las últimas autonómicas; 13.000 votos en las generales de 2004, y, finalmente, algo menos de 16.000 en las europeas mucha euforia es; pero conociendo el tipo de entusiasmo autista que late en ese ámbito ideológico, las expectativas en las que se mueven incluso les deben parecer prudentes.

Con ocasión de la creación en el País Valenciano de ERPV, escribí en estas mismas páginas algunas reflexiones que brindé a Carod para que sirviese de modo inconsciente a la reacción xenófoba y bestia contra todo lo catalán de aquí que tanto daño ha hecho al proceso de maduración política de los valencianos en democracia y a la propia calidad del debate político. Jamás le aconsejaría a nadie que abdique de sus convicciones o que se guarde su programa en aras de mis gustos; no, no se trata de eso, sino de entender cabalmente que ciertos errores suelen ser cobrados varias veces por los oportunistas y los canallas. Y eso es lo que ocurrió aquí, que gracias al error que cometimos los catalanistas de todas las especies (yo sólo lo soy, y lo fui en el tema de la lengua común, y aún así aposté desde el principio por el entendimiento entre los usuarios leales del valenciano para superar la división y neutralizar la fácil coartada que otros utilizaron contra nuestra lengua propia) cualquier brisa que proceda de Cataluña se convierte en polvareda a manos de los que nunca tuvieron más proyecto que ofrendar glorias a España a cambio de nada, o de casi nada.

Por eso no acabo de entender esta euforia del catalanismo impolítico, pues ni esos resultados le auguran un futuro despejado, ni lo que, finalmente y legítimamente defienden, les puede llevar a crecer en un país donde preguntados recientemente sus ciudadanos sobre su identidad sólo un 0,7% se identificaba con los Països Catalans.

Ahora bien, si lo que les anima de verdad son los resultados a la baja del BNV en las dos últimas citas electorales (G04 y E04), pues, de algo más de 113.000 votos en las A03 han pasado a 40.645 en la G04 y a 19.536 en las E04, que analicen hacia dónde se fuga ese voto dual (en un tipo de elección les votan, en otro no) y se darán cuenta que no hay apenas ninguna posibilidad de quitarle votos al BNV para erigirse en pal de paller del nacionalismo valenciano. Otra cosa es que el BNV, habiendo estado tan cerca del éxito a cuenta de la dilatada crisis del PSPV-PSOE, haya dejado pasar una década sin dar el sorpasso y esté extendida la impresión de que sin una auténtica catarsis ese partido puede enfrentarse en el 2007 a su última oportunidad para entrar en las Cortes. Pero incluso así, dudo que la catarsis pase por volver al catalanismo impolítico, a un izquierdismo que ya no le va bien ni a EU, o a caer en brazos de ERC.

Vicent.franch@eresmas.net

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