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lunes, 7 de junio de 2004

Sol y prótesis de cadera

El 30% de los pacientes del Hospital de Marbella son extranjeros, pero la sanidad pública no recupera el dinero de las terapias

Gary Greenfell se siente como en casa. Con una cadera de titanio, pero como en casa. Greenfell, británico de 27 años, está ingresado en el Hospital Costa del Sol de Marbella, donde ha sido operado de una fractura de cadera. El hospital es un ejemplo del cambio que la inmigración supone en la sanidad: un 30% de sus pacientes son extranjeros, el centro dispone de un equipo de intérpretes voluntarios y tiene libros en 11 idiomas. El 70% de las prótesis de cadera puestas en 2004 han ido a extranjeros.

Muchos europeos acuden a Marbella a tratarse. Sólo hay un problema. El hospital, que es público, no recupera el dinero porque muchos no están empadronados en España. En teoría, la sanidad pública podría pedir el dinero de sus tratamientos a los países de origen. En la práctica, no ocurre.

"Algunos turistas vienen para operarse de cataratas", afirma una asistente social

"Hay extranjeros que tienen tarjeta sanitaria española aunque no estén empadronados. Como no podemos saber cuáles están empadronados no podemos pedir el dinero", asegura el hasta hace poco gerente del Hospital, Antonio Pérez Rielo. El precio de la prótesis de cadera, sin la hospitalización, varía entre los 1.200 y los 2.500 euros.

La ministra de Sanidad, Elena Salgado, afirmó el 2 de junio que España sólo recuperó el año pasado 18 millones de euros por la atención sanitaria a turistas y viajeros de la UE. Salgado, ante sus homólogos de los Veinticinco, calificó está cantidad de "insuficiente". Salgado ya pidió hace dos semanas a sus colegas de la UE más agilidad en el pago de los servicios que los turistas reciben. El problema irá a más y la UE busca una solución.

Greenfell, al margen de la pelea, asegura que cuando tuvo que operarse ni se planteó volver al Reino Unido. "Allí la lista de espera es de tres años y aquí, de seis meses", tercia Barbara Lancashire Young, la intérprete. Barbara es una jubilada británica que llegó a Marbella hace 30 años. En 2002, fue operada en el hospital de un problema en la espalda. "Hace 15 años me hubiera ido a Inglaterra a operarme", asegura en un castellano aceptable. Lancashire pertenece al grupo de 12 intérpretes voluntarios, jubilados residentes, que acompañan a los extranjeros en el centro y les ayudan a arreglar papeles.

El jefe de Traumatología y médico de Greenfell y Lancashire, Enrique Guerado, afirma que los pacientes valoran el trato amable, la gratuidad y que los médicos no miran el gasto. "Ponemos la mejor prótesis en cada caso, sin mirar el gasto. Aquí hay muchas críticas contra el Sistema Nacional de Salud, pero yo he trabajado en el Reino Unido y nuestro sistema es de los mejores", afirma.

El hospital, construido hace 10 años, cubre la Costa del Sol, con una población censada de 290.000 personas. El hospital ha calculado que atiende a 400.000 personas en invierno y 700.000 en verano.

El gerente del centro acepta los problemas para financiar todos los tratamientos, pero niega la existencia de turismo sanitario. "Un 30% de nuestros enfermos son extranjeros, pero la mayoría residen aquí al menos unos meses al año. No es que vengan a operarse. Sólo el 4% de las hospitalizaciones son a turistas". Otras fuentes del centro discrepan. Una de ella es Ana Rubio, trabajadora social: "Hay casos de gente que viene un mes a Marbella y aprovecha para operarse aquí de cataratas".

El dinero que el hospital gasta en turistas sí es fácilmente recuperable. Los turistas en España consumieron el 27% de los 64,7 millones de euros con que se dotó el año pasado el fondo de cohesión del sistema sanitario. El fondo se creó para compensar a aquellas comunidades que, por ser destinos turísticos o por tener servicios sanitarios más especializados reciben enfermos de otras comunidades.

En 2002 se dotó con 55 millones de euros. En 2003 el presupuesto fue de 50 millones de euros, pero con la atención a extranjeros, entre otras causas, se quedó corto, y hubo que ampliarlo a casi 65 millones. España quiere que la UE implante una tarjeta sanitaria europea que garantice el seguimiento sanitario de los viajeros y crear un sistema de compensación eficaz entre países similar al de las autonomías en España.

Rubio asegura que el principal problema del 30% de pacientes extranjeros no es el gasto, sino la salida: "Muchos de ellos no tienen familia aquí. Así que sólo se les puede dar el alta cuando están curados del todo. Lo normal sería mandarlos a casa antes, pero a veces necesitan ayuda en su casa". Guerado confirma que muchos enfermos no quieren salir del hospital y que ha habido situaciones muy duras. "El problema", señala Rubio, "es que España tiene un sistema sanitario muy avanzado, pero no un sistema de apoyo social comparable al europeo para una vez que salen del hospital". Greenfell no lo necesita. Ha celebrado su cumpleaños en el hospital junto a su esposa.

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