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lunes, 24 de mayo de 2004
Reportaje:

La sombra de Thatcher planea sobre Europa

Los obstáculos de Tony Blair al acuerdo sobre la Constitución indignan a los europeístas británicos

WALTER OPPENHEIMER Londres 24 MAY 2004

El desbloqueo de las negociaciones sobre la Constitución europea tras el cambio de Gobierno en España ha puesto al descubierto una rancia tradición: a la hora de la verdad, Gran Bretaña es siempre reticente a subirse al tren europeo en las grandes ocasiones, lo mismo tories que laboristas. Mientras París y Berlín lamentan las "tácticas de salami" de Londres en la negociación constitucional, la prensa europeísta del Reino Unido denuncia que Tony Blair está emulando a Margaret Thatcher. Una acusación que saca de sus casillas al casi siempre moderado ministro británico para Europa, Denis Macshane: "Eso es un cliché facilón, pura basura".

"Siete años después de que prometiera poner a Gran Bretaña en el corazón de Europa, Blair se descubre a sí mismo detrás de las barricadas, luchando por la soberanía nacional", denunciaba esta semana George Parker, delegado en Bruselas del influyente y proeuropeo Financial Times. Las negociaciones sobre el tratado constitucional europeo rememoran a su juicio las exigencias de Margaret Thatcher en defensa del cheque británico en Fontainebleau (1984) o los bloqueos de John Major en Maastricht (1991) para excluir a Londres del euro y de la política social.

"Después de siete años, Blair se descubre a sí mismo luchando por la soberanía nacional"

El problema, como denuncian otros dos grandes medios proeuropeos, The Guardian y The Independent, es que esa posición nacionalista no hace más que reafirmar al electorado euroescéptico y alejar de las urnas del referéndum a los partidarios de Europa. "Exagerar los peligros no hace más que dificultar, no facilitar, la tarea de ganar el debate sobre Europa", se queja The

Guardian. Y acusa directamente al ministro de Exteriores, Jack Straw: "Cuando está en Bruselas se atrinchera en una lista de líneas

rojas, haciendo una montaña de un grano de arena, y cuando vuelve a casa hace un discurso sobre la necesidad de preservar el modelo thatcherista de relaciones laborales, haciendo el juego a los euroescépticos y desesperando a los sindicatos". "Al insistir en que la Constitución no debería cruzar las líneas rojas británicas en fiscalidad, ayudas sociales, política exterior y de seguridad, sistema judicial y cheque

británico, nuestro Gobierno se está reservando el derecho de que los votantes la rechacen", se queja The Independent.

El ministro Macshane se indigna por las comparaciones con Thatcher: "Francamente, me parece un cliché facilón, pura basura. Gran Bretaña tomó el liderazgo en la convención apoyando todo tipo de propuestas. No hemos pedido una excepción cultural, no hemos pedido protección por la prohibición de huelgas como han hecho uno o dos países por la Carta de Derechos Fundamentales. Blair ha puesto a Gran Bretaña en el corazón de la política europea. Estamos absolutamente comprometidos a hacer que la UE funcione y trabajamos duramente para aportar nuevas ideas al texto constitucional". Y subraya que Londres no es un obstáculo en dos asuntos clave que siguen en el aire: el tamaño del Colegio de Comisarios y el reparto de votos en el Consejo de Ministros. "Es muy fácil señalar con el dedo a Gran Bretaña, es un acto reflejo. Yo podría señalar otros países, pero prefiero no hacerlo porque quiero ser un colega constructivo como ministro para Europa". "No hay mejor manera de convertir a la UE en algo absolutamente impopular que anunciar que los impuestos de 450 millones de personas van a ser decididos por tecnócratas en Bruselas y no por su Gobierno elegido", responde con cierto alarmismo al explicar la oposición de su Gobierno a la posibilidad de que el fraude fiscal en materias comunitarias pueda ser combatido desde Bruselas por mayoría cualificada.

Es una propuesta modesta, pero abriría por primera vez la vía comunitaria en un tema sagrado, la fiscalidad. "Tampoco lo aceptan Irlanda, ni Estonia, ni Eslovenia, ni Suecia. Lo siento, pero hay muchos países que no quieren transferir ese poder", apostilla el ministro.

Tony Blair y Margaret Thatcher, tras asistir a un funeral en 1999. / AP

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