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jueves, 25 de marzo de 2004
Crónica:CRÓNICA DEL 11-M/4 | MATANZA EN MADRID

El día de las cosas sin dueño

La investigación policial comienza a poner en entredicho la autoría de ETA. Los indicios ya apuntan hacia el terrorismo islámico. Pero el Ministerio de Exteriores se moviliza por orden de Ana Palacio: la ministra quiere una condena internacional, rápida y contundente, contra ETA. Se inician las labores de identificación de las víctimas y el desfile trágico de familiares por los pabellones de Ifema. A las 19.40, un teléfono suena dentro de una bolsa cargada de dinamita. Es una prueba decisiva.

Todos han salido al patio. Algunos llevan bolsas negras de basura anudadas a sus brazos. A la hora del almuerzo, uno de ellos ha colocado junto al cajón del pan una hoja arrancada de una libreta donde pone:

- A las cinco de la tarde, en el patio del módulo, cinco minutos de silencio por las víctimas.

Y ahora están aquí, en el patio de la prisión madrileña de Valdemoro, algunos de ellos con el susto todavía rondándole el cuerpo. Algunos son de El Pozo, de Villaverde, y han intentado ponerse en contacto con sus familiares. Hombres como Paco o Antonio, ya maduros, detenidos y encarcelados por robo o tráfico de hachís, que hoy se han ofrecido para donar sangre. Por la mañana, a la hora del desayuno, hubo tensión, discusiones con los presos de ETA, unos 30, que cumplen condena.

- Hijos de puta, salid al patio si tenéis cojones...

La dirección de la prisión, para evitar males mayores, ordena que los presos etarras se queden encerrados en sus celdas.

Cuatro de la tarde en Madrid. Diez de la mañana en Nueva York. El Consejo de Seguridad de la ONU comienza un debate rutinario sobre África. Está ausente el embajador español, Inocencio Arias, que aún no ha regresado de un viaje a Viena. Le sustituye la número dos de la misión española, Ana Menéndez.

En la comisaría de Vallecas hay muchos efectos personales de los heridos. Entre ellos, una bolsa de deportes con una bomba dentro. Nadie sabe que está programada para estallar a las 19.40.

En Nueva York, Ana Menéndez, la representante española en la ONU, toma la palabra para solicitar la aprobación de una resolución urgente de condena a ETA por los atentados de Madrid. La reunión se celebra a puerta cerrada. Asisten los expertos de las distintas delegaciones. El representante alemán propone matizar la nota de condena y no señalar directamente a ETA o establecer el término "supuestamente". Otro experto muestra su extrañeza de que, apenas diez horas después de estallar las bombas, los autores ya estén identificados. El embajador argelino, Abadala Baali, advierte:

- Si dentro de dos días las pistas apuntan hacia otra dirección, será muy embarazoso.

En el pabellón de Ifema, las familias que esperan información sobre sus parientes intentan tomar algo. Les han traído bocadillos y dulces. Nadie habla. Ninguna familia quiere compartir su pena con otra. Si acaso, con el psicólogo. Nadie se refiere a ETA ni a Al Qaeda.

Sin embargo, en Nueva York ya existe desde las 12.15 (18.15 en España) una condena oficial "en los términos más absolutos de los atentados perpetrados en Madrid por el grupo terrorista ETA". [El día 15, Inocencio Arias se verá obligado a enviar una carta al presidente del Consejo de Seguridad, el francés Jean-Marc de la Sablière, pidiendo disculpas. España, alega el embajador, "obró de buena fe"].

José Óscar G. está preso en el módulo 2 de la prisión de Valdemoro. Desde esta mañana no le llega la camisa al cuerpo. Se ha enterado de que su madre estaba en la estación de Atocha cuando las explosiones. Ha conseguido hablar con su padre, que le ha dicho que está bien, que no se preocupe, que ha sido más el susto que otra cosa. Otros presos, también preocupados, aguardan en fila india para utilizar el teléfono. A José Óscar, que no llega a los 30 años, esa explicación le suena a mentira piadosa. Por fin comprueba que es verdad, que su madre sólo está asustada, que se ha metido en su casa y no quiere salir. El preso, aliviado, le explica su angustia a César, el educador de la prisión:

- Me he puesto más nervioso de lo que debía. Mi madre sólo tiene la impresión traumática esa...

A las 17.28 sale un mensaje desde el Ministerio de Asuntos Exteriores a todas las embajadas. Tiene carácter reservado. Asunto: "Atentado de ETA en Madrid". El texto garantiza que el atentado es de ETA por varias razones: mismo explosivo y mismo patrón de comportamiento, "así como otras informaciones que aún no se han hecho públicas por razones obvias". Y alude a una fuerza política que intenta confundir sobre la autoría. Se refiere a Batasuna. El mensaje, dirigido a los embajadores, concluye con una petición expresada de forma telegráfica:

- Deberá de aprovechar aquellas ocasiones que se le presenten para confirmar autoría de ETA de estos brutales atentados, ayudando así a disipar cualquier tipo de duda que ciertas partes interesadas puedan querer hacer surgir entorno a quién está detrás de estos atentados. Y si lo considera oportuno, puede acudir a los medios para exponer estos hechos.

En el pabellón 6 del Ifema está Carmen Baladía, la directora del Instituto Anatómico Forense. Hace 21 años que ejerce su profesión: son más de 3.000 autopsias de experiencia. Pero nada le ha impresionado tanto como lo que está ante sus ojos. Por la cantidad de cadáveres, por el sin motivo de la matanza, por el estado en que llegan los cuerpos... Carmen coge en sus brazos un feto de siete meses que extrae del cuerpo de una mujer.

La policía científica trabaja cuidadosamente sobre la furgoneta Renault Kangoo encontrada en Alcalá de Henares. Resulta evidente que sus ocupantes no han extremado las precauciones. Un cartucho de dinamita, siete detonadores, guantes, gorros de lana, alguna prenda descuidada y una cinta de casete en árabe con una grabación de versículos del Corán, una de tantas cintas que se pueden adquirir fácilmente en cualquier mercadillo. Y otra buena noticia: hay huellas dactilares. Ninguno de esos indicios conduce a ETA.

En el complejo de Canillas, a no demasiada distancia, espera el primer testigo. Tiene que echarle un vistazo a tres fotos. Son extranjeros. Se cubre parte de la cara para adaptar esas imágenes a lo que él ha visto. No los reconoce.

A eso de las seis de la tarde, Pablo Torres llega al hospital Ernest Lluch, de Móstoles. Ha sido un día muy duro para él. Se encontró con la tragedia de bruces, sacó su cámara digital y se puso a hacer fotografías de los heridos entre las vías del tren. Ahora está aquí. Ha venido para ver a su sobrina Ainoa, que ha nacido hoy mismo, a las once de la mañana, a esa hora en la que muchos heridos se debatían entre la vida y la muerte. Pablo Torres, cuyas fotos tremendas ilustran la portada de la edición especial de EL PAÍS, vuelve a sacar su cámara digital y piensa:

- Esta misma cámara que ha grabado horror y muerte esta mañana, ahora capta alegría y vida...

Los indicios que obran en poder de la policía llegan hasta la sede del PSOE en Ferraz, así como el descubrimiento de la furgoneta y la cinta en árabe. A pesar de todo, Interior sigue insistiendo en que el explosivo es el habitual en ETA.

Hay nerviosismo en la calle y nerviosismo en el Gobierno. En el Ministerio del Interior se han habilitado unos despachos para que los expertos en terrorismo de los distintos servicios -Cuerpo Nacional de Policía, Guardia Civil y CNI- se coordinen lo más posible. No es el día hoy para que los habituales celos profesionales se manifiesten. Es lógico que la policía lleve el hilo de la investigación porque el atentado ha tenido lugar en su demarcación. Lo que no parece tan lógico es que un coronel y un general de la Guardia Civil, expertos en terrorismo, tengan que esperar durante horas antes de que les dejen participar en la investigación.

Acebes se reúne a las 18.30 con los responsables de Seguridad. Tienen ante la mesa los resultados de la inspección en la furgoneta. Y la línea de investigación que lleva horas abierta. Sabe también que la aparición de la furgoneta se ha filtrado. Convoca una conferencia de prensa para las 20.15.

A a las siete de la tarde quedan muchas pertenencias personales desperdigadas por las distintas comisarías de la ciudad. En la de Vallecas, sigue la bolsa de deportes con una bomba dentro. No llama la atención entre la cantidad de objetos sin dueño:

Una fiambrera con el almuerzo.

Un termo.

Un bonobús.

El documento que el Ministerio del Interior envió a una de las víctimas para que se presentara dentro de tres días como vocal de una mesa electoral.

Unos walkman.

Una mochila de la marca Nike...

En el Palacio de la Moncloa, Aznar reabre el capítulo de llamadas institucionales. Habla con Rodríguez Zapatero. Le informa del hallazgo de la furgoneta y de la cinta del Corán. Le dice que eso obliga a abrir una segunda línea de investigación. La conversación vuelve a ser muy breve:

- Seguimos pensando que es ETA.

Los cuerpos de las víctimas van llegando al pabellón seis. Llega el del cabo primero José Gallardo Olmo, de 33 años, atleta y culturista que en 2001 recibió la Cruz al Mérito Militar por salvar la vida de un niño; llega también el cuerpo de Daniel Paz Manjón, de 20 años, el primero de su barrio en colocar un cartel contra la guerra; aparece también el cadáver de María José Pedraza Pino, auxiliar en la Consejería de Sanidad de la comunidad autónoma, de 41 años, que había pasado la noche anterior estudiando el temario de una oposición. Todos ellos, José, Daniel, María José y tantos otros, van pasando por alguna de las siete mesas donde se practican las autopsias. Alrededor de ellos, tres médicos forenses, un fotógrafo del Instituto Anatómico, dos miembros de la Policía Científica y un fotógrafo de la policía.

Las 20.15. La tarde avanza. Acebes comunica a la opinión pública el hallazgo de la furgoneta. Afirma que ha dado orden de no descartar "ninguna hipótesis" sobre la autoría de los atentados, pero remacha.

- La línea esencial sigue siendo ETA.

Aznar hace una segunda llamada a los directores de los periódicos y corrobora las palabras de Acebes.

- La prioridad sigue siendo ETA.

A las 20.30, el Rey ofrece un discurso de 15 minutos. No menciona a ETA.

En esas horas, Miguel Sebastián, asesor de Zapatero en materia económica, vuelve a recibir una llamada de su comunicante de Washington. Ambos comentan cómo la jornada bursátil en Wall Street está siendo excesivamente volátil. Demasiada incertidumbre para un atentado de ETA.

La hipótesis ETA está a punto de esfumarse completamente. A las 19.40 suena un teléfono móvil en el interior de una bolsa de deportes depositada en la comisaría de Vallecas, la presunta pertenencia de una víctima del atentado. La bolsa ha viajado de mano en mano desde un vagón de cercanías de la estación de El Pozo durante varias horas. Parece una más de tantas llamadas que piden angustiosamente una respuesta. Cuando un policía abre la bolsa, descubre entre un plástico azul unos hilos que cuelgan de un móvil. Se queda paralizado.

José Blanco, secretario de Organización del PSOE, habla en un par de ocasiones con Gabriel Elorriaga, responsable de la campaña electoral del PP. La segunda es muy breve. Blanco no puede reprimirse y le suelta una frase:

- Esto apesta a Al Qaeda.

La comunicación se corta. Elorriaga se queda sin batería.

La agencia Reuters informa a las 21.30 de que se ha recibido una carta en el diario londinense Al-Quds Al-Arabi, editado en árabe. Un grupo ligado a Al Qaeda reivindica el atentado. La noticia tiene repercusión internacional aunque su valor sea dudoso.

Madrid es una ciudad entristecida desde la tarde. La noche cae en silencio. Los restaurantes están vacíos, los centros comerciales carecen de actividad, las calles no tienen pulso. Hay un dolor que recorre toda la capital, una necesidad de guardarse y olvidar.

Cae la madrugada y un hombre se está jugando la vida. Lo hace por segunda vez en sólo unas horas. Al mediodía del jueves, este artificiero de los TEDAX ya explosionó una de las mochilas cargadas de dinamita que los terroristas no consiguieron hacer estallar en la estación de El Pozo. Ahora el reto es mayor. Se trata de desactivar la bolsa de deportes por fin encontrada en la comisaría de Vallecas. Si lo consigue, la policía obtendrá pruebas de los asesinos: quizá huellas, un teléfono móvil, el tipo de bomba... Se la lleva a un descampado. Y la desactiva.

A las cinco de la madrugada, todos los componentes del artefacto están depositados encima de una mesa. Los expertos escudriñan cada pieza. Hay un detalle que les lleva a un lugar ya conocido. Algo en el teléfono les transporta al 24 de enero de 2003, cuando esos mismos policías detuvieron a 16 argelinos y marroquíes en Barcelona y Girona por su presunta relación con Al Qaeda y una red de salafistas escindida del Grupo Islámico Armado (GIA). De aquella operación les queda un amargo recuerdo y un enfrentamiento con el juez Guillermo Ruiz Polanco, que todavía dura hasta hoy. Consideró que las pruebas eran insuficientes. Atrás quedaron sin efecto varios meses de investigación.

Veinte horas después de la matanza, algunos teléfonos móviles siguen sonando. El concejal de Seguridad Pedro Calvo charla con el ministro de Justicia, José María Michavila. En ese momento oyen las notas del himno del Real Madrid que salen de una mochila. Alguien sigue buscando a alguien.

MAÑANA Rajoy: "¿Qué está pasando?" Relato del 11-M desde las 7.00 del viernes a las 24.00.

Miles de madrileños acudieron a donar sangre para los heridos del atentado. / GORKA LEJARCEGI

La furgoneta que contenía detonadores y restos de explosivo, precintada por la policía. / EFE

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