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sábado, 24 de enero de 2004
Reportaje:FIN DE SEMANA

Reciclaje urbano en Brick Lane

El East End londinense atrae a los que huyen de la carestía del centro

Una zona siempre animada, con sus mezquitas, sus tiendas de frutas raras y la mezcla explosiva de 'moderneo', estudiantes de diseño y matronas bengalíes. Londres en estado puro.

Gentrification. Ésa es la palabra clave en muchos barrios céntricos y degradados de grandes ciudades en todo el mundo. Se podría traducir por aburguesamiento (pijización suena feo). Primero suele llegar la bohemia chic: artistas, diseñadores y jóvenes con inquietudes variopintas. Con ellos vienen los bares, las galerías de arte y las tiendas a la moda. Y después, los promotores inmobiliarios compran y restauran con más o menos gusto, subdividen hasta el infinito los espacios habitables y los venden a precio de oro a jóvenes profesionales liberales y acaudalados. En ese momento, el ciclo se cierra y vuelve a empezar en alguna otra zona de la ciudad hasta ese momento ignorada.

Un ejemplo de manual que entra ahora en su última fase podría ser, precisamente, la zona del East End londinense alrededor de la calle que le sirve de columna vertebral: Brick Lane. El área había sido rescatada del abandono posindustrial gracias a la comunidad musulmana procedente de Bangladesh, y todavía muchos escaparates lucen maniquíes deliciosamente anticuados vestidos con sarís espléndidos para las grandes ocasiones. Si se quiere comer verdadera comida tradicional bengalí a precios razonables, los restaurantitos sin pretensiones de la zona son excelentes. Y conviene fijarse en los carteles que empapelan muchos muros: son obras maestras de la mejor estética Bollywood, y anuncian maratones y conciertos de música pop de Bangladesh que son toda una experiencia. Este ambiente queda recogido en la exitosa primera novela de Monica Ali, una joven escritora londinense de raíces bengalíes. Se titula precisamente Brick Lane, y ofrece lo mismo que la calle que le da nombre: multiculturalidad amable, protagonistas jóvenes y guapos y resabios del Swinging London hábilmente reciclados para todos los públicos.

En busca de estudios baratos

El caso es que todo cambió cuando, a mediados de los noventa, los precios absurdamente astronómicos de la vivienda en Londres empujaron a muchos artistas a buscar pisos y estudios baratos hacia el este. Toda la generación de artistas que luego saltó a la fama, como los YBA (Young British Artists), se mudaron a la zona: Damien Hirst (sí, el de los corderos en formol), Tracey Emin (sí, la de la cama deshecha), Gary Hume, los hermanos Chapman y hasta los veteranos Gilbert & George viven o vivieron en torno a Brick Lane y Hoxton Square. Y cuando corrió la voz de que Emin o Anish Kapoor se tomaban sus manitas de cerdo en el St. John, un pub de barrio de toda la vida, o de que con frecuencia el mecenas Saatchi se daba una vuelta por las galerías de la zona, la gentrification artística se aceleró. El resto es historia. Los YBA ya no son tan jóvenes, y con la velocidad de cambio típica de Londres se ven relevados por una nueva generación que busca su biótopo aún más al este, en Hackney, un barrio cuya sola mención arruga las naricillas de las señoras elegantes de Kensington y Hampstead. Por ahora.

Aparte de la multitud de galerías y centros de arte de todos los pelajes que han prosperado en la zona como hongos al calorcillo de los famosos, hay dos nombres indiscutibles desde antiguo y que pueden servir como salida y meta de un paseo por la zona: la Whitechapel Gallery y la White Cube Gallery, en Hoxton Square. La primera, casi en la esquina de Brick Lane y Whitechapel High Street (metro Aldagate East), lleva más de cien años siendo una de las galerías públicas más influyentes. En ella expusieron por primera vez en el país David Hockney, Pollock o Anthony Caro. Detrás de su inquietante fachada se puede encontrar siempre arte contemporáneo sólido y de calidad. No hace mucho, Cristina Iglesias mostró allí su obra reciente (en Inglaterra es tal vez la artista española más celebrada junto al que fue su marido, Juan Muñoz). Las exposiciones se complementan con una sala de lectura y una cafetería muy high-tech pero algo tristona. Por eso es mejor irse a tomar algo a los bares y terrazas de Brick Lane. El Vibe Bar -café de día, club de noche- es ya toda una institución, con sus inmensos murales grafiteros y un aire grunge de salón algo ingenuo. Al lado está la Old Truman Brewery, una destilería rehabilitada que es un verdadero ejemplo de modernización de edificios industriales obsoletos, con dos tiendas que merecen la parada: Eat My Handbag, Bitch

(literalmente: "Cómete mi bolso, zorra") es el sueño hecho realidad de los amantes del diseño de muebles y bibelots retro, con un aire poshippy muy agradable (ojo: el hippismo se acaba en los precios, y la broma puede salir carita) y piezas excelentes diseñadas por Arne Jacobsen, Mies van der Rohe o el mismísimo Ringo Starr. Justo al lado, The Scooter Emporium debe de ser el paraíso al que van las vespas del mundo entero al morir: maravillosas motos sesenteras de todos los colores y tamaños. Al llegar al final de Brick Lane conviene dirigirse hacia Hoxton Square, el otro polo de animación de la zona. Por el camino está Cargo, bajo las arcadas de un antiguo viaducto de tren abandonado: un bonito local que sirve a la vez de café, club y sala de conciertos; Natacha Atlas está entre las asiduas. Los fines de semana se llena, pero es ideal para una copa y bailoteo entre semana. Su restaurante ofrece barbacoas en el patio en verano -weather permitting, aclara el dueño- y un menú basado en lo que llaman street food (comida de calle): hace temer lo peor, pero acaba siendo una mezcla resultona de platos sencillos de la cocina española, portuguesa, suramericana y libanesa.

Justo al lado está una dirección imprescindible para todos los que se ven abrumados por el exceso de exposiciones que destila la ciudad: Artwordsbookshopqrstuvwxyz, una librería especializada en arte contemporáneo con un excelente fondo siempre renovado. Un chollo para estudiantes, investigadores y aficionados del mundo entero.

Almacenes recuperados

Y si ya va cansando tanta modernez, lo mejor es parar un rato en el Bricklayers Arms (justo en la esquina con Charlotte Road), un pub de andar por casa muy frecuentado por los artistas de la zona. No hay que dejarse engañar por su pinta destartalada, que lo cutre no quita lo cool. Así se cogen fuerzas para la guinda del pastel artístico de la zona: Hoxton Square, una pequeña plaza ajardinada que se ha convertido, como Brick Lane, en una zona de moda que se encarece por días. Los almacenes abandonados en torno a la plaza fueron recuperados por artistas jóvenes en busca de estudio, y la consagración definitiva llegó con la apertura en 2000 de una sucursal de la famosa galería de arte White Cube -se mudó, en una decisión muy significativa, desde su local de Duke Street, la calle clásica del comercio de arte en el respetable West End-. Desde 1993 ha sido una referencia decisiva a la hora de bosquejar listas de nombres consagrados del arte actual. Entre los artistas que representa están Nan Goldin, Lucian Freud, Sophie Calle y Jeff Wall, amén de los jóvenes ingleses más jaleados: hace un par de meses, Damien Hirst expuso en ella por primera vez en años... y el acontecimiento ha pasado, todo hay que decirlo, con más pena que gloria.

Pero el mejor catálogo de piezas de todo el barrio, sin embargo, lo tiene seguramente SH! Women's Erotic Emporium (justo a la vuelta de la esquina), una elegante tienda especializada en artilugios eróticos sólo para mujeres. El sicalíptico muestrario de dildos, tacones asesinos y plumas de avestruz cosquilleantes es el mejor final de paseo que se pueda pedir. Así da gusto.

GUÍA PRÁCTICA

Cómo ir

- Iberia (902 400 500) propone en www.iberia.com ofertas a Londres, ida y vuelta desde Barcelona, a partir de 67 euros, y desde Madrid, a partir de 122 euros, ambos más tasas.

- British Airways (902 111 333) ofrece la misma tarifa, ida y vuelta, 67 euros desde Barcelona y 121 desde Madrid; ambos, más tasas.

Bares

- El Vibe Bar (0044 20 73 77 28 99). The Old Truman Brewery. Brick Lane, 91-95.

- Cargo (0044 20 77 39 34 40). Rivington Street, 83.

- Bricklayers Arms (0044 20 77 39 52 45). Charlotte Road, 63.

Tiendas y galerías

- Eat My Handbag, Bitch (0044 20 73 75 31 00). Old Truman Brewery; Dray Walk, 6, y Brick Lane, 91-95.

- The Scooter Emporium (0044 20 73 75 22 77). The Old Truman Brewery. Dray Walk, 10.

- Artwordsbookshopqrstuvwxyz (0044 20 77 29 20 00). Rivington Street, 65.

- White Cube (0044 20 79 30 53 73). Hoxtyon Square, 48.

- SH! Women's Erotic Emporium (0044 2076 13 54 58). Coronet Street

, 39.

Grafiti en Rivington Street, frente al bar Cargo, en el área londinense de Brick Lane. / KHALID AL QASSIMI

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