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sábado, 22 de noviembre de 2003

Josep Pons lamenta que la orquesta del Lliure no tenga "un funeral de lujo"

El titular de la ONE dirige este fin de semana a la Simfònica de Barcelona en el Auditori

JAVIER PÉREZ SENZ Barcelona 22 NOV 2003
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Josep Pons ensayaba con intensidad, ayer en el Auditori, las dos piezas que figuran en el programa de este fin de semana al frente de la OBC: Peça per a orquestra, del compositor barcelonés Ramon Porter, escrita en 1988, y la Sinfonía número 4, romántica, de Anton Bruckner. Pons recuerda con orgullo "los 18 años de actividad sublime, entusiasmo y alegría" de los músicos del Lliure. "Respeto la decisión del nuevo director del Teatre Lliure, Àlex Rigola, que ha supuesto la muerte de la orquesta, pero debería haber explicado con claridad las razones de esa decisión", lamenta.

Pons, que fue fundador y director de la orquesta del Lliure durante 12 años y luego fue relevado en el cargo por Lluís Vidal, asegura que puede entender la desaparición de la orquesta "por falta de medios económicos o por no encajar en los objetivos artísticos de la nueva dirección del teatro". Pero lo que no puede entender son las formas con las que se ha tomado esa decisión. "Teniendo en cuenta que la orquesta reactivó la vida musical barcelonesa e ilusionó al público en veladas memorables en la antigua sede del Lliure, en Gràcia, deberían haberle organizado un funeral de lujo".

A un músico imaginativo como Pons, al que le encantan los retos, se le ocurren varias fórmulas para afrontar un hipotético funeral concertístico, acorde con el espíritu que caracterizó la trayectoria de la orquesta del Lliure. "Lo mejor hubiera sido encargar obras nuevas para despedirse con un gesto de apoyo a la creación musical", explica.

"Lo más triste es que Barcelona pierde un espacio para la música, la ciudad va a menos en este terreno, porque las propuestas que lanzaba la orquesta no las asume nadie en estos momentos".

Uno de sus proyectos con la Orquesta Nacional de España es, precisamente, la puesta en marcha del Ensemble ONE, con una plantilla variable y un repertorio poco frecuentado por las temporadas habituales, similar al que en su momento había cultivado la orquesta desaparecida. "Haremos en Madrid el repertorio que fue seña de identidad de la orquesta del Lliure". asegura convencido.

Pons estrenará en el Liceo Peter Grimes, de Benjamin Britten, en un nuevo montaje dirigido escénicamente por Lluís Pasqual que el coliseo barcelonés presentará del 12 al 31 de enero de 2004. Y ese mismo año, pero ya dentro de la próxima temporada liceísta, dirigirá el estreno mundial de la ópera Gaudí, de Joan Guinjoan, sobre un libreto del desaparecido Josep Maria Carandell.

Sobre el programa que dirige hoy y mañana al frente de la OBC, Pons propone una lectura de Bruckner "muy atenta a las raíces populares vienesas y a la tradición que entronca con el sinfonismo de Mahler", y elogia sin reservas la Peça per a orquestra, de Ramon Porter. "Es una obra tonal, muy bien escrita, de factura impecable y enorme sensibilidad, con una paleta sonora que recuerda al Debussy de los Nocturnos y al Scriabin de El poema del éxtasis. Porter debería animarse y escribir más música de esta calidad", explica Pons con su mejor sonrisa.

 
 

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