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Los meses de la ola de calor registraron 6.112 muertos más que en 2002, un aumento del 11%

Sanidad sólo atribuye 141 defunciones al efecto directo de las altas temperaturas

Durante los meses de julio y agosto de este año, coincidiendo con la larga e intensa ola de calor, fallecieron en España 6.112 personas más que en el mismo periodo del año pasado. El aumento supone un 10,9% frente al año anterior. Si a la comparación se añaden las defunciones de junio (618), el total asciende a 6.730. Según el informe que Sanidad hizo público ayer, las defunciones atribuibles directamente a golpes de calor fueron sólo 59. Otros 82 fallecimientos se debieron al empeoramiento de patologías previas en los pacientes (problemas cardiovasculares y respiratorios).

El último recuento de fallecidos por la prolongada canícula admitidos por las autoridades fue de 112, 56 por golpe de calor y 56 por empeoramiento de otras patologías.

La mayor parte del aumento de la mortalidad se produjo en agosto (subió un 15,6%). En total, en julio y agosto de este año murieron 61.987 personas (31.415 en agosto). El número de fallecimientos durante los mismos meses de 2002 fue de 55.875. Pero Sanidad aduce que el balance en el conjunto del año sigue siendo positivo: en lo que van de año han muerto 1.700 personas menos que el pasado.

Los datos, que fueron facilitados ayer por el Ministerio de Sanidad a los representantes de las comunidades autónomas, no son definitivos. Las autoridades autonómicas pueden actualizarlos, señalaron fuentes del Ministerio.

De acuerdo con los datos del Instituto Nacional de Estadística, las 91.376 defunciones registradas en los tres meses de verano superaron significativamente la media de 1994 hasta 2002 (83.051). Si se toma un periodo más largo, también ha aumentado el número de fallecimientos de los ocho primeros meses del año. De los 189.490 de 1980 se ha pasado a 248.448 este año El peor del periodo fue 1999 (254.057).

Mejor invierno

Pero entre un año y el siguiente hay grandes variaciones. (hasta 12.000 defunciones más o menos ). Al comparar los datos de 2003 con 2002 se observan dos bloques muy diferentes: de enero a mayo hubo menos fallecimientos en 2003 que el año anterior, y de junio a agosto, más. El dato apunta a que es posible que personas con estado de salud muy delicado aguantaran mejor el invierno (este año la gripe fue bastante benigna), y, en cambio, no pudieran soportar las elevadas temperaturas que se prolongaron durante un periodo inusual.

Sanidad insiste en que este aumento de la mortalidad en el tiempo tiene, sobre todo, una causa: el envejecimiento. El informe del Ministerio recoge que la mortalidad medida en relación con la población ha subido en estos 23 años un punto. En cambio, si se le aplican factores correctores por la edad, ha bajado de 0,33 a 0,06.

Claro que también el calor influye. El Instituto Nacional de Meteorología (INM) afirma que durante este verano se ha registrado "un episodio excepcional desde el punto de vista climatológico". "En la mayor parte de la cuenca mediterránea las altas temperaturas, tanto máximas como mínimas, han estado por encima de los valores propios del clima prácticamente sin solución de continuidad desde primeros de junio hasta finales de agosto. En otras áreas el fin de la ola ha tenido lugar hacia mediados de agosto, y hubo alguna semana de respiro al principio de julio", explica el INM.

En cualquier caso, las principales causas de muerte durante el mes de agosto fueron las mismas que durante los años anteriores, según los datos de Madrid, Barcelona, Valencia y Sevilla. Sanidad recalca que no hay "un aumento de causas de muerte prematura o sanitariamente evitable explicativo de estas defunciones".

Tanto el Gobierno central como los autonómicos -ninguno de los cuales alertó de que hubiera un problema sanitario por el calor, según declaró la ministra Ana Pastor-, insistieron en que el funcionamiento de los servicios sanitarios durante julio y agosto ha sido adecuado y no ha habido reclamaciones.

Índice de intensidad

Además hay otro factor que complica aún más el análisis: la relación entre calor y mortalidad no es fija. Para medirlo se usa un índice de intensidad. Este índice es una relación entre el número de días de temperaturas altas y su temperatura máxima, e incluye los aspectos locales (no es igual llegar a 40 grados en Álava que en Sevilla).

El estudio de estas variables arroja curiosos resultados (ver gráfico). Por ejemplo, en Córdoba, que llegó a una temperatura máxima de 46,2 grados, el número de defunciones aumentó un 14,49%, mientas que en Ourense, con una máxima de 42 grados, los fallecimientos cayeron un 12%.

También hay discrepancias cuando se estudia la relación entre días con temperaturas por encima de la media y número de muertes. En Girona la temperatura umbral se superó durante 36 días, y el incremento en el número de defunciones fue del 13%. En Castellón, en cambio, con un 27 días de canícula, disminuyó el 1,39%.

La situación ha sido muy diferente a la de Francia. Según el Instituto de Vigilancia Sanitaria (IVS) durante los primeros quince días de calor fallecieron 11.435 personas más que el año anterior. El director de general de Sanidad francés, Lucien Abenhaïm dimitió debido a las críticas recibidas por la poca eficiencia de los servicios sanitarios franceses ante la ola de calor. Sanidad destaca que sólo el 30% de las muertes se produjo en los hospitales franceses. Una situación que no se ha dado en España, donde la mayoría de las personas falleció atendida en los centros sanitarios.

Récord en Barcelona

El calor de este verano se cebó en Barcelona. Según los datos del Ministerio de Sanidad, la capital catalana fue la que durante más días (53 de los 61 de julio y agosto) rebasó el umbral de temperaturas (calculado a partir de la media de las máximas). Su efecto en la mortalidad es claro: el número de muertes en Barcelona (7.874) fue un 27% superior al del año pasado. La temperatura máxima de ese periodo llegó a 37,3 grados.

En cambio, la Generalitat catalana sólo ha reconocido la existencia de seis muertos por golpe de calor, y ninguno por el empeoramiento de otras patologías asociadas.

Con los datos de Barcelona, la ciudad ocupa el primer puesto en el número de defunciones durante la canícula, y el segundo en aumento en porcentaje, después de Burgos. Donde más bajó el número de defunciones fue en La Rioja, un 26,5%.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 18 de septiembre de 2003

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