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Entrevista:Juan Goytisolo | JUAN GOYTISOLO, ÚLTIMA NOVELA

"La belleza del mundo es más duradera que el dolor humano"

Con Telón de boca, el narrador barcelonés se despide como escritor de ficción. En su casa de Marrakech, el autor de Señas de identidad recuerda la muerte de su esposa -muy presente en su última novela-, reflexiona sobre la guerra y la literatura, y habla de sus proyectos: escribir un ensayo sobre Manuel Azaña y participar como actor en una película que Jean-Luc Godard rodará en Sarajevo. Juan Goytisolo

Viudo desde 1996, con 72 años cumplidos y dando por terminada con Telón de boca su carrera como escritor de ficción, Juan Goytisolo ha decidido vivir al día. Y el día de hoy es precioso en Marrakech. El sol reina en el cielo de la ciudad "ocrerosada" -así la llama el escritor- y riela sobre la mucha nieve de las montañas del Atlas. Ha llovido abundamente en las semanas anteriores y el aire es puro, las palmeras, los olivos, los naranjos y los limoneros se yerguen lozanos y saludables y la gente -el agua es vital para los marroquíes- está relativamente contenta, sobrellevando con paciencia y humor las angustias provocadas por la crónica estrechez económica y la inminencia de la guerra contra Irak. Cuando callan los almuédanos, el sonido de Marrakech es el de las flautas, los panderos y los tambores de los músicos de la plaza de Jemaa el Fna, los gritos de los niños que corretean o juegan al fútbol en cualquier lugar, los pregones de los vendedores de la medina y los avisos de los transportistas que piden paso en sus estrechas y laberínticas callejuelas. Este día es un regalo para Goytisolo, un buen regalo.

"Deberíamos dejar a Dios en paz. Bin Laden y Bush lo invocan para justificar barbaries y matanzas"

"La novela debe buscar un equilibrio entre la poesía y el argumento. Según se decante, puede transformarse en un poema en prosa o en un simple guión de cine"

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Goytisolo no piensa cruzar hoy el Atlas, internarse en el desierto y morir. Como el protagonista de Telón de boca, el escritor piensa hoy que la belleza del mundo es más duradera que el dolor de cada cual. Y antes de zamparse un tayín de verduras y cordero, conversa con el enviado especial de Babelia en la casa de la medina que es su hogar permanente desde su viudez, donde convive con sus amigos Abdelhadi y Abdelhak y hace de abuelo de sus hijos.

PREGUNTA. Al leer Telón de boca uno se da cuenta de que la muerte, en 1996, de su esposa, la escritora francesa Monique Lange, le dio a usted un palo muy fuerte. ¿Me equivoco si digo que la desaparición de Monique le puso brutalmente frente a un espejo en el que vio reflejada la proximidad de su propia muerte? Los primeros capítulos de este libro son muy duros. Dice el narrador: "Su propia existencia, ¿no era ya el brillo falaz de una estrella extinta?".

RESPUESTA. Todas las existencias lo son, no sólo la mía. Ésta es la triste realidad con la que nos enfrentamos. Pero no, no. Hubo bastante amargura al comienzo de la redacción del texto, pero esta redacción me ha llevado seis años y al final creo que simplemente hay lucidez. Lo que he procurado, tal vez como homenaje a ella, es buscar la belleza del texto, a través de las palabras más hermosas y más justas posibles. La poesía vehicula un lenguaje que tal vez sea más profundo que el de la propia filosofía. Pienso, por ejemplo, en Hörderlin o Nietzsche. La novela debe buscar un equilibrio muy difícil entre la poesía y el argumento o trama. Según se decante a un lado u otro, puede transformarse en poema en prosa o en simple guión cinematográfico. Hay novelas que están escritas para ser adaptadas al cine, son simple argumento. Pero las novelas que me interesan se decantan más hacia la prosodia, la música de las palabras, la belleza del lenguaje, hacia algo que no es simplemente el argumento. Pero hay que lograr un equilibrio y este equilibrio en verdad es muy difícil.

P. Este texto no es una novela convencional, de esas que como dice usted son fácilmente adaptables al cine. Se parece más a un poema en prosa.

R. Sí, pero hay un argumento. Creo que los diferentes capítulos o secciones se pueden leer casi de una forma independiente, pero, sin embargo, el argumento está, hay una lógica argumental que lleva al final. Yo he trazado siempre esta distinción entre el texto literario y el producto editorial. Los dos son necesarios para el buen funcionamiento de la edición, pero, claro, a mí me interesa más el texto literario. Establecería aún otra distinción entre los autores que escriben para ser vendidos y los que escriben para ser leídos. Para ser leídos y para ser releídos. Yo desearía tener el mayor número de relectores posibles. No busco el mayor número de lectores, sino de relectores.

P. Es significativo que cite a Nietzsche, porque uno puede releer Telón de boca a partir de unas cuantas frases que son como aforismos. En este texto hay tres personajes: ella, el narrador y dios...

R. Sí, el demiurgo o Mefisto que se hace pasar por dios. (Risa)

P. Pues éste hace unas reflexiones terribles. En un momento determinado dice: "Sólo tenéis una certeza, pero no queréis mirarla a la cara: es la igualdad de los muertos".

R. Sí, es la única igualdad que hay.

P. ¿De verdad que, a los 72 años, la única igualdad que usted ha visto es la igualdad de los muertos?

R. Sí, sí. Es la única igualdad; hay que tenerlo muy claro. (Largo silencio). Aunque se maltrata mucho a los muertos.

P. ¿Qué quiere decir?

R. Bueno, aún están desenterrando las fosas de la Guerra Civil española. He tenido bastantes experiencias en zonas de guerra para ver cómo los vencedores maltratan a los muertos de los vencidos.

P. O sea, que ni siquiera en la muerte hay igualdad.

R. Debería haberla, pero se maltrata a los muertos.

P. Esta novela es bastante autobiográfica, ¿no?

R. Es una ficción autobiográfica. Cuando la vida entra en la literatura se convierte ella misma en literatura y hay que considerarla como tal. Hay aquí muchos elementos autobiográficos pero en función de una ficción autobiográfica. Obviamente no he hablado con Mefisto ni con el demiurgo ni con dios.

P. También aparece un niño y hay varias reflexiones sobre la infancia del narrador. Escribe usted: "Él no había querido nunca tener descendencia, asumir la responsabilidad de una existencia abocada a una irremediable condena". Esto parece autobiográfico: usted nunca ha querido tener hijos.

R. No, nunca he querido asumir esa responsabilidad. En cambio la he asumido con niños que no son míos. Me alegra el poder ayudar a estos niños sin ser el responsable de su existencia.

P. ¿Cuál es la diferencia?

R. Estos niños existen fuera de mí y les puedo ayudar. No tengo la responsabilidad de haber traído al mundo estos niños. Nunca he sentido el deseo de prolongar la especie.

P. ¿Deseó Monique tener hijos con usted?

R. No creo. Ella tenía una hija de su primer matrimonio y no creo que se planteara nunca tener un hijo conmigo. Ella entendió muy bien ese deseo mío de no querer prolongar de alguna manera el desastre.

P. Dentro de la lucidez pesimista de este texto...

R. Pesimista no. Es pura lucidez. Soy la persona menos pesimista del mundo en este momento. Fue un golpe muy duro lo que me ocurrió en 1996 (la muerte de Monique), pero ahora no soy pesimista. Una amiga me decía: "Mira, cuando llegas a los 70 años tienes que aceptar cada día como una dádiva, como un regalo". Y así lo hago yo. No quiero hacer nada que no desee hacer. No quiero dejarme programar; yo programo mi propia vida; vivo con quien quiero, en el sitio que quiero, escogiendo la familia o los niños que quiero. No soy nada pesimista. Vivo al día.

P. Démosle otra vez la palabra al demiurgo de su novela. Dice: "Yo estaré allí para cerrar el paréntesis entre la nada y la nada". ¿Dónde encaja en esto la literatura? ¿Para qué escribir?

R. Si supiera por qué escribo no escribiría. Nunca he sabido por qué escribo, creo que estaba genéticamente programado para la escritura y, además, no sé hacer nada más, soy de una incapacidad práctica total. Si no viviera rodeado de personas prácticas, sería un desastre. No sé hacer nada fuera de escribir. ¿Por qué? No lo sé.

P. ¿No es por una cierta voluntad de descendencia, de eternidad? ¿No es verdad que, por mucho que usted diga "después de mí, nada", piensa que quedarán sus libros?

R. Mire, ¿usted de verdad se cree que España o Europa existirán dentro de mil años?

P. Probablemente no.

R. Probablemente no. Cuando veo que la gente piensa en la inmortalidad u organiza una inmortalidad programada, como Cela, de fundaciones, universidades, calles y todo esto, me parece bastante ridículo. Si mi obra vale, será leída. Pero homenajes o fundaciones no tienen el menor sentido. No creo en nada de esto. Hay obras que se mantienen al cabo de los siglos porque han aportado algo al árbol de la literatura. Pero si una obra no aporta nada nuevo, dejará de leerse por mucho que se le hagan homenajes o las autonomías dediquen a su autor estatuas para que las palomas se le caguen encima. Si tuvieran al menos el respeto de hacerles a estos señores estatuas donde descansen sentados... Pero les veo siempre de pie. Me parece un castigo terrible.

P. Escribe usted en otro momento: "La literatura unía y destilaba las dos pasiones de su niñez -la historia y la geografía- en un ámbito único". ¿Eran ésas las pasiones del niño Juan Goytisolo?

R. Era lo único que me interesaba. A los 15 años concebí la idea absurda de ser diplomático tan sólo porque el diplomático viajaba. No veía otra manera de viajar y para mí era una obsesión el salir de España y el ver el mundo.

P. Lo ha conseguido. Su literatura no está hecha con atlas y enciclopedias, sino con muchos viajes. En el mismo Telón de boca hay un viaje a la Chechenia en guerra, tras las huellas de Tolstói.

R. Sí, fue una experiencia extraordinaria viajar a Chechenia con el libro de Tolstói. Al terminar el viaje volvía a releer todo Tolstói y el testimonio que da sobre las guerras del Caúcaso es admirable.

P. ¿Por qué ha incorporado este testimonio en Telón de boca?

R. Es uno de los hilos de la trama: la imagen del cardo aplastado por las botas rusas, las botas del zar, las de Yeltsin o las de Putin. Es uno de los hilos del argumento: la reiteración de la barbarie humana. Entre los progresos de la sociedad y la herencia animal, a veces la herencia animal prevalece. En este aspecto, las cosas no han cambiado mucho. Las brutalidades de la Guerra Civil española se repiten en todas las guerras civiles. Usted conoció la de Líbano, yo he visto la de Argelia. Te dices: ¿dónde está la mejora de la especie humana? ¿No sería mejor llamarla la especie inhumana?

P. Lo espantoso es que esta brutalidad no se apodera sólo de los pueblos pobres y analfabetos, sino también de los ricos y avanzados científicamente.

R. Es lo que estamos viendo ahora, esas invocaciones constantes a Dios tanto por los terroristas de Bin Laden como por Bush. Una de las cosas que deberíamos aprender es dejar a Dios en paz. Pero se sigue invocando a Dios para justificar tropelías, barbaries y matanzas.

P. Vuelve a hablar el Mefisto de su novela. Dice: "Cuando cagué vuestro físico mundo y desde Mis alturas contemplé la Obra Hecha me estremecí de horror: aquello era peor que un mojón, que una cagarruta hedionda, que una fétida masa pastosa ovillada como un merengue batido". Y añade que un burro orinó enseguida en ese mundo.

R. Hay antecedentes en la literatura española. Mateo Alemán dice que cuando Júpiter creó el mundo primero creó al asno y luego creó al hombre, y cuando el asno vio la creación la roció con lo suyo. Ya Mateo Alemán consideraba que la creación merecía ser anegada en la meada de un burro. Bueno, es un juicio duro pero un juicio que tiene su tradición.

P. ¿Usted lo ve así?

R. Digamos que no coincido exactamente con mi personaje, pero la brutalidad del mundo persiste. Aunque los intelectuales modernos y posmodernos no quieran enterarse, la brutalidad persiste. No sólo a través de guerras, sino del hambre, de lo que está pasando en el continente africano o en Iberoamérica.

P. En lo civil usted sigue ahí, no se ha rendido pese a ver que la brutalidad persiste, que la injusticia se prolonga. Usted se niega a encerrarse en la torre de marfil.

R. Creo que son dos cosas distintas. El compromiso verdadero del creador es con su propia lengua. Puede haber creadores canallas como, por ejemplo, Quevedo. Era un perfecto canalla. Odiaba a las mujeres, a los homosexuales, a los judíos, a los moros, a los negros; alardeaba de un patriotismo extraordinario y luego se descubrió que estaba a sueldo de la embajada de Francia: el canalla perfecto. Y sin embargo, un poeta genial. Tomemos también el caso de Céline. Antisemita, colaboracionista con los nazis y todo lo que se quiera, pero autor del Voyage au bout de la nuit, una de las grandes obras del siglo XX. Para mí son cosas distintas. Mi compromiso ha sido siempre con la palabra, con devolver a la cultura a la que pertenezco un idioma distinto al que he recibido al empezar mi propia creación. Pero también soy una persona que se ha comprometido con causas cívicas. Primero contra el franquismo y en la actualidad contra los nacionalismos y fundamentalismos, incluido el fundamentalismo de la tecnociencia que es el que me parece más amenazador en este momento.

P. Uno lee Telón de boca y al principio se sobrecoge por la dureza de las reflexiones para encontrarse al final con una sorpresa: el narrador termina con una cierta actitud vitalista. Después de haber dicho que la vida es un paréntesis breve y más bien horrible, después de haber soñado su propia muerte se despierta y termina así: "La cita sería para otro día: cuando se alzara el telón de boca y se enfrentase al vértigo del vacío. Estaba, estaba todavía entre los espectadores en la platea del teatro".

R. Es la realidad. El narrador tiene un día más de vida. Y constata que la pena se desvanece antes que la belleza. La belleza del mundo subsiste y el dolor humano no. El olvido es más fuerte que todo.

P. Seis años después de estos acontecimientos que tanto dolor le causaron, ¿siente que la pena se ha ido desvaneciendo?

R. Sí, se desvanecen el dolor, la pena y el recuerdo. Parece imposible pero es así.

P. Y esto es piadoso. Porque si no, no podríamos vivir.

R. Sí. Por fortuna es así. Y no creo que vuelva a escribir más ficción; lo que quería decir en términos de creación novelesca lo he escrito en esta novela. Ahora haré ensayos y artículos. Estoy preparando un ensayo largo sobre Manuel Azaña escritor, quiero llamarlo Azaña o la pasión crítica. Azaña era un escritor formidable. Y voy a participar en Sarajevo como actor en un filme de Jean-Luc Godard. Es bastante divertido empezar una carrera de actor a mi edad.

P. Le ha costado seis años escribir este libro y, sin embargo, es uno de los más cortos de su carrera.

R. Sí, he ido podando y podando. Ha sido un trabajo no tanto de escribir como de reducir lo escrito a la médula. Este librito mío tan breve tiene por lo menos la gran ventaja de la que habló Céline. Una vez un admirador de Céline le escribió: "La gran ventaja que tienen sus libros es que cuando se me caen de las manos no me aplastan los pies". Esto me parece un elogio extraordinario. Yo creo que Telón de boca no va a aplastar los pies de nadie si se le cae de las manos, cosa muy posible.

BIBLIOGRAFÍA

Carajicomedia(Seix Barral, 2001).
Las semanas del jardín(Alfaguara, 1997).
El sitio de los sitios(Alfaguara, 1996/Seix Barral, 2002).
La saga de los Marx (Mondadori, 1994).
Memorias (Coto vedado. En los reinos de taifa) (Península, 2002).
Paisajes de guerra. Sarajevo, Argelia, Palestina, Chechenia (Aguilar, 2001).
Pájaro que ensucia su propio nido (Galaxia Gutenberg/Círculo de Lectores, 2001).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Sábado, 15 de febrero de 2003

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