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REPORTAJE

El lujo y el hacinamiento, separados por una calle

Bravo Murillo, en Tetuán, es la línea divisoria entre los poderosos y los inmigrantes que se apelotonan en casas viejas

Una mujer ataviada con chaquetón de piel y maletín baja de un taxi en la calle de Francos Rodríguez. Camina a toda prisa hacia la puerta de un gran edificio de oficinas y resopla, indignada por el denso tráfico que le hace llegar tarde a una reunión de trabajo. El taxi vuelve a encender la luz verde y enfila la calle de Bravo Murillo. En uno de los muchos semáforos de esta avenida, echa un vistazo por la ventanilla, hasta que un conductor impaciente hace sonar el claxon. Su mirada se topa con un edificio de pisos con aspecto de haber tenido tiempos mejores; en la primera planta, un hombre de tez oscura tiende ropa en una terraza diminuta y llena de trastos, incluida una pequeña bicicleta. El conductor comenta: 'Hay que ver lo distinto que puede ser este barrio según sus calles'.

'Nuestros hijos se han tenido que marchar del barrio por el alto precio de la vivienda'

Hay dueños de pisos que cobran '60.000 pesetas por usar un sofá', admite el concejal

Es de la misma opinión que los vecinos y los representantes políticos de IU y el PSOE: Tetuán es un distrito de contrastes, con la calle de Bravo Murillo ejerciendo de imaginaria línea divisoria entre dos formas de vida: a un lado están los negocios y la vivienda cara, y al otro, la casa de baños, los inmigrantes hacinados en pisos diminutos y la población anciana, dicen.

'La zona de Azca representa el Madrid hostelero, de servicios y de élite, con viviendas vendidas a 500.000 pesetas el metro cuadrado', explica el concejal de IU Gerardo del Val. Y hacia el oeste del distrito aparece el paseo de la Dirección, 'un ejemplo de concentración de infraviviendas'. Del Val considera que el estado de la vivienda es un síntoma, y en Tetuán escasea la iniciativa pública y prima la especulación. 'Creemos que en este distrito hacen falta entre 2.000 y 3.000 pisos de protección pública, porque el Ayuntamiento no ha promovido la construcción de ninguno desde 1995', asegura. Por el contrario, 'dejan que se estropeen del todo los edificios en mal estado para derribarlos y especular con el precio del suelo', denuncia Del Val.

La llegada masiva de población inmigrante (el 14,6% de sus 143.000 habitantes) ha agravado, si cabe, las diferencias entre las dos caras del distrito. En las calles de Almansa, Bravo Murillo y el paseo de la Dirección, entre otras, se concentra la mayoría de los 21.389 inmigrantes que hacen de Tetuán el segundo distrito más poblado de extranjeros, después de Centro. La mayoría procede de fuera de la Unión Europea. Y muchos de esos magrebíes, ecuatorianos, dominicanos y chinos malviven compartiendo pisos minúsculos y viejos con un montón de compatriotas, según la edil socialista Teresa Hernández.

En paralelo, los jóvenes españoles del barrio han iniciado una desbandada por culpa del encarecimiento de los pisos. 'Nuestros hijos se han tenido que marchar del barrio porque el precio de la vivienda aquí está como oro molido', lamenta el presidente de la asociación de vecinos Cuatro Caminos-Tetuán, Fernando García. Y los ancianos tampoco lo tienen fácil, porque las casas se caen de tan viejas y nadie mueve un dedo por evitarlo. 'Muchos han querido reformar sus viejos pisos, pero los caseros prefieren que el edificio se venga abajo para, después, especular con el precio del suelo', añade el representante vecinal. Con el fin de parar el éxodo de los jóvenes hacia otros puntos de la capital y de la periferia, las cuatro asociaciones vecinales del distrito crearon una cooperativa y pidieron a las administraciones suelo para levantar pisos baratos. De momento no hay resultados: 'Han pasado ya dos años y, por lo visto, el gobierno municipal prefiere ceder las parcelas a las inmobiliarias', comenta García.

El concejal de Tetuán, Luis Asúa (PP), se muestra optimista. Para empezar, subraya que el problema de la vivienda es 'generalizado', que afecta a todo Madrid, 'porque la demanda es muy grande', dice. Y da argumentos contra los que dicen que la iniciativa pública no existe en esa materia. 'Estamos con la Comunidad de Madrid en la Operación Ventilla, que es de construcción y realojamiento y que es un proyecto que cumple 20 años; la pretensión es hacer 5.000 viviendas y acabamos este año. Además, la Empresa Municipal de la Vivienda va a construir 19 pisos para el realojamiento en una parcela de 352 metros cuadrados en la avenida de Pamplona', detalla.

Eso sin contar con las rehabilitaciones preferentes: 'Hay una inversión prevista de 18.000 millones de pesetas en cinco años, que aportarán el Ayuntamiento, la Comunidad y la Administración central para actuar sobre 4.500 pisos de la zona de Reina Victoria, Raimundo Fernández Villaverde, Castillo Piñeiro, Teruel y Comandante Zorita', destaca Asúa.

Por lo que respecta a la inmigración, los concejales y los vecinos disienten. El presidente de los vecinos de Cuatro Caminos-Tetuán está harto de oír al gobierno municipal animando a 'ayudar a los inmigrantes'. 'Eso está muy bien, pero la realidad es que muchos de los que vienen no encuentran trabajo y, como tienen que comer, no les queda más remedio que delinquir', asegura García. Claro que prefiere no generalizar: 'Algunos extranjeros hacen por integrarse, pero otros se dedican a ensuciar las escaleras y mear en ellas', acusa. El concejal de Tetuán afirma que no es partidario de los guetos. 'Lo terrible del hacinamiento es la explotación, que le cobren 60.000 pesetas a una persona por usar un simple sofá', señala, 'pero es el Gobierno regional el que tiene las competencias para inspeccionar y descubrir las pensiones ilegales', apostilla.

Al edil de IU Gerardo del Val le parece que la mala situación de los inmigrantes se aliviaría un tanto si el Ayuntamiento les ayudara con la venta ambulante. 'Hemos pedido que se baraje la posibilidad de que el mercadillo que los domingos se instala en la calle del Marqués de Viana se amplíe para admitir a los inmigrantes', recuerda Del Val. Pero la realidad es que 'las restricciones de la ordenanza al respecto hacen que crezca la venta ambulante ilegal, que es fuente de sustento de mucha gente', agrega. Asúa se opone a la opción de agrandar el mercadillo de Marqués de Viana: 'Porque la suciedad y el ruido aumentarían; porque esa calle no da más de sí; porque la dotación policial que requeriría sería importante, y, sobre todo, porque no he recibido peticiones de inmigrantes para poner un puesto en el mercadillo', razona.

Tristemente ajenos a la controversia, los extranjeros callan y sobreviven como pueden. Tetuán tiene una vida comercial intensa, de pequeñas tiendas con los toldos ahumados por el tremendo tráfico y de sucursales bancarias a mansalva; de hecho, de un vistazo los únicos paneles que brillan son los de los bancos, algún que otro hotel y los nombres luminosos de los salones recreativos, también abundantes.

Gerardo del Val echa de menos un plan para dar nuevo aliento al comercio tradicional del barrio. 'La calle de Bravo Murillo tiene una gran densidad de comercios pequeños y nadie ha preparado reformas para dedicarla a los peatones o hacerla más comercial', destaca. Al portavoz de los vecinos, Fernando García, más que el estado comercial de Tetuán le preocupa el tráfago de coches y los daños anejos. 'Las calles están llenas de vehículos subidos en las aceras, por lo que el peatón tiene que caminar por la calzada. Nadie respeta el carril-bus y el autobús tiene que hacer filigranas; el alcalde, José María Álvarez del Manzano, coloca bolardos en las calles de Serrano o Princesa y aquí no, por lo que entre los coches y las baldosas destrozadas las aceras están imposibles', se queja el presidente vecinal.

El concejal responsable del distrito contesta por partes. Sobre las tiendas, dice que el comercio tradicional ha retrocedido a favor de las franquicias. Asúa opina que la de Bravo Murillo es una calle 'con un gran éxito comercial', y que para subrayarlo están proyectos como el de centros comerciales 'destinado a unir el comercio tradicional'. En cuanto a las aceras, el presidente de la junta del distrito asegura que van a arreglarlas aunque arranquen con 'un presupuesto restringido de 50 millones de pesetas' (300.500 euros).

* Este artículo apareció en la edición impresa del Lunes, 18 de febrero de 2002