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miércoles, 13 de diciembre de 2000

El jugador más caro del mundo

El equipo de béisbol de los Rangers de Tejas paga 50.000 millones por el fichaje de Àlex Rodríguez

En EE UU se hacen chistes sobre Tejas como en España sobre Bilbao. Nadie es más grande ni hay caricatura que no deje entrever un exceso. Quienes lo dudan, sólo tienen que asomarse a la última machada. Los Rangers de Tejas, equipo de béisbol del que hasta 1998 fue copropietario George W. Bush, acaba de contratar por 10 años al jugador Àlex Rodríguez, a cambio de 252 millones de dólares (unos 50.000 millones de pesetas), la cantidad absoluta más alta de que se tiene noticia en los deportes de equipo de todo el mundo. El golpe que ha dado Tom Hicks, el milmillonario (en dólares) propietario de los Rangers, tenía ayer sobrecogido al mundo del deporte, que teme una escalada suicida en las demandas de los jugadores.Mark Cuban, el joven y abrasivo propietario de los Mavericks de baloncesto, y Jerry Jones, de los Cowboys de fútbol americano, ya habían puesto a Tejas en el mapa del deporte de Estados Unidos, donde los Rangers vegetan en la Liga de béisbol con más pena que gloria: en la pasada temporada terminaron últimos de su grupo.

"Me gusta ganar", dice Hicks. "Me gusta conseguir cosas, ya sea una adquisición empresarial de 2.000 millones de dólares o intentar ganar la Serie Mundial . Eso es lo que me mueve". En 1999, la contratación de Brett Hull para sus Stars de hockey sobre hielo dio al equipo de Dallas la Copa Stanley, el campeonato nacional. Ahora, Hicks se ha propuesto destronar a los Yankees de Nueva York, que son al béisbol lo que el Real Madrid al fútbol.

Será por dinero. Hicks ha puesto sobre la mesa 252 millones de dólares, algo nunca visto, para atraer a Àlex Rodríguez, el jugador nacido hace 25 años en Nueva York que ha brillado en las últimas siete temporadas, primeras de su vida profesional, en los Mariners de Seattle. Rodríguez tiene unas magníficas estadísticas y un brazo capaz de lanzar la pelota tan lejos como el que más. Está considerado como el mejor jugador del diamante en Estados Unidos y su nombre y potencial eran una tentación irresistible para Hicks, que está reforzando el equipo con lo más granado que está disponible, aunque todavía sigue buscando bateadores que estén a la altura del desafío.

A Rodríguez nunca se le había pasado por la cabeza caer en Dallas, pero Hicks le hizo una oferta irresistible. El magnate, que compró hace sólo dos años el equipo y el estadio por 250 millones, ofreció al jugador un par de millones por encima de esa cifra por 10 años de servicios. Justo el doble absoluto de lo que hasta ahora era el contrato más fuerte de Estados Unidos: los 126 millones brutos por seis temporadas que los Timberwolves de Minneápolis están pagando a Kevin Garnett.

La nómina de Rodríguez es espectacular por su valor absoluto, superior al valor de 18 de los 30 equipos de la Liga de béisbol norteamericana y más que suficientes para comprar los dos de menor presupuesto, los de Montreal y Kansas City, según la valoración de la pasada temporada de la revista Forbes. Pero a todo hay quien gane. Shaquille O'Neal, el pívot de los Lakers de Los Ángeles, prolongó el pasado verano su contrato a cambio de 88,5 millones de dólares en tres temporadas, a razón de 29,5 por año, y el gran Michael Jordan metió canastas en la 1997-1998, la de su despedida de las pistas, por unos 33 millones de dólares.

Los 1.000 millones de pesetas de Raúl y Rivaldo o los 1.100 de Figo dan para el chocolate del loro de Rodríguez, que a su vez tiene que humillar ante el Midas del deporte universal, Tiger Woods. La peculiaridad del golf hace que sólo una pequeña parte de los 60 millones de dólares que se calcula que Woods va a ingresar este año salgan de los hoyos 18 de todo el mundo: unos 10 millones; el resto es publicidad.

La campanada de Hicks tenía ayer temblando a todo el deporte en Estados Unidos, temeroso de sus reverberaciones. Sandy Alderson, vicepresidente del equivalente a la federación de béisbol, lo considera una locura. Según Alderson, el talonario de Hicks, sostenido en contratos con televisión, ha colocado el béisbol en grave crisis, al dejar sin opciones deportivas a numerosos equipos sin el poderío económico que dan las grandes ciudades.

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