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sábado, 20 de noviembre de 1999
Tribuna:

Imbécil moral

JULIO SEOANE

En un principio se llamaba locura o imbecilidad moral, más tarde fue psicopatía, hace poco tenía preferencia el término sociopatía y, últimamente, predomina el concepto de trastorno antisocial de la personalidad. Los cambios de nombre no son casuales, responden a distintas concepciones y épocas, pero hay que reconocer que el primer nombre siempre resulta muy esclarecedor. Imbécil moral no es un insulto, es un diagnóstico, es la incapacidad para distinguir entre el bien y el mal, produciendo así conductas imprevisibles y socialmente peligrosas. Degeneración moral en tiempos religiosos, deterioro biológico con el apogeo de la raza y de la herencia, y desviación social en las actua-les sociedades democráticas.

Por eso resulta extraño que en estos días se hable tanto de psicópatas como seres exclusivos y excepcionales, como el héroe de la delincuencia, con taras biológicas y causante de una buena parte de la violencia social. En los congresos existen magníficos expertos y profesionales que matizan mucho sus opiniones y son moderados en sus perspectivas de investigación. Sin embargo, resulta preocupante la visión que se transmite a los medios de comunicación y a la opinión pública.

Desde hace algún tiempo, casi anualmente, un escalofrío biológico recorre Valencia. Los delincuentes, los que maltratan niños, los violadores, los terroristas, las agresiones contra la mujer y algunas otras violencias sociales derrapan peligrosamente hacia las causas biológicas. La estrategia consiste en aceptar primero que tienen causas biológicas y causas sociales o ambientales, para añadir inmediatamente que las biológicas son las importantes.

¡Qué felicidad! Los buenos ciudadanos pueden dormir tranquilos. La violencia no se debe a conflictos, ni existen cambios en la familia actual, ni pobreza o marginación, ni maltrato de la mujer, ni deterioro ambiental y urbano, ningún cambio en los valores o en las creencias actuales. Todo sigue en su sitio, nada cambia, simplemente existen alteraciones biológicas. Y ya se sabe, la solución estará en las pastillas, si es grave intentaremos las inyecciones y, en último extremo, la cirugía.

Un famoso y acreditado psicólogo, recientemente fallecido, relacionaba las actitudes sociales más o menos conservadoras o progresistas con determinadas estructuras y funcionamiento del sistema nervioso. Y añadía, además, que cierto tipo de progresistas tenía tendencia a la sociopatía. Como se puede ver, psicópatas, sociópatas o, simplemente, imbéciles morales los hay en todos los campos. Además, no siempre tiene un significado negativo, puesto que también se habló de la psicopatía creadora como diagnóstico, que algunos psi-quiatras vieron en Lawrence de Arabia, y que ahora encontrarían en los que triplican instantáneamente su dinero o hacen senderismo económico por tierras lejanas.

La locura o imbecilidad moral no es exclusiva de la delincuencia ni fundamentalmente biológica. Aparece en muchos campos sociales, en la empresa, en la política, en la familia, en las relaciones sexuales y de género, hasta en el terreno intelectual, siempre haciéndose pasar por lo que uno no es, aparentando una estatura que no se tiene, intentando engañar a los demás y a sí mismo. En definitiva, resulta más preocupante la serie social de imbéciles morales que la supuesta base biológica del asesino en serie.

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