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jueves, 2 de julio de 1998
Reportaje:

El Niño dibuja un nuevo mapa de América Latina

  • El fenómeno de este año es considerado el más catastrófica y devastador del siglo
Buenos Aires 2 JUL 1998
Cerca de un millar de muertos, millones en pérdidas, migraciones masivas y epidemias incontroladas en una nueva tanda de penurias que han castigado al subcontinente

Doña Flora vive con el agua hasta el cuello desde hace seis meses. Su diminuta casa de madera, en el barrio marginal de Guasmo, en Guayaquil (Ecuador), quedó inundada por las lluvias torrenciales que trajo consigo el fenómeno de El Niño. Como la mayoría de sus vecinos, se negó a abandonar la vivienda por temor a que le robaran los cuatro enseres materiales que posee en esta vida. Los que fueron evacuados no encontraron nada a su regreso. Y allí sigue doña Flora, a la espera de que baje el nivel del agua.Éste es sólo un ejemplo de las miles de víctimas que ha dejado en América Latina esta anomalía climática, que se produce cíclicamente en las fechas navideñas -de ahí el nombre de El Niño- y de la que se desconocen sus verdaderas causas. En unos países -sobre todo los del norte de la línea ecuatorial- la catástrofe llegó en forma de sequía e incendios interminables, y en otros -los del Sur- a través de tormentas e inundaciones. En Ecuador, Perú, Bolivia, Brasil, Chile, Argentina, Colombia y Venezuela, en Centroamérica y el Caribe, muchas de sus gentes lo perdieron todo, pertenencias, vivienda, cosecha. Al menos 900 muertos, economías duramente golpeadas -se baraja la cifra de 20.000 millones de dólares (más de 3 billones de pesetas)-, paisajes devastados, epidemias incontroladas, flora y fauna amenazadas y migraciones masivas han dibujado un nuevo mapa del subcontinente americano, que tardará años en recuperar su aspecto original.

Más de 250.000 personas están preparando las maletas en el campo para emigrar hacia Guayaquil, lo que provocará nuevos anillos de miseria, dice Lourdes Jaramillo, directora de la fundación Huancavilca. Día a día llegan nuevos pobladores de las zonas costeras de Ecuador destruidas por El Niño. Familias de cuatro o cinco miembros invaden un terreno y levantan una chabola. Lo que en los años setenta eran manglares es hoy un hormiguero humano junto al río contaminado Estero Salado. Sin servicios básicos y con un calor sofocante, la zona es un nido de enfermedades. La ciudad no puede engullir más gente, explica Nilda Torres, asesora en Medio Ambiente.

Desde un cerro puede observarse el avance de la invasión humana, que ya está a las puertas del bosque protegido de la Escuela Politécnica del Litoral. Hace dos semanas invadieron una parte del bosque y se produjo un tiroteo con los vigilantes. Hubo un muerto, pero lo volverán a intentar porque no tienen adónde ir. Los daños causados por El Niño en Ecuador ascienden a 2.500 millones de dólares (380.000 millones de pesetas), una cifra desorbitante para las posibilidades financieras del país, en opinión de Ricardo Mena, del Programa de Naciones Unidas para el Desarrollo (PNUD), que recuerda que la ayuda internacional recibida apenas supera los 10 millones de dólares.La destrucción del 30% de la red vial mantiene buena parte del transporte paralizado con las lógicas consecuencias para los principales sectores de la economía: petróleo, plátano y camarón. Un total de 500.000 hectáreas de terreno agrícola fueron devastadas y las cosechas de plátano, arroz, cacao, maíz y soja sufren las consecuencias.

En el vecino Perú, El Niño provocó inundaciones en la costa y sequía en las zonas andinas. De los 23 departamentos, 14 fueron declarados zonas de emergencia. Las lluvias convirtieron el desierto de Sechura, al norte, en un inmenso lago que ha degenerado en una ciénaga. Las cifras comparativas indican que en algunos casos el fenómeno de este año ha sido más devastador que el de 1983, que era considerado el más catastrófico del siglo.

Cerca de 300 muertos, 100.000 damnificados, 7.300 kilómetros de vías dañadas, 87 puentes declarados inservibles. El primer sector afectado fue el pesquero, que exporta 1.000 millones de dólares (152.000 millones de pesetas) al año de anchoa pescada en el Pacífico peruano. El aumento de la temperatura marítima desplazó, asimismo, hacia aguas más meridionales y frías a los bancos de caballa, fuente principal de la industria pesquera chilena, que redujo las capturas en un 40%. Nueve de las plantas del puerto de San Antonio se vieron obligadas a cerrar.

Pero no todo es negativo. El Ministerio de Agricultura peruano ha vaticinado un año récord para la cosecha de la costa, como resultado directo de las lluvias de El Niño. Las autoridades esperan que las tierras de cultivo en el norte se incrementen en un 25% una vez que las lluvias eliminen las sales acumuladas, que hacen la tierra menos fértil.

Las inundaciones en el triángulo formado por el noreste argentino, Paraguay y el oeste uruguayo han asestado un duro golpe a las economías de estos tres países. Siete provincias del norte de Argentina quedaron anegadas por las aguas. La impresionante crecida de los ríos Paraná y Paraguay convirtieron la zona donde confluyen en un nuevo e inmenso mar en el interior del país. El Ministerio de Economía calcula en 3.000 millones de dólares (1% del PIB) las pérdidas provocadas por las inundaciones de El Niño. Los agricultores llevarán la peor parte, ya que el 50% de las cosechas de algodón del Chaco, de cereales y de tabaco está arruinado. El trigo y la soja de la Pampa húmeda, el granero de Argentina, han sufrido severas daños, al igual que los viñedos de Mendoza, la región productora de vinos en rápida expansión.

En Brasil, El Niño ha provocado la mayor sequía de los últimos 15 años en la empobrecida zona del noreste (nueve Estados), con pérdidas de 4.200 millones de dólares, el equivalente al 5% del PIB, según un estudio de la Superintendencia de Desarrollo del Noreste (SUDENE). La sequía destruyó el 57% de la producción agrícola de la región, principalmente arroz y maíz.

La escasez generó hambruna y situaciones desesperadas: los saqueos a almacenes de comida se contaron por decenas. El Estado de Roraima, en la frontera con Venezuela, fue escenario del mayor incendio de la historia de la Amazonía. Durante más de tres meses (entre enero y abril) las llamas devoraron más de 30.000 kilómetros cuadrados, de los que 7.000 son de la llamada selva intacta. Expertos del Ministerio de Medio Ambiente estiman que la selva tropical destruida tardará tres siglos en regenerarse. Los 7.000 indios yanomamis que habitan en la floresta brasileña se han visto afectados por el hambre, problemas respiratorios y malaria, enfermedad que estaba casi erradicada en la región.

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