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lunes, 11 de marzo de 1996

El ligamento cruzado anterior de la rodilla, talón de Aquiles del deporte

  • TRAUMATOLOGÍA ARTICULACIONES

Cuatro ligamentos componen la defensa de una rodilla. A modo de stopper o rudo defensa central -en la más acerada tradición balompédica- destaca, por su cometido y difícil recuperación una vez lesionado, un ligamento: el cruzado anterior. "Corno si fuera un cordón, su misión es frenar a la tibia caso de desplazarse hacia adelante y salirse del fémur", dice el traumatólogo Miguel Ángel Herrador con intención pedagógica. El hecho de que cicatrice mal y que no se pueda suturar le coloca en el lugar más comprometido de la retaguardia de la rodilla."Básicamente, la misión de los ligamentos es sujetar e impedir los movimientos anómalos de cualquier articulación", explica el doctor, para a continuación señalar el punto crítico de llegada de cualquier lesión: el deterioro del cartílago. "El tejido cartilaginoso no está regado por vasos sanguíneos, lo que impide que pueda cicatrizar o crecer", dice Herrador. El mismo padecimiento que puede experimentar cualquier artrítico tiene su fundamento en esta característica del tejido en la extremidad ósea.

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Sin embargo, y antes de alcanzar este límite patológico, una lesión traumática, la repetición de un mismo gesto deportivo de forma indefinida (lo que acostumbra a producir una sobrecarga) o un mecanismo indirecto como un estiramiento colocan en el punto de mira a cada uno de los ligamentos. "Ellos, en definitiva, son el último extremo que protege el cartílago. El que sea uno en concreto en la rodilla el señalado como más importante responde únicamente a la dificultad que ofrece de cara a la curación", insiste.

Cualquier articulación viene cubierta por una cápsula donde los ligamentos son una especie de pliegue en el tejido. Pese a la inclinación a representarlos como si se tratara de cuerdas que unen huesos, los ligamentos son más correctamente refuerzos en la protección que rodea, en este caso, la rodilla. "La excepción, más en sintonía con lo que de una forma intuitiva entendemos por lo que debe ser un ligamento a modo de cordón o cadena, la ofrece el cruzado anterior", explica el traumatólogo.

Desde su experiencia como médico del Real Madrid club de fútbol, Herrador no duda en insistir en los problemas de curación de esta pieza de la anatomía. "Una vez roto, sólo quedan tres soluciones: sustituirlo por uno sintético, colocar otro procedente del propio cuerpo o implantar un trasplante de un cadáver", dice.

Las posibilidades de recuperación completa también dependen de la propia actividad física. "Cuando se hace imprescindible este ligamento es en los saltos o en la frenadas bruscas. Un deportista joven, ante la necesidad de superarse, tendrá muchos más problemas que otro consagrado. Por último, será la modalidad deportiva la encargada de determinar hasta qué punto es imprescindible esta pieza en la articulación", reflexiona en voz alta el traumatólogo a la vez que repasa una lista improvisada de deportistas con problemas.

En cualquier caso, e independientemente de su importancia, las lesiones más frecuentes en aficionados o profesionales deportistas se deben a sobrecargas (un mismo gesto repetido indefinidamente). El ejemplo, por socorrido y habitual en la consulta, es la denominada rodilla de saltador. La inflamación del tendón que une la rótula con la tibia es uno de los problemas más habituales y pese al nombre, no padecido por saltadores exclusivamente.

En segundo lugar, por el número de veces que acaba el paciente de visita al médico, figuran los deterioros de los meniscos. "En este caso, la causa acostumbra a ser la más temida: un mecanismo indirecto (un giro brusco o un movimiento forzado). Es raro que un golpe lesione y en ese caso suele tener mejor curación", dice Herrador mientras se extiende a aclarar cuál es el comentario que más miedo le produce. "Cuando el deportista llega diciendo que él no ha hecho nada o que no se ha dado ningún golpe, es lo peor", continúa.

Un menisco, cuya misión es estabilizar la rodilla, ayudar a soportar la carga, distribuir el líquido sinovial y, en definitiva, proteger el cartílago, puede llevarse fracturado e incluso no llevarse. Cualquier operación de menisco significa su extirpación. "El criterio acostumbra a ser lo más conservacionista posible, por así decirlo, y favorecer que el paciente aguante hasta el límite con esta pieza de la articulación dañada, antes de entrar en el quirófano", aclara.

Cada una de estas piezas posee sus propias características de cara a la sanación. El menisco externo se tolera roto mucho tiempo a la vez que la rodilla soporta mal su retirada quirúrgica. Al interno le sucede lo contrario. "Para explicar esto, sólo caben razones de carácter biomecánico y, de forma más clara, la experiencia del día a día mediante el trato con lesionados", comenta Herrador para seguidamente señalar los tres indicativos que conducen al quirófano: bloqueo de la rodilla, derrame de líquido o simple y evidente dolor.

El mentado ligamento cruzado anterior, la rótula y la fractura simultánea de más de un ligamento (el lateral externo y el posterior cruzado, de forma más concreta) son, por orden y a modo de cierre, los puntos más conflictivos para deportistas de la complicada articulación .

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