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HACIA UNA ECONOMÍA MUNDIAL DE BLOQUES

México llega al primer mundo

Unanimidad sobre los efectos positivos del Tratado de Libre Comercio

El Tratado de Libre Comercio (TLC) de América del Norte supone para México la entrada en el primer mundo, le reconcilia con Estados Unidos -con quien mantiene una relación de amor y odio de origen histórico- y corona la nueva revolución, más económica que política, iniciada por el presidente Carlos Salinas de Gortari hace ahora cuatro años. Medios diplomáticos aseguraban ayer que este nuevo mercado común, con el que el Gobierno de Salinas ha sembrado de esperanzas al país, empujará a México a mayor calidad de vida y también mayor prosperidad, para lo que ha ido preparando, paralelamente y con buenos resultados, su economía.

Prácticamente en México, con la excepción de algunas observaciones por parte del Partido de la Revolución Democrática (PRD, izquierda radical), que lidera Cuauthémoc Cárdenas -hijo del mítico general Lázaro Cárdenas, que nacionalizó el petróleo en 1938-, todo el mundo está de acuerdo con esta alianza con Canadá y, fundamentalmente, con Estados Unidos. Es más, el TLC, siglas que son ya familiares en casi todos los hogares mexicanos, se asocia a un nuevo El Dorado.Hasta ahora, los más desfavorecidos en México -las cifras aseguran que de sus 81 millones de habitantes la mitad son pobres- siempre han soñado con poder cruzar, legal o ilegalmente, la frontera y trabajar en esa tierra prometida que, para ellos, es Estados Unidos. Ahora el TLC, si bien no va a impedir el éxodo de mexicanos hacia el norte, sí va a fomentar la inversión de capital por encima de las fronteras. Los pronósticos le aventuran a México de aquí a 1985 un incremento de 600.000 puestos de trabajo, fundamentalmente en el sector de la industria.

Importantes beneficios

Nadie duda que el gran beneficiario de este mercado común va a ser en primera instancia México, país que marcha a leguas de distancia de sus otros dos socios en cuanto a desarrollo. De momento, en coherencia con su histórica revolución, ha conseguido mantener el petróleo, su principal recurso nacional, a salvo de las garras de sus vecinos. La empresa Petróleos Mexicanos (Pemex), la quinta compañía mundial del sector, continuará bajo control del Estado (la Constitución concibe el petróleo como un bien del pueblo). No obstante, una reciente reestructuración de Pemex, pese a asegurarle al Estado la propiedad y los beneficios, abre a la industria hacia fuera y permite incluso asociaciones de capital y tecnología foráneas.

México ha sufrido en estos últimos catorce meses de negociaciones las presiones de los más ricos para hacer notar en el texto sus intereses, pero ha actuado con "dignidad", aseguran fuentes empresariales, y "va a salir ganando de todas formas porque es quien menos tiene que perder".

De hecho, hay un contraste evidente entre la euforia generalizada con que fue recibida ayer la noticia en México, y las reservas de gran parte de la sociedad norteamericana. También con las críticas que han salido a la luz pública en Canadá, donde el acuerdo goza de menos popularidad.

Fue el encuentro que a mediados de julio sostuvieron en San Diego (California) los presidentes George Bush y Carlos Salinas el que impulsó esta última ronda de negociaciones acabada felizmente ayer a las 0.40 horas de Washington (6.40 horas peninsular española) en la suite 216 del Hotel Watergate de la capital norteamericana. Bush necesitaba ir a la reeleción con este asunto resuelto, dado que forma parte de su campaña y, como dijo recientemente, éste es asunto de "seguridad nacional". Salinas no se podía arriesgar a esperar a las elecciones de noviembre y encontrarse con otro inquilino en la Casa Blanca con el que tener que volver a empezar.

Frente a las corrientes proteccionistas, jaleadas por Ross Perot durante el tiempo que alteró la campaña electoral norteamericana, y las advertencias de la Cámara de Representantes ante el nuevo acuerdo trilateral, la Administración Bush apuesta fuertemente por esta política de alianzas con el resto del continente, si bien todo está pendiente de lo que ocurra en noviembre.

De hecho, ya ausente de la campaña norteamericana Ross Perot -que llegó a aterrar en junio a los mexicanos con, sus pronunciamientos contrarios a este acuerdo-, unas recientes declaraciones del candidato Bill Clinton favorables al TLC han aliviado la incertidumbre del Gobierno de Salinas de Gortari acerca de las intenciones de los demócratas norteamericanos.

Clinton dijo que si él fuera ahora presidente estamparía su firma a este tratado, aunque la condicionó a una rigurosa protección de los trabajadores de su país y a una mejora del medioambiente.

* Este artículo apareció en la edición impresa del Jueves, 13 de agosto de 1992