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Tribuna:

Manolita

Entre los rostros de los detenidos en las redadas contra manifestantes pro aborto distingo el de Manolita Rodríguez, veterana luchadora antifranquista barcelonesa, ella misma carne de comisaría y de cárcel en los años de la dictadura; su marido, ídem de ídem, y su hijo Helios Babiano, primer estudiante gravemente caído por España y su Reconciliación Nacional, condenado a siete años de cárcel cuando aún no había cumplido 19 años.Ha llovido mucho desde entonces, pero nuestra sociedad, al parecer, sigue cultivando la división entre detenidos y detenedoras. El lote de detenidos barceloneses en el que figuraba Manolita Rodríguez, compuesto por cuatro mujeres y un hombre, fue seleccionado por el procedimiento del pito pito colorito, dónde vas tú tan bonito, a la feria verdadera, pim pom fuera... Sorprende el lúdico procedimiento de selección de inculpados en relación con lo concreto de los cargos: agresión a la fuerza pública o resistencia a la fuerza pública, les da lo mismo. Lo importante era detener a alguien para que se vea que la democracia también tiene autoridad y autoridades, detenidos y detenedores.

Curioso que para poner en libertad a gentes seleccionadas por el procedimiento del pito pito colorito el señor juez haya considerado necesaria una fianza de 50.000 pesetas. 50.000 pesetas no es dinero, es una metáfora, la metáfora del castigo por pedir más y mejor aborto. Esas 50.000 pesetas son ideología, compartida por lo visto tanto por el demócrata gobernador civil de la provincia como por el no menos demócrata señor juez. Hay fanáticos y sectarios de muy diversa condición, pero no son los mejores los obsesos por el exclusivo papel de las instituciones en la transformación de la realidad. A este tipo de fanáticos se les nubla la mirada cuando ven a personas como Manolita por las calles pidiendo calidad democrática, que es la reivindicación que viene inmediatamente después de la democracia. Manolita Rodríguez y sus compañeros no añoran tiempos pasados. Simplemente luchan por tiempos mejores.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Lunes, 1 de diciembre de 1986