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miércoles, 10 de noviembre de 1982
Graves inundaciones después del desastre de Levante

Escasez de alimentos en Andorra y quejas en el Alt Urgell por el abandono de la Generalitat

  • En Lérida y Balaguer, las brigadas municipales comienzan la reconstrucción y abren el acceso por los puentes
Andorra la Vella 10 NOV 1982
Tras la prioritaria tarea de salvamento de las personas en peligro y de recuperación de los cadáveres, comenzó ayer la reconstrucción de la vida cotidiana en todas las comarcas afectadas por las terribles inundaciones de los días pasados. Miles de toneladas de lodo quedan en las calles y los propietarios abren las casas con temor de encontrar más daño del calculado. En el Alt Urgell arreciaban ayer las quejas por el retraso con que la Generalitat ha reaccionado en aquellas tierras, mientras los ayuntamientos de Lérida y Balaguer ponían sus brigadillas municipales a trabajar. En Andorra, los estragos de las inundaciones convirtieron las embarradas calles en depósito de los objetos que días atrás lucían en los escaparates del Principado. La normalidad se iba imponiendo ayer poco a poco.

Cuatro personas muertas y varios desparecidos era anoche el balance provisional de las graves inundaciones ocurridas en el Principado de Andorra, que permanecía totalmente incomunicado por carretera, con las líneas telefónicas cortadas y con escasez de agua potable, pan y otros alimentos básicos La carretera que comunica Andorra con España por La Seu d'Urgell, una de las poblaciones más castigadas en el norte de la provincia de Lérida, se encuentra cortada por cinco sitios diferentes y su reparación se demorará aún unos días. Las quejas de la población se dirigen a la Generalitat.

El temor entre los vecinos del Principado va en aumento y muchos ciudadanos permanecen en las calles ante peligro de explosiones de gas propano en sus viviendas. Una cisa en Santa Coloma y dos en Andorra han quedado ya destruidas por explosiones de gas, al reventarse las tuberías. Muchos turistas, barceloneses y valencianos sobre todo, hacen cola para subir a algunos de los helicópteros que ha puesto a disposición de las autoridades andorracas la Administración francesa. Desde distintos, puntos del Principado son trasladados al aeropuerto de La Seu, y desde allí a Barcelona.Decenas de coches han sido arrastrados por la inmensa riada al desbordarse el río Valira a su paso por Les Escaldes. El desprendimiento de los árboles bloqueó uno de los puentes de ese río, produciéndose, un tapón y desviando el cauce de las aguas al centro de la ciudad. La situación geográfica de Les Escaldes, encima de Andorra la Vella y con las viviendas y establecimientos comerciales situados a ambos márgenes de una calle en forma de tobogán que atraviesa todo el municipio, provocó numerosas inundaciones en toda la ciudad.

Los coches navegaban encima de las aguas, todos los sótanos se inundaron hasta una altura superior al metro, y grandes establecimientos, como el Hiper y el Escalé, han sufrido daños incalculables. Las radiocasetes, los relojes, los aparatos de radio, las botellas de whisky y los huesos flotaban entre las bravas aguas del Valira. Muchos andorranos, con peligro de ser arrastrados, intentaban coger, sin éxito la mayoría de las ocasiones, alguno de los objetos que llevaba el río. Incluso se vio bajar por las aguas las joyas de un prestigioso establecimiento. Fueron muchos los que salieron con redes a pescar el oro.

Una caldera de la calefacción de los establecimientos Trisunic, situado en uno de los márgenes del río Valira, con más de 15.000 litros de gasoil en su interior, fue arrancada por la presión de las aguas.

El Comú (Ayuntamiento) de Andorra ha hecho un llamamiento a la población para que empiece a limpiar las calles, a retirar el lodo y los árboles que hay en toda la ciudad; las clases en la mayoría de los colegios del Principado han sido suspedidas por todo lo que queda de semana.

La Seu d'Urgell, donde ayer el número de muertos ascendía a tres, la situación empezaba a ser preocupante al escasear el gasoil y seguir incomunicada la ciudad. Las propiedades.de los márgenes del río Segre han quedado inundadas o han desaparecido, calculándose las pérdidas en la comarca del Alt Urgell en miles de millones. Los miles de animales muertos que permanecen en los ríos aumentan el riesgo de infección en la ciudad.

En una reunión urgente celebrada en el Ayuntamiento se estudiaba ayer la posibilidad de vacunar a los habitantes de la ciudad contra el tifus.

El nerviosismo empezaba a cundir por la población al ver que tres días después de las inundaciones, los equipos de la Generalitat que deben reconstruir las vías de acceso a La Seu d'Urgell no se habían puesto a trabajar. La comarcal 1.313, única carretera por la que se puede acceder desde Lérida y Barcelona a La Seu, permanece cortada y con innumerables socavones. Según responsables oficiales, su reparación puede alargarse aún tres días. Las falsas noticias de una emisora de radio de ámbito estatal informando de que esta carretera sería circulable a media mañana de ayer, sirvieron para poner de uñas a la población del valle, que lo único que pide es que, como medida prioritaria, se abran vías de comunicación que permitan el tránsito de alimentos y la llegada de gasoil.

Reconstrucción en Lérida

En las ciudades de Lérida y Balaguer, las brigadas municipales, auxiliadas por empresas constructoras, comenzaron ayer las tareas de reconstrucción de los tramos arrasados por las aguas. Al mediodía lograron abrir los dos puentes que dan acceso a cada ciudad. Las 5.000 personas que habían pasado la noche en coches, escuelas y locales habilitados por los respectivos ayuntamientos, volvieron a sus casas.La presa de San Lorenzo seguía aliviando 2.300 metros cúbicos de agua por segundo, bastante menos de los 5.600 que había aliviado durante la noche anterior, pero todavía mucho caudal. El Segre, sin embargo, bajaba ayer con menos fuerza y la claridád del cielo permitió que las zonas afectadas comenzaran a secarse, informa Ramón Badía.

En Lérida, el agua dejó dos grandes socavones, uno en la avenida Ferrán, donde se produjo también un escape de gas, afortunadamente sin consecuencias, y otro en la avenida Blondel. Los coches que habían aparcado en estas calles amanecieron, al bajar las aguas: llenos de lodo, ramas y basuras arrastradas por el río.

La perfecta regulación de las aguas del Noguera mediante tres embalses sucesivos evitó que las inundaciones tuvieran consecuencias dramáticas.

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