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Miles de personas asistieron a los funerales por los tenientes coroneles José Luis Prieto y Ramón Romeo

Los restos mortales de los tenientes coroneles José Luis Prieto y Ramón Romeo Rotaeche, asesinados por sendos comandos terroristas, fueron inhumados ayer, el primero, en el cementerio de la localidad riojana de Torrecilla de Cameros, y el segundo, en el panteón familiar de la capital alavesa. Previamente se habían celebrado funerales en Bilbao (por el alma de Ramón Romeo) y en Pamplona (por la de José Luis Prieto), a los que asistieron miles de personas y los ministros de Defensa, Administración Territorial e Interior, y el jefe del Alto Estado Mayor del Ejército, José Gabeiras, entre otras personalidades.

Los restos del teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche, fallecido el sábado a consecuencia de las heridas recibidas en un atentado terrorista que reivindicó ETA Militar, fueron inhumados a primera hora de la tarde del domingo, en el panteón familiar del cementerio de Santa Isabel, de Vitoria. Dos horas antes se habían celebrado en la basílica bilbaína de Nuestra Señora de Begoña, en cuyo umbral se había producido el atentado terrorista, el oficio funeral y misa, al que asistieron, entre otras personalidades, el ministro de Defensa y el jefe del alto Estado Mayor del Ejército, informa nuestro corresponsal Patxo Unzueta.

Los vivas a España, al Ejército y a la Guardia Civil, así como las voces aisladas que corearon el nombre de Tejero a la llegada del féretro a la basílica, fueron acalladas por el sacerdote oficiante, que, en nombre de la familia, pidió a los asistentes que evitasen cualquier «manipulación de este acto religioso». Cinco minutos antes habían ocupado sus lugares en el templo Alberto Oliart y José Gabeiras, llegados directamente de Madrid para asistir a la ceremonia. El teniente general Gabeiras había realizado otros dos desplazamientos a Bilbao, el viernes y el sábado, este último acompañado por el ministro de Defensa y el presidente del Gobierno. También se encontraban presentes el delegado general, Marcelino Oreja, el capitán general de la VI Región Militar, el alcalde nacionalista de Bilbao, Jon Castañares, el consejero secretario del Gobierno vasco, Javier Cano, y los dirigentes más conocidos de UCD del País Vasco, Partido. Socialista de Euskadi y Alianza Popular.

El ministro de Defensa y el teniente general Gabeiras pasaron revista, antes de penetrar en el templo, a una compañía.

Los familiares del militar asesinado, con excepción de su esposa, que se encontraba en el interior del templo desde minutos antes de iniciarse la ceremonia, llegaron inmediatamente detrás del féretro. La entrada de éste a la iglesia, portado por ocho miembros de las Fuerzas Armadas, fue saludada con aplausos y vivas a España y al Ejército.

La misa fue oficiada por al párroco de Begoña, José María Argoitia, y otros catorce sacerdotes. El oficiante rindió homenaje en su homilía a los valores humanos del teniente coronel asesinado y evocó la necesidad de «conseguir la reconciliación y pacificación que todos deseamos». «Por eso», añadió, «hay que descubrir aquí y ahora el perdón, aunque el perdón no significa la impunidad de los que matan».

Finalizada la ceremonia, la tercera compañía de Garellano desfiló ante el féretro, a cuyo lado formaron, junto al ministro de Defensa y las autoridades militares asistentes al acto, el centenar de compañeros de la promoción de Ramón Romeo Rotaeche.

El teniente coronel Ramón Romeo Rotaeche fue enterrado, en la tarde del domingo, en el panteón familiar del cementerio de la capital alavesa, informa nuestra corresponsal en Vitoria, Tonia Etxarri. El féretro, cubierto con la bandera nacional, fue portado a hombros de compañeros de promoción del teniente coronel desde el furgón fúnebre hasta el panteón.

En el curso del acto no se registró ningún incidente. Unicamente cabe señalar que cuando el féretro cruzó el umbral del cementerio se corearon vivas a España, al Ejército y al teniente coronel Tejero. Los gritos de «Ejército al poder» y «ETA asesina» fueron acallados inmediatamente.

Funeral por Prieto

Con la asistencia de la viuda y los siete hijos del teniente coronel asesinado en Pamplona el sábado, a las doce del mediodía de ayer se ofició un funeral de cuerpo presente en memoria del ex jefe de la Policía Foral de Navarra, José Luis Prieto, en la iglesia de San Miguel, de Pamplona, al que asistieron los ministros de Administración Territorial e Interior, Rodolfo Martín Villa y Juan José Rosón; el teniente general Gabeiras, jefe del Alto Estado Mayor del Ejército; el teniente general Polanco, de la Capitanía General de la VI Región Militar; el general inspector dei la Policía Nacional, Sáenz de Santamaría; los gobernadores civil y militar de Navarra, presidente de la Diputación y Parlamento Foral, así como representantes de los partidos UCD, PSOE. UPN, PNV, Partido Carlista y PCE, informa iiuestro corresponsal, Fermín Goñi.

El féretro que contenía los restos mortales de José Luis Prieto fue trasladado en un furgón militar desde el palacio; de la Diputación, en donde el teniente general Gabeiras le había impuesto la Cruz del Mérito Militar de primera clase con distintivo blanco, a título póstumo, hasta la iglesia de San Miguel, que se encontraba acordonada por fuerzas de la Policía Nacional, Ejército y Policía Foral. El féretro, cubierto por la bandera nacional, fue instalado en la parte delantera del templo, escoltado por cinco policías forales y otros tantos oficiales del Ejército. Sobre la bandera de España se habían colocado la gorra militar así como la boina roja de la Policía Foral de Navarra, cuerpo al que perteneció el militar asesinado. La ceremonia fue concelebrada por veintitrés sacerdotes y presidida por el jesuita Manuel Briones, primo de la viuda, quien, durante la homilía, se refirió a la necesidad de tener fe en Jesucristo para comprender que la muerte es el último paso antes de encontrarse con Dios. Finalizado el funeral, el féretro fue sacado a hombros a la calle e introducido en un furgón militar, que lo trasladó hasta la localidad riojana de Torrecilla de Cameros, en donde fue enterrado a las 16.00 horas, con la asistencia de 2.000 personas y las autoridades que venían de Pamplona.

A la salida del féretro de la iglesia de San Miguel, varios miles de personas que esperaban en la calle comenzaron a aplaudir y a dar vivas al Ejército, a la Guardia Civil y a la policía, así como otros contra ETA y en favor de la españolidad y foralidad de Navarra. Antes de partir hacia La Rioja, una compañía del regimiento América 65, del acuartelamiento de Ainzoain, con bandera y banda de música, rindió honores ante el féretro del teniente coronel Prieto, entre los aplausos del público, que agitaba banderas de España y de Navarra.

Después de que la comitiva con el féretro hubiera abandonado la iglesia de San Miguel, se formó una manifestación de unas mil personas que se dirigió hacia la plaza del Castillo, dando gritos de «Tejero, libertad»; «Navarra sí, Euskadi no»; «ETA asesina», etcétera. Al llegar a la sede del PNV, los manifestantes gritaron «Extranjeros, fuera» y eslóganes contra Euskadi. Varias furgonetas de la Policía Nacional se dirigieron a la zona y pidieron, a través de megafónos, que se disolviera la manifestación, ya que no estaba autorizada. Los manifestantes, después de permanecer varios minutos en la plaza del Castillo, se disolvieron sin que se produjeran incidentes.

Veinte mil personas desfilaron por la capilla ardiente

Según el Gabinete de Prensa de la Diputación Foral de Navarra, más de 20.000 personas desfilaron, el domingo, por el salón del trono del Palacio Foral, en donde se había instalado el féretro con los restos mortales del teniente coronel Prieto Gracia, ex jefe de la Policía Foral de Navarra. Sobre las 17.15 de la tarde del domingo se ofició una misa en una capilla contigua, a la que asistieron el ministro de Defensa, Alberto Oliart; los tenientes generales Polanco y Gabeiras; el presidente de la Diputación, Juan Manuel Arza, así como la viuda y los siete hijos del militar asesinado.

* Este articulo apareció en la edición impresa del Martes, 24 de marzo de 1981

Más información

  • El primero fue enterrado en Torrecilla de Cameros (Rioja), y el segundo, en Vitoria