_
_
_
_
Columna
Artículos estrictamente de opinión que responden al estilo propio del autor. Estos textos de opinión han de basarse en datos verificados y ser respetuosos con las personas aunque se critiquen sus actos. Todas las columnas de opinión de personas ajenas a la Redacción de EL PAÍS llevarán, tras la última línea, un pie de autor —por conocido que éste sea— donde se indique el cargo, título, militancia política (en su caso) u ocupación principal, o la que esté o estuvo relacionada con el tema abordado

República

Manuel Vicent

Existen reservas naturales a las que no se puede acceder sin un permiso especial y gracias a la protección de las leyes algunas islas, ciertos parajes, se mantienen todavía incontaminados. Esos espacios preservados sirven entre otras cosas para purificar también nuestra mente por el solo hecho de viajar a ellos con el pensamiento. Aunque sea imposible llegar al corazón virgen de la naturaleza, para sentirse igualmente limpio basta con imaginar que en algún lugar del planeta aún quedan ríos azules, valles intactos no especulados y montes donde subsisten las mismas plantas autóctonas desde el cuaternario. En cierto sentido la Segunda República es también una reserva política que habita en la mente de muchos españoles sin la necesidad de volver a ella sino con la imaginación, como un ejercicio regenerador y didáctico. La República supuso en la historia de España una corriente de aire puro de renovación basada en la inteligencia, en la libertad, en la cultura y en la justicia social, que terminó en un baño de sangre. Aunque para algunos ciudadanos la Constitución de 1931 fuera un hecho nefasto, la causa de toda desdicha, aquella aspiración de modernidad frustrada por la violencia fraticida supone para otros españoles un hito nostálgico, como un amor perdido de juventud. Pero por fortuna el recuerdo de la Segunda República estará siempre asociado a las flores de acacia de mitad de abril, a la Niña Bonita del azar, a una primavera inevitable, que se renueva cada año como un lugar iniciático adonde uno debe volver para regenerarse políticamente. Sin duda el recuerdo de aquel tiempo está dorado por el polvo amarillo. Puede que aquellos próceres republicanos que venían del regeneracionismo con el empeño de una España europeísta, laica, racional y progresista fueran unos ingenuos cuyo sueño se vio devorado por las fuerzas ancestrales de la España negra, pero su estela quedó en suspensión en la atmósfera y cada abril se posa en el inconsciente colectivo. Si la República es hoy una meta inalcanzable, no por eso deja de ser una reserva espiritual, un paradigma político de la memoria, lo mismo que ese territorio imaginario donde se extienden litorales todavía vírgenes y discurren ríos azules en cuyas aguas es obligado volver siempre a bañarse.

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo

¿Quieres añadir otro usuario a tu suscripción?

Si continúas leyendo en este dispositivo, no se podrá leer en el otro.

¿Por qué estás viendo esto?

Flecha

Tu suscripción se está usando en otro dispositivo y solo puedes acceder a EL PAÍS desde un dispositivo a la vez.

Si quieres compartir tu cuenta, cambia tu suscripción a la modalidad Premium, así podrás añadir otro usuario. Cada uno accederá con su propia cuenta de email, lo que os permitirá personalizar vuestra experiencia en EL PAÍS.

En el caso de no saber quién está usando tu cuenta, te recomendamos cambiar tu contraseña aquí.

Si decides continuar compartiendo tu cuenta, este mensaje se mostrará en tu dispositivo y en el de la otra persona que está usando tu cuenta de forma indefinida, afectando a tu experiencia de lectura. Puedes consultar aquí los términos y condiciones de la suscripción digital.

Sobre la firma

Manuel Vicent
Escritor y periodista. Ganador, entre otros, de los premios de novela Alfaguara y Nadal. Como periodista empezó en el diario 'Madrid' y las revistas 'Hermano Lobo' y 'Triunfo'. Se incorporó a EL PAÍS como cronista parlamentario. Desde entonces ha publicado artículos, crónicas de viajes, reportajes y daguerrotipos de diferentes personalidades.

Archivado En

Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
Recomendaciones EL PAÍS
_
_