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La sanidad retrasa pagos hasta 500 días por falta de presupuesto

Las autonomías deben más de 5.000 millones en materiales sanitarios y fármacos

María R. Sahuquillo

Las facturas de los proveedores sanitarios se acumulan en los cajones de las comunidades autónomas. La sanidad española se instala en la morosidad. Las autonomías acumulan una deuda de 3.000 millones de euros en material (catéteres, tiritas o gasas) y de otros 2.700 en fármacos. Una sombra más que distorsiona la sostenibilidad del sistema. Las comunidades pagan tarde: se demoran una media de 269 días en abonar los productos sanitarios y 280 días en pagar los farmacéuticos, según datos del sector. Un periodo que se hace eterno si se tiene en cuenta que la Ley de Contratos del Sector Público marca desde 2004 un plazo de 60 días de pago. Desde 2005 los plazos de pago se habían reducido; ahora, la crisis los vuelve a dilatar.

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Algunas regiones superan esa media tanto que sus plazos de pago se acercan a los dos años. Cantabria -que acumula cargos de productos sanitarios por valor de 81,22 millones- se demora 593 días de media. Murcia -con una deuda de 202,70 millones sólo en tecnología sanitaria- tarda 529 días. Sólo Ceuta y Melilla cumplen de acuerdo con la ley. Galicia y País Vasco son las que más se acercan.

La morosidad ha empeorado en el último año. A la impuntualidad de pagos endémica del sistema nacional de salud se añade también la crisis, que ha puesto en apuros a muchas empresas del sector. "Algunas se han visto abocadas al cierre", dice Margarita Alfonsel, secretaria general de la Federación Española de Proveedores de Tecnología Sanitaria (Fenin). "Otras pequeñas o medianas empresas han sido absorbidas por multinacionales".

El problema es que el dinero presupuestado para Sanidad no alcanza para todo. Y a la hora de pagar a los proveedores sanitarios o farmacéuticos, los últimos de la lista de cobros, a las autonomías ya no les queda dinero. "En el Sistema Nacional de Salud hay una diferencia entre el presupuesto inicial y el gasto unificado de unos 12.000 millones de euros. Diferencial que hace que se inicie el ejercicio con los pagos al día pero que cuando llega el final no alcance", expone Fernando Lamata, consejero de Sanidad de Castilla-La Mancha.

Es decir, que para afrontar los pagos al día y terminar con el enorme agujero en el que se ha convertido la sanidad española harían falta 72 millones en lugar de los 60.000 presupuestados por todas las administraciones para 2010. También Luis Ángel Oteo, de la Escuela Nacional de Sanidad, habla de falta de dinero, aunque sus cuentas son distintas: "El Sistema Nacional de Salud tiene un desequilibrio presupuestario anual superior a los 3.500 millones de euros (preferentemente en el gasto farmacéutico), que se agregarán en 2010 a la deuda viva ya existente de más de 15.000 millones. Los presupuestos sanitarios de las comunidades para 2010 son poco realistas, y difícilmente compresibles desde la responsabilidad pública", dice. Y añade otro ingrediente a la suma: "Sólo en gasto farmacéutico agregado, la desviación esperada sobrepasará los presupuestos en 2.500 millones. Es claro que esta situación no es sostenible".

Lo que sí está claro es que a las comunidades no les salen las cuentas. Del total del presupuesto para Sanidad, el 50% se usa en liquidar nóminas; el 25% en pagar a proveedores farmacéuticos extrahospitalarios (pagos que suelen ir al día); y el resto, ese otro 25%, se dedica a materiales. Es aquí donde se concentra la demora. "Una situación que se acumula desde la creación del Insalud, en 1978", dice Lamata, pero que se ha agudizado en los últimos meses. "Con la crisis económica se hace más difícil mantener una secuencia de pagos ordenada", recoce el consejero. Porque también las autonomías tienen dificultades para recibir el dinero.

Que las facturas vayan acumulando polvo en un cajón implica, al menos sobre el papel, que cuando haya que afrontarlas, las comunidades deberán sumarle intereses y una indemnización para la empresa, tal y como marca la Ley de Contratos del Sector Público. Una norma, que sólo logró contener la morosidad los primeros años de aplicación, y que se revisa ahora en el Congreso. Así, pagar tarde significa pagar de más. Eso sin contar con que algunas empresas deciden reclamar por la vía judicial. Fenin -que agrupa a 1.700 empresas- ha interpuesto en 20 años casi 4.500 demandas.

"El sistema sanitario español es excelente, pero cuesta dinero. Las prestaciones actuales son caras, así que habría que replantearse incrementar el presupuesto o cuestionarse revisar las prestaciones", dice Lamata. El gasto sanitario español representa un 8% del PIB (en 2006) una cifra un punto más baja que la media europea. Pero en una época de disciplina presupuestaria y contención es difícil confiar en que el presupuesto para salud aumente.

De momento, algunas comunidades buscan soluciones. Murcia, una de las regiones más endeudadas, que dilata los plazos hasta la extenuación, ha firmado un acuerdo bancario para financiar su deuda. Un sistema, sin embargo, válido para las facturas que les lleguen desde diciembre de 2009 y que deja desatendidas las anteriores. Otras, como Andalucía, prefieren acumular y pagar las cuentas pendientes de una vez. En febrero de 2009 el servicio andaluz de salud realizó una operación de cancelación de deuda a proveedores por valor de 1.200 millones de euros. Ahora, de nuevo, adeuda 649 millones, sólo en tecnología sanitaria, según los datos de Fenin.

María del Mar Martínez, consultora de McKinsey, explica que uno de los problemas básicos de ese estrangulamiento del sistema es el enorme gasto fijo que afronta. Y apunta: "Cada autonomía e incluso, en algunas, cada centro de salud, compra sus productos. Así, no se logran los mejores precios y tampoco se controla la demanda". Margarita Alfonsel también expone las causas de la sanidad morosa: "Falta presupuesto, pero también falla la gestión. A esto hay que añadirle que este es un sector cautivo en el que a ninguna empresa se plantea dejar de servir sus productos porque son de primera necesidad". Y concluye: "Hace falta voluntad política para solucionar el problema".

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Sobre la firma

María R. Sahuquillo
Es jefa de la delegación de Bruselas. Antes, en Moscú, desde donde se ocupó de Rusia, Ucrania, Bielorrusia y el resto del espacio post-soviético. Sigue pendiente de la guerra en Ucrania, que ha cubierto desde el inicio. Ha desarrollado casi toda su carrera en EL PAÍS. Además de temas internacionales está especializada en igualdad y sanidad.

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