La comunidad iraní en Estados Unidos, entre la euforia y las críticas: “Se necesita una solución política”
Más de 400.000 personas de ascendencia iraní viven en EE UU. Algunos celebran los ataques de Washington, mientras que otros advierten que el cambio de régimen será “muy difícil”

El ataque contra Irán lanzado por Estados Unidos e Israel el pasado fin de semana ha tenido una ambivalente reacción entre la diáspora iraní en EE UU. A algunos les dura la euforia desde la madrugada del sábado, cuando comenzaron los bombardeos, y otros analizan la situación desde un punto de vista más crítico con el conflicto que el Gobierno de Donald Trump ha desencadenado de forma unilateral, sin consultar al Congreso ni tener en cuenta a la comunidad internacional.
“Es un sueño hecho realidad”, manifiesta Mike Oveysi, desde su restaurante Amoo’s. Ubicado en McLean, en Virginia, este pequeño local de ambiente familiar que ofrece comida típica de Irán es frecuentado por la comunidad iraní en la zona metropolitana de Washington D. C. “No se trata de un ataque contra Irán. Este ataque es para Irán”, defiende. “Es para ayudar a los 90 millones de personas que están secuestradas por ese grupo de ideas brutales. Usan nuestra riqueza, nuestro dinero, nuestro país solo para enriquecerse y asesinar en masa a cualquiera que no esté en la misma narrativa que ellos”.
La familia de Oveysi llegó a Estados Unidos en 1994, huyendo del régimen de los ayatolás. El padre de Mike era piloto del shah Mohamed Reza Pahleví, el último monarca de Irán, destronado por la revolución islamista en 1979. Estuvo en la cárcel siete años, hasta que consiguió escapar y se fue a Turquía. Desde allí viajó a Estados Unidos en 1994, donde se refugió con su mujer y sus hijos. Mike Oveysi tenía entonces 16 años. En su edad adulta se ha convertido en una de las voces más críticas contra el régimen de los ayatolás. Organiza y participa en numerosas protestas que promociona desde su página en Instagram, donde tiene unos 250.000 seguidores.
Como él, más de 400.000 personas de ascendencia iraní viven en Estados Unidos, según datos del censo de 2020. Más de la mitad de ellos viven en California, principalmente en la ciudad de Los Ángeles, en un enclave conocido como “Tehrangeles”. También están repartidos por el área metropolitana de Washington D. C., que incluye a Maryland y Virginia, y Nueva York.
Oveysi todavía tiene familia en Irán, entre ellos una hermana, tíos y primos, pero confía en que las muertes civiles por el conflicto no sean muchas porque “dicen que los ataques están siendo muy precisos”. A través de sus redes sociales y de un podcast está en contacto con los iraníes que siguen en el país y asegura que el 90% de la población apoya un cambio. En su opinión, va a suceder: “Definitivamente habrá una revolución”.
Desde el fin de semana, a lo largo del país, se han llevado a cabo protestas celebrando y condenando los ataques de Estados Unidos e Israel contra Irán. En la capital, un grupo de manifestantes se congregó en el barrio de Georgetown el sábado para festejar la muerte del líder supremo de Irán, Alí Jameneí, y rendir homenaje a los miles de iraníes que fueron asesinados por el régimen de los ayatolás durante protestas el mes pasado. Un día después, en Nueva York, una multitud marchó desde la sede de las Naciones Unidas en Manhattan hasta Times Square cargando banderas rojas, verdes y blancas, algunas de ellas con la palabra árabe “Allah”.

Reza Ebrahimi participó en esa protesta. El joven, que pertenece al grupo Lion Sun NY, un movimiento “por un Irán libre”, liderado por el príncipe Reza Pahlavi, asegura que, como él, otros iraníes en Estados Unidos han comenzado a tener esperanzas de recuperar su patria. “Han pasado 47 años, estábamos luchando por este cambio de régimen, perdimos muchas vidas que han pagado el alto precio por esto, pero finalmente lo estamos obteniendo”, afirma. “El sentimiento es de emoción; los iraníes dentro y fuera de Irán estamos felices, finalmente estamos obteniendo nuestra libertad. La gente está tan feliz, no tienes idea, no podemos dormir en las noches. Estamos preocupados por nuestra familia, pero finalmente lo hicimos”.
Los bombardeos no son la solución
Otros, sin embargo, son más críticos con las acciones del Gobierno de Trump. Este lunes, se han congregado decenas de personas en los alrededores de Columbus Circus, en Manhattan, con pancartas que no solo piden detener “una nueva guerra en el Medio Oriente”, sino que exigen que sean los iraníes quienes “decidan su futuro”, y no Estados Unidos o Israel.
Yehuda Litan llegó hasta el lugar tras el llamado del National Iranian American Council y otras organizaciones con el objetivo de protestar contra un conflicto que, según dicen, “tiene el potencial de expandirse rápidamente a una devastadora guerra regional que traerá muerte y destrucción inimaginables”. “La gente civilizada está harta de una guerra”, asegura. “No hay ninguna razón para matar a miles de personas sin motivo. Los estadounidenses están hartos de la guerra. Así que vinimos aquí para mostrar nuestra solidaridad con toda la gente de la región que ha sido sometida a los incesantes ataques sionistas estadounidenses e israelíes. Estados Unidos debe ocuparse de sus propios asuntos”.
Para Majid Sadeghpour, director político de la Organización de las Comunidades Iraní-Estadounidenses (OIAC, por las siglas en inglés), que aglutina a la diáspora iraní que aboga por una república democrática y laica en Irán, “bombardear Irán no es la solución”. “Se necesita una solución política”, apunta.

Sadeghpour salió de su país cuando tenía 17 años y pasó un año en Turquía antes de refugiarse en Estados Unidos en 1984. Sufrió en su propia familia la brutalidad del Gobierno de los ayatolás cuando su hermano fue ejecutado en 1988. En la OIAC se juntan muchos iraníes que han tenido experiencias similares “o peores”, según afirma, pero no apoyan una intervención internacional como la que están llevando a cabo EE UU e Israel. “Si provienes de una cultura de al menos 3.000 años, deberías ofenderte cuando tu país es bombardeado desde el extranjero, independientemente de quién esté al mando”, denuncia. “Quiero que la lucha contra estos bastardos la lleven a cabo los iraníes”, explica.
Sadeghpour defiende la legitimidad del Consejo Nacional de la Resistencia de Irán (NCRI), que ha hecho oposición al régimen islamista desde hace años, para dirigir un periodo de transición. Su sentimiento ante la actual situación es mixto, porque admite que le alegra ver que la Guardia Revolucionaria de Irán “esté sintiendo el dolor que le han infligido a la gente durante todos estos años”, pero insiste en que es necesaria una solución política.
“El cambio de régimen es muy difícil de lograr desde el cielo. Después de todo, esto es Irán. Esto no es Gaza. Esto no es Venezuela”, subraya Sadeghpour. Este país es el doble del tamaño de Texas. Tiene una geografía impenetrable y quienes están ahí sentados ahora mismo son animales heridos que están acorralando y solo tienen los dientes y van a morder hasta ser destruidos. Y hay que combatirlo sobre el terreno”.
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