Las pymes y la sostenibilidad: una relación más cercana de lo que parece

El concepto de sostenibilidad es con frecuencia malinterpretado, limitándose al medioambiente. Esa imprecisión aleja a las pymes de un concepto que puede ser muy natural en su actividad

“Especialmente en ecología y economía, que se puede mantener durante largo tiempo sin agotar los recursos o causar grave daño al medio ambiente”. El diccionario de la Real Academia define así, en su segunda acepción, el adjetivo sostenible, pero la realidad empresarial lleva años ampliando el foco. Hoy, en la empresa, la sostenibilidad no solo atañe al medio ambiente, sino también al impacto más social de la labor empresarial y a las buenas prácticas de gobierno corporativo. La sofisticación del concepto alcanza de lleno a las pymes, las empresas más cercanas a las comunidades locales.

Pero “no se trata de inventar la rueda, sino de preguntarte cómo haces tu trabajo, hagas lo que hagas”, dice la empresaria Clara Arpa. La historia de la compañía que dirige, Arpa EMC, es buen ejemplo de cómo la sostenibilidad es también un asunto de las pymes que no está necesariamente ligado al impacto medioambiental. Fue fundada en La Muela (Zaragoza) en 1968, ofreciendo carpas e instalaciones efímeras a campamentos de verano. De ahí empezó a diversificar, construyendo cocinas de campaña para el ejercicio y posteriormente creciendo también en el ámbito sanitario.

Desde 2011 la dirige la hija del fundador, Clara Arpa, que además encabeza la Red Española del Pacto Mundial, la organización multinacional que implica al sector privado en el cumplimiento de los Objetivos de Desarrollo Sostenible (ODS). Arpa EMC, cuyos equipos se han utilizado en más de cincuenta países, da empleo a unas ochenta personas y cerrará 2020 con aproximadamente veinte millones de euros de facturación. Pero lo que más la distingue es su apuesta por la sostenibilidad, que abarca desde el uso de la energía, a los programas de formación continua, los planes contra el acoso laboral o el fomento de los hábitos saludables.

Fue complicado sacar a la gente de su zona de confort; de repente pasas de hablar de vacaciones y de incentivos a grupos de interés y sostenibilidad
Clara Arpa, directora de Arpa EMC

La empresaria cuenta que situar la sostenibilidad como elemento básico de la compañía, hace unos diez años, fue complicada. “Tuvimos que empezar desde cero”, rememora. En ese proceso hizo mucha falta mucha pedagogía interna: “Fue complicado sacar a la gente de su zona de confort”, rememora, “pues de repente pasas de hablar de vacaciones y de incentivos a grupos de interés y sostenibilidad”.

La sostenibilidad, en el origen del negocio

Nacida en 2017, el caso de Crowdfarming es muy distinto, pues el propio concepto de sostenibilidad es la clave de su modelo de negocio. Esta compañía familiar de Bétera (Valencia), que emplea a 42 personas, comercializa agricultura ecológica, que cultivan y comercializan en función de los pedidos que reciben online, sin recurrir a intermediarios.

¿Cómo funciona? Lo explica por móvil -”desde la huerta, rodeado de pomelos” y con algunos problemas de cobertura- Gonzalo Úrculo, fundador de la empresa junto a su hermano: “Frente a la concepción del consumidor como un objeto al que hay que venderle algo, nosotros queremos que participe en el proceso, personalizando de alguna forma la compra de alimentos”. Cada cliente pide el producto de temporada concreto, identificando al productor. Úrculo asegura que es una respuesta a “una revolución que ya está produciendo en el campo: los agricultores están cada vez más dispuestos a la venta directa, y los consumidores cada vez demandan más agricultura ecológica. Los dos extremos de la cadena se están tocando”.

Crowdfarming apuesta por la sostenibilidad ecológica, pero no solo, explica Úrculo: “Hay también una sostenibilidad económica, pues el agricultor puede producir y planificar sin que el intermediario marque el precio al final de la temporada, cuando ya se ha incurrido en todos los gastos. Y en la agricultura ecológica, cada vez que eliminas productos químicos estás añadiendo mano de obra. La venta directa de productos ecológicos supone un impacto positivo para el empleo local”, asegura.

Frente a algunas multinacionales que “siempre están pensando cómo hacer más con menos personas, al pequeño empresario le produce cierta satisfacción pagar nóminas”, asegura Úrculo, que antes de crear su empresa se dedicaba a la logística. “A nosotros nadie nos pide nada de políticas de sostenibilidad”, dice Clara Arpa; “actuamos porque estamos convencidos, pero sí que nos gustaría que la administración tuviese más en cuenta el valor social de las empresas sostenibles”.