España introduce su economía en el acelerador digital

Es un año histórico. De Europa llegarán 16.250 millones de euros, entre 2021 y 2023, destinados a la digitalización, que deben ayudar, junto a la empresa privada, a cambiar el modelo productivo del país

Francis Ford Coppola, junto a Arthur Laurents o Dalton Trumbo, escribió un extraordinario diálogo-haiku en Tal como éramos, dirigida, en 1973, por Sydney Pollack. Después de haber estado casados y tras años sin verse, Katie (Barbra Streisand), una activista política durante los sesenta, y Hubbell (Robert Redford), un deportista reconvertido en escritor de éxito para la televisión, se reencuentran en Nueva York. Ella reparte pasquines contra la bomba atómica. Hubbell cruza la acera y sonríe a Katie.

—¿Tú nunca te rindes?–, pregunta Hubbell.

—Solo cuando me obligan a hacerlo. Pero soy muy buena perdedora.

—Mejor que yo–, admite Hubbell.

—Es que yo tengo más práctica–, concede Katie.

Esta conversación es un buen símil de la última España. Ha pasado por el crash de 2008, el estallido de la burbuja inmobiliaria, la crisis de la prima de riesgo. Ahora, la covid-19. Parece que cuando el pasado es otro país, irrumpe un acontecimiento que lo desbarata todo. “Pero no cae una maldición bíblica que nos impida cambiar nuestra estructura económica y conducirla, como urge, hacia la digitalización”, reflexiona el economista Emilio Ontiveros.

España vive un momento que se da quizá una vez en un siglo. En otros años sesenta, levantó la mirada y le deslumbró el sol y la playa, y se convirtió en tierra de servicios. Hoy la digitalización es una urgencia que debe avanzar tan rápido como volaban los dedos de Paco de Lucía sobre los trastes de su guitarra. El Gobierno destinará un 33% de los primeros 60.000 millones de euros (aparte están los 10.000 millones del React EU, dirigidos a paliar el impacto del coronavirus) que recibirá en transferencias a la digitalización. Con detalle. “La inversión en digitalización avanzada por la Administración para 2021-2023 asciende a 16.250 millones, de los cuales 15.400 serán financiados por el Plan de Recuperación para Europa Next Generation EU (NGEU)”, calcula Clàudia Canals i Oriol Carreras, economista de CaixaBank Research. Cifras grandes, letra pequeña. “La Unión deja un margen de un 10% sobre esa enorme cantidad a gastos operativos. Por ejemplo, para crear una oficina de evaluación de proyectos”, revela Rafael Doménech, responsable de Análisis Económico de BBVA. Algo esencial, pues en su día se perdieron más del 30% de los Fondos Estructurales Europeos por falta de iniciativas. No existe lugar para volver a equivocarse. “Lo que se haga en los próximos cinco meses determinará los próximos cinco años”, advierte el analista tecnológico Marc Vidal, y urge otra relación con la velocidad. “Cuando todo va mal, le va mal a muchos y la mayoría deja de invertir e innovar. Es momento de adelantarse. Con precaución, con estrategia; pero es tiempo de acelerar”. Introducir la economía en el acelerador de partículas del CERN.

El virus ha abierto nuevos horizontes. Se ha producido en pocos meses un cambio cultural y de hábitos que, de otra forma, hubiera necesitado una década para calar en la sociedad
Pablo Bernad, KPMG

La Administración se ha comprometido a invertir 4.300 millones en banda ancha y 5G hasta 2025. Telefónica ya alcanza este ejercicio a más del 75% de la población con esa tecnología en la que todo transcurre en milisegundos. Es el año, recorre Roberto Ruiz Scholtes, director de Estrategia de UBS, del internet de las cosas, el blockchain, la computación en la nube (España, según Microsoft, pasó, en 2020, de un 15% de empresas con una estrategia de telecomunicaciones al 83%), la inteligencia artificial, el teletrabajo [alcanzó un 10% a finales de 2020, según CaixaBank Research] y la digitalización de la restauración y la hostelería. “El software y la digitalización se están comiendo el mundo”, ahonda Daniel Galván, presidente de GBS Finance. La consultora Deloitte calcula que un incremento de los servicios en la web y de la cadena de valor podría aumentar la riqueza del país un 4,38% los próximos seis años.

La crisis sanitaria ha hurtado ilusiones, esperanzas, vidas, pero ha evidenciado que España debía buscar nuevas fronteras. El informe DESI (Digital Economy and Society Index) 2020 de la Unión Europea, que analiza el nivel de digitalización de los países miembros, mostró, en junio pasado, que en los últimos cinco años Irlanda, tras Holanda, Malta y España eran los territorios que más habían progresado. Nadie lo puede negar.

“Estamos ante una oportunidad histórica”, resume Miguel Vergara, managing director de Accenture Strategy en España, Portugal e Israel. Esa opción la traen los fondos europeos, pero también su destino. La mayoría de los analistas coinciden, por ejemplo, en la necesidad de digitalizar más la Administración y trabajar con la empresa privada. Al igual que discrepan en cuántos años (tres, cinco, siete, diez) ha acelerado el proceso la pandemia. Qué importa. “El virus ha abierto nuevos horizontes en la forma de trabajar, relacionarse, consumir y entender la vida. Se ha producido en pocos meses un cambio cultural y de hábitos que, de otra forma, hubiera necesitado más de una década para calar en la sociedad”, defiende Pablo Bernad, socio responsable de Advisory de KPMG en España. Un copo de nieve provoca una avalancha. “En las depresiones, las cosas no vuelven a la normalidad porque nunca más existe una normalidad a la que regresar”, enseña el escritor James Rickards.

Un futuro de talento y más proactivo

Antes de que lo normal fuera una deriva en nuestros días, había organizaciones (Grupo Antolín, Inditex, Gestamp, CaixaBank, BBVA, entre otras) que ya tenían en marcha esa diáspora digital. Otras han caído por el tronco de Alicia en el País de las Maravillas. “Bastantes compañías aceleran sus planes de digitalización, que pensaban a cinco o 10 años vista, para implantarlos casi íntegramente o, incluso, sobrepasarlos, en apenas unos meses”, valora Gregorio Izquierdo, director general del Instituto de Estudios Económicos (IEE). Porque España también tiene la iridiscencia del comienzo del mundo. Empresas emergentes como Glovo, Cabify o Wallapop han sabido alzarse sobre los hombros de los titanes digitales. El Gobierno quiere levantar una nación emprendedora y hay 1.500 millones de euros en los presupuestos de este año.

La cifra irá escalando hasta llegar a 4.500 millones durante 2023. El acrónimo que envuelve su semántica es muy simbólico. Renace (Red Nacional de Centros de Emprendimiento) y está inspirado en el tejido emprendedor portugués, que ha dado grandes resultados. Un espacio sobre todo “mental”. “Que sea un centro [hub] físico tiene menos importancia, lo trascendente es crear un ecosistema que genere atracción de talento (a partir de las universidades) e incentivos fiscales”, propone Roberto Ruiz Scholtes. Se podría escribir que el cambio ya está en marcha. “Esperamos un aumento significativo de proyectos [digitales] en el segundo semestre del año y deberían tener un impacto real en las operaciones de 2022”, estima Sergio Martín, director de desarrollo de Soluciones Propias de Minsait (Indra).

“Las empresas no deben aprovecharse de la palabra tecnología para conseguir ayudas oficiales”
José García Montalvo, catedrático de Economía de la UPF

Sin embargo, la competencia frente a hubs como el alemán, el portugués o el francés resulta intensa. El país galo destina miles de millones de euros al año a I+D para impulsar su sector digital. Nos separan cientos de kilómetros. Pero las carreteras transportan fe. “Este año se establecerán modelos híbridos que combinen las mejoras digitales con lo presencial para ofrecer una experiencia óptima al cliente”, narra Ana Faba, subdirectora general de Clientes y Digital de Mutua Madrileña. España es un país de reconversiones. Recuerda, por ejemplo, la dureza que supuso la transformación vivida en los años ochenta en el País Vasco. Hoy su economía no está impresa en acero laminado. Existen energías verdes (Repsol quiere impulsar el hidrógeno) y su Gobierno persigue captar 5.700 millones de euros de las ayudas europeas a través de 18 proyectos. “Digitalmente, este año viviremos un espacio intermedio entre lo remoto y lo presencial”, aventura Juan José Unzilla, vicerrector de Transformación Digital de la Universidad del País Vasco (UPV). “Pero también regresará el contacto humano: la comunicación no verbal se pierde en una pantalla”. Este es el relato esperanzado. El 45% de las compañías españolas, acorde con un trabajo de Accenture presentado en la cumbre de Davos (Suiza), estaba priorizando la transformación digital y sostenible.

Queda aún mucho por hacer en 2021. La homilía tecnológica de Silicon Valley continúa captando fieles y provocando destrozos. “A pesar de que Europa es el mercado más grande del mundo, somos el patio de recreo de los jugadores estadounidenses y chinos. Los políticos no deberían ser tan ingenuos o tímidos y mostrarse a la vez más ofensivos y defensivos. La forma en la que las plataformas tecnológicas americanas ignoran nuestras reglas fiscales [Bruselas ya prepara la Ley de Mercado Digitales y la Ley de Servicios Digitales pensando en defenderse] es una vergüenza, para la industria y la sociedad”, lanza Michel Paulin, consejero delegado de OVHcloud, una empresa francesa de almacenamiento en la nube.

Pero las dudas se acumulan al igual que los plásticos en algunas playas. “Soy muy escéptico sobre la posibilidad de poder cambiar el modelo económico español a golpe de BOE”, critica José García Montalvo, catedrático de Economía de la Universitat Pompeu Fabra (UPF). El docente traza con tiza una frontera en el encerado. “Las empresas que no son rentables ni son viables no deberían ser financiadas. Es una forma, también, de que los fondos vayan a dónde deben ir”. Porque la trampa resulta sencilla. Presentar unas cuentas, construidas, pensemos, por una gran consultora, “repletas de brillantes gráficos –describe García Montalvo– justificando que a la compañía la tumbó la covid-19, aunque no sea cierto”. Y pedir la ayuda. En esos “papeles” se repite una y otra vez la palabra “tecnología”. Aunque ahí suene hueca. “La tecnología digital no es ‘la’ solución a los problemas económicos de España. Sin embargo, las empresas y las autoridades públicas tienen que responder a la gran aceleración digital y tecnológica”, aconseja Thomas Husson, analista principal de la consultora estadounidense Forrester. Reescribiendo la descripción que Hemingway trazó de Francis Scott Fitzgerald. El talento de España es tan natural como el dibujo que forma el polvillo en un ala de mariposa. Pero el país no puede volver a ser nunca más tal como éramos.

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