Conocer al tumor que no avisa

Los síntomas del cáncer de riñón aparecen con frecuencia cuando la enfermedad ya está en fase avanzada, pero es en ese estadio donde más avances terapéuticos se han producido en los últimos años

Francisco Cañizares

Uno de los problemas en la búsqueda incansable de soluciones que la ciencia mantiene contra el cáncer es que algunos tumores no dan síntomas y, cuando aparecen, la enfermedad ya está muy avanzada. El cáncer renal es uno de esos tumores. “Entre el 20% y el 30% de los pacientes se diagnostican con metástasis”, precisa Cristina Suárez, oncóloga del Hospital Vall d’Hebrón de Barcelona e investigadora del Grupo de Tumores Genitourinarios del centro. Como en otros cánceres, el pronóstico en este estadio, el último de los cuatro en los que se clasifica la enfermedad, es más comprometido. Sin embargo, la inmunoterapia que se utiliza desde hace unos años ha supuesto un importante avance, como apunta la doctora Suárez: “Un subgrupo de pacientes se han convertido en largos supervivientes, gracias al tratamiento el cáncer no ha progresado”.

Los riñones son una especie de órgano multitarea en el cuerpo, cumplen muchas funciones y todas ellas claves para la supervivencia. Por una parte, se deshacen de productos finales del metabolismo, como la urea. Además, regulan el equilibrio de líquidos en el cuerpo: retienen agua cuando corre peligro de deshidratación y se deshacen de ella cuando tiene de más. Una tercera función es la de ajustar el contenido de minerales como el sodio o el potasio en la sangre. Por último, sintetizan hormonas que estimulan la producción de glóbulos rojos y regulan la tensión arterial.

La medicina conoce muy bien las funciones que desarrollan los riñones, pero, al contrario de lo que ocurre en otros tumores, hasta ahora no se han descrito factores de riesgo determinantes en la aparición de un cáncer renal. “Lo más claramente asociado es el consumo de tabaco y parece que la obesidad también podría tener relación, así como un mal control de la tensión arterial y las enfermedades renales avanzadas”, apunta Cristina Suárez. Sin embargo, los especialistas no tienen una respuesta clara si los pacientes les preguntan por un posible origen del tumor. No se sabe cómo prevenirlo, más allá de llevar hábitos de vida saludables.

El cáncer de riñón también está relacionado con la edad. A mayor esperanza de vida, más casos de cáncer. En el cuerpo se producen mutaciones continuamente en las células que podrían dar lugar a un tumor si no fuera porque el sistema inmunitario se encarga de eliminarlas. Pero con la edad este cancerbero del cuerpo pierde eficacia. Esa es una de las razones por las que la probabilidad de sufrir un cáncer con los años es mayor que en edades tempranas. Los tumores renales se diagnostican más frecuentemente entre la quinta y la séptima década de la vida y el síntoma más típico es la hematuria, el sangrado en la orina.

Aunque hasta el 30% de los tumores de riñón se diagnostican con metástasis, cada vez se detectan más casos en los estadios tempranos. “Hay personas que se someten a una prueba de imagen por otros motivos y se produce un hallazgo incidental de una pequeña lesión de riñón”, explica Cristina Suárez. En las tres primeras fases del tumor se aplica cirugía. En la última, cuando ya se ha extendido, hay que recurrir a otras terapias. Las más innovadoras en los últimos años y las que mejores resultados han arrojado han sido los fármacos antiangiogénicos, que cortan el suministro de sangre al tumor, y la inmunoterapia. Ambas supusieron un punto de inflexión en el abordaje de la enfermedad. Demostrada su eficacia, “el objetivo ahora es optimizar el manejo para mantener la enfermedad controlada el mayor tiempo posible”, precisa la doctora Suárez.

Hasta hace unos años la esperanza de vida de un paciente con cáncer renal metastásico era muy limitada. Sin embargo, el panorama ha cambiado por completo con la irrupción de los tratamientos antiangiogénicos e inmunooncológicos, según confirman las investigaciones. En concreto, la inmunooncología aumenta la supervivencia y reduce las lesiones metastásicas, y además, puede utilizarse en prácticamente todos los pacientes. Con esta opción, por primera vez la enfermedad puede controlarse y evitar que progrese. “Los distintos estudios confirman que entre un 8% y un 10% de los casos se produce una remisión completa, es decir, dejamos de ver en las pruebas de imagen enfermedad”, señala la oncóloga del Hospital Vall d´Hebrón.

Pese a los avances en el tratamiento del cáncer renal con metástasis, lo ideal es evitar que llegue a ese estadío, señalan los especialistas. No existe una prueba de cribado como en otros tumores que permita detectarlo de manera temprana, pero sí cabe estar alerta ante cualquier síntoma anormal que pueda aparecer. El cuerpo expresa los problemas de salud a través de signos y son los profesionales sanitarios quienes deben valorarlos. La fatiga, la pérdida de apetito o una presión en el costado o en la espalda pueden responder a un problema de salud leve, pero en ocasiones también son síntomas de una enfermedad importante como un cáncer de riñón. En esos casos conviene actuar cuanto antes.

La oncología ya dispone de herramientas para que las noticias que dentro de unos meses pueda recibir el paciente diagnosticado de un tumor de riñón sean buenas. En personas que hace diez o quince años hubieran tenido un pronóstico fatal a corto plazo, la inmunooncología y otros avances terapéuticos han supuesto un paso de gigante en el tratamiento de un cáncer que se muestra tan sigiloso, como el renal.


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