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La Armada investiga por imprudencia al comandante del buque que encalló en La Manga

El 'Turia' embarrancó en una barrera de rocas que figura en las cartas naúticas

El cazaminas 'Turia', varado ante la playa de La Manga el pasado 31 de agosto. En vídeo, las imágenes del buque encallado. Foto: Carlos Rosillo | Vídeo: EPV

La Armada y el juez militar han abierto una investigación para determinar si el embarrancamiento del cazaminas Turia, que el pasado 27 de agosto quedó varado frente a La Manga del Mar Menor (Murcia), fue fruto de una imprudencia. El buque encalló con un arrecife artificial que está cartografiado y figura en las cartas naúticas de la zona cuando participaba en el rescate del avión C-101 en el que murió el comandante Francisco Marín. Defensa aún no ha decidido si reparará el Turia,que costó 70 millones de euros, o lo da definitivamente de baja.

La investigación ordenada por el jefe del Estado Mayor de la Armada, Teodoro López Calderón, tiene como objetivo, según fuentes militares, aclarar las circunstancias por las que embarrancó el Turia y, en su caso, depurar responsabilidades disciplinarias, si las hubiera.

Por su parte, el titular del Juzgado Togado Militar Territorial 13, con sede en Valencia, que sustituye al de Cartagena, ha abierto un procedimiento para aclarar lo sucedido. El artículo 73 del Código Penal Militar castiga con hasta dos años de cárcel al militar que “por imprudencia grave” causare la varada de un buque de guerra y lo inhabilita para volver a ejercer el mando si causare la pérdida total del mismo. “Cuando un buque encalla es porque algo se ha hecho mal, pero puede haber circunstancias que atenúen o eximan de responsabilidad”, explican las fuentes consultadas.

El siniestro se produjo cuando el Turia participaba en el dispositivo de rescate del C-101 de la Academia General del Aire (AGM) que el pasado 26 de agosto se estrelló frente a la playa de La Manga mientras realizaba un vuelo de instrucción, lo que costó la vida al comandante Francisco Marín Núñez.

Según los primeros indicios, fue el temor a perder el robot por control remoto ROV Pluto Plus, que en ese momento rastreaba el fondo marino a la búsqueda de los restos del caza, lo que llevó el capitán de corbeta al mando del Turia a adentrarse en una zona muy peligrosa. El cazaminas tiene poco más de dos metros de calado y la sonda indicaba una profundidad de hasta seis, pero la irregularidad del terreno y la fuerte marejada le hicieron embarrancar.

Un barco de 70 millones de euros

El M-34 Turia es el cuarto de los seis cazaminas de la Armada española. En mayo de 1993, el Gobierno acordó la construcción de los cuatro primeros por 48.500 millones de pesetas (291,5 millones de euros), que se botaron entre 1997 y 1999. Posteriormente se sumaron otros dos, botados en 2002 y 2003. El dilema ahora es acometer una reparación que será muy costosa o prescindir del Turia y quedarse con un cazaminas menos, sabiendo que pueden pasar décadas hasta que pueda ser sustituido.

El Turia chocó con una barrera de rocas que se extiende a lo largo de 15 kilómetros en paralelo a La Manga, a unos 200 metros de la orilla, tan conocida por marineros y pescadores que hasta la han bautizado con un nombre propio: La Barrica.

Los buques de guerra tienen casco de acero, pero los cazaminas están hechos de fibra de vidrio y poliéster, para evitar la atracción magnética de las minas, por lo que el fondo del barco se rasgó abriendo vías de agua que se fueron agrandando con las sacudidas del temporal. El comandante consiguió evitar lo peor, que el buque se hundiera, y mandó evacuar a la tripulación no imprescindible (40 personas en total), mientras se preparaba el trasvase del combustible para evitar un vertido.

La Armada contrató a la empresa Ardentia Marine que estabilizó el Turia, mediante flotadores, para trasladarlo el pasado día 3 hasta los astilleros de Navantia en Cartagena (Murcia), remolcado por el buque Mastelero de Salvamento Marítimo.

También se ha contratado a una firma de ingeniería para que evalúe los daños sufridos por el cazaminas y el coste de su eventual reparación. Aunque varios compartimentos bajo cubierta resultaron inundados, fuentes de la Armada aseguran que muchos equipos están intactos y otros son recuperables. Distinta es la situación del casco. Técnicamente es posible sellar sus múltiples agujeros; otra cosa es garantizar la robustez que requiere un casco diseñado para soportar explosiones de minas. Finalmente, habrá que sopesar si el coste compensa reparar un buque que fue entregado a la Armada en 2000 y lleva casi dos décadas de vida operativa.

La alternativa sería darlo de baja y canibalizarlo para emplear sus equipos como repuestos de los cinco cazaminas que quedarían en servicio.

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