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Tribuna
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La Organización Panamericana de la Salud del siglo XXI: un nuevo pacto por la salud para América y El Caribe

La pandemia nos enseñó que las relaciones comunitarias, locales, nacionales y transnacionales nos salvan y que la salud es sobre todas las cosas y, sobre todo, por encima del mercado

Una enfermera administra la vacuna contra la covid-19 a una niña en Santo Domingo (República Dominicana), en febrero de este año.
Una enfermera administra la vacuna contra la covid-19 a una niña en Santo Domingo (República Dominicana), en febrero de este año.ERIKA SANTELICES (AFP)

La salud es lo primero. Esta frase solo adquirió el sentido y la grandeza que merece después de dos años de pandemia global (2020-2021) en la que vivimos en carne propia, todos y todas, lo definitivo que puede ser el hecho de tener o no acceso a la salud pública. Prevención, atención, vacunas. Tres pasos que marcaron diferencias y aumentaron las desigualdades entre sectores sociales, ricos y pobres; entre hombres y mujeres y entre países.

Nuestra región latinoamericana respondió como pudo: con sistemas de salud fragmentados y, en muchos casos, debilitados debido a las últimas décadas de recortes.

Sin embargo, también pudimos rescatar esa otra parte de la experiencia que tuvo que ver con la resiliencia, el valor, la unidad, la generosidad y la entrega de las mujeres y hombres que forman parte de esa familia global que llamamos sistema público de salud: personal médico, de enfermería, paramédicos y limpieza de los hospitales y clínicas.

Toda esta vivencia puso en el centro la vida, las personas, la calidad de nuestra ciudadanía, la democracia y ese contrato social que nos sostiene y que nos conduce, más allá de gobiernos y de partidos, hacia un futuro de bienestar, convivencia y paz.

La pandemia nos dejó muchas enseñanzas y una de ellas es que la prevención es nuestra arma más poderosa, que las relaciones comunitarias, locales, nacionales y transnacionales nos salvan, y que la salud es, sobre todas las cosas y sobre todo por encima del mercado, un bien común, un patrimonio colectivo de bienes, servicios y saberes que debemos proteger.

Es tiempo de implementar lo que hemos aprendido de esta gran lección mundial. Es tiempo de decirnos y probarnos que no habrá vuelta atrás; que los sistemas de salud no pueden abandonarse ni a su suerte ni a la mano invisible del mercado; que no podemos ignorar la fuerza de la cooperación internacional regional ni tampoco desaprovechar esta oportunidad para actualizar, innovar y perfeccionar la Organización Panamericana de la Salud (OPS).

La OPS es un organismo vivo, conformado por cientos de valiosos y valiosas profesionales de la salud, comprometidos día a día con su avance y por asentarla, con toda solidez, al frente de este promisorio proyecto común que es la idea de una América y Caribe en el siglo XXI.

Y este proyecto común es un nuevo pacto por la salud universal que contiene tres elementos fundamentales: el fortalecimiento de los servicios de atención primaria de cobertura universal así como de salud mental y salud sexual y reproductiva; la construcción corresponsable de la autosuficiencia sanitaria, instalando y manteniendo capacidades para la innovación y regulación sanitaria en la región, listas para generar las soluciones a los retos presenten en el futuro; y tercero, trabajar entre todos por una OPS más eficaz, eficiente, transparente, inclusiva y versátil, con una proyección global dinámica dispuesta al diálogo con otras agencias, al tiempo que sea la voz de nuestra América y Caribe en la OMS.

El 28 de septiembre próximo tendrá lugar la elección que decidirá el rumbo de esta organización para los siguientes años. No es una elección más, México se suma a esta competida elección no solo para tener, por fin, la primera directora general mexicana del Organismo, sino porque contamos con una política exterior generosa, abierta y activa. Lo comprobamos durante la pandemia cuando donamos vacunas en periodos críticos, y cuando decidimos envasar dos biológicos en nuestro país.

Soy mexicana, mujer, médica y salubrista. Viví la pandemia como presidenta del Instituto Nacional de las Mujeres de México. Asumí este puesto 40 años después de haber estudiado medicina y dedicado mi carrera a la salud pública, la equidad de las mujeres y la cooperación internacional. Haber estado del lado de la sociedad civil, las agencias internacionales y ahora del gobierno me ha permitido construirme una mirada amplia, comprensiva e incluyente, capaz de ver el todo y no solo una parte del problema. Creo en la necesidad de escuchar y en nuestra humana capacidad de crecer con el diálogo.

Son tiempos de cambios, más que nunca. Estoy convencida de que ha llegado el momento de poner a la OPS en el siglo XXI y eso solo será posible con un liderazgo horizontal, dialogante, participativo, capaz de dominar el difícil arte de construir un futuro común por encima de los intereses particulares, considerando siempre la historia, los contextos y la diversidad cultural, política, económica, étnica y geográfica de nuestra región.

Una América unida, vinculada con el mundo, pero suficientemente fuerte como para mirar hacia dentro y dialogar en igualdad de condiciones con eso que conocemos como norte global. Rosario Castellanos, la gran escritora mexicana, nos dijo que “la emancipación significa, fundamentalmente, no una hazaña de la voluntad, no una prueba de la aptitud, no un alarde de la inteligencia, sino algo más difícil y más peligroso que todo eso: una proeza del equilibrio”.

Y con esta idea inspiradora en mente, con este dilema que es también la paradoja en la que vivimos diariamente las y los americanos y caribeños, quienes vemos la diferencia entre ser una suma de países o ser un proyecto colectivo, hago un llamado a construir juntos este nuevo pacto de la salud que ponga en el corazón de las políticas públicas sanitarias de la Región, la idea del derecho universal a la salud, a la calidad de vida y el bienestar recuperando la unidad y un destino común.

Nadine Gasman es candidata de México a la dirección de la OPS.

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