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México y Estados Unidos abren un nuevo tiempo para regular y humanizar la migración en su frontera

La Administración de Biden otorga 65.000 nuevas visas anuales para trabajadores y regula la llegada por avión de miles de personas

Crisis migratoria en la frontera México - EE UU
Migrantes venezolanos en busca de asilo, cruzan el río Bravo para entregarse a la patrulla fronteriza estadounidense, en Ciudad Juárez (México), el 6 de octubre.JOSE LUIS GONZALEZ (REUTERS)
Carmen Morán Breña

México y Estados Unidos han llegado a un acuerdo para organizar de una forma más humana y segura el paso de los migrantes a través de su frontera. A partir de hoy, Estados Unidos otorgará 65.000 nuevas visas anuales para trabajadores no agrícolas, 20.000 de las cuales irán destinadas a centroamericanos y haitianos. Por otro lado, siguiendo la experiencia exitosa con Ucrania, un cupo de 24.000 venezolanos podrán solicitar una entrada de carácter humanitario por vía aérea y siempre que tengan una persona regularizada de respaldo en Estados Unidos, pero sin pasar por México. De esta forma se trata de eliminar los riesgos de los viajes por tierra bajo el imperio de los coyotes y las penosas esperas en la frontera. La visita de Andrés Manuel López Obrador al país vecino y las múltiples conversaciones fructifican ahora en una relación laboral más fluida entre ambos países.

La frontera entre México y Estados Unidos es siempre una fuente de conflicto diplomático donde se juegan el bienestar y la vida cerca de dos millones de personas cada año. Más de dos millones de cruces anuales es la cifra que se maneja, es decir, no se trata exactamente de personas, sino de las veces que una misma lo puede intentar. La política migratoria del Gobierno de López Obrador es una de las cuestiones más calientes con su vecino al norte del río Bravo, sujeta a constantes tiras y aflojas en función de quién gobierna la Casa Blanca. En esta ocasión, con Joe Biden a la cabeza, las relaciones parecen haber limado tensiones anteriores. El mandatario no habla de ampliar o construir muros, ha dicho en alguna ocasión el presidente López Obrador de su homólogo estadounidense.

En las últimas reuniones bilaterales en suelo mexicano, ambas delegaciones se mostraron optimistas sobre la posibilidad de ampliar los flujos migratorios para el desempeño laboral en áreas tecnológicas y digitales, siempre con la vista puesta en China, la gran amenaza para los estadounidenses en estas materias. El nuevo esquema migratorio es todavía un ensayo cuyos resultados se irán analizando periódicamente.

Antony Blinken, secretario de Estado de EE UU, da la mano al canciller Marcelo Ebrard, durante una reunión bilateral en Ciudad de México, en octubre de 2021.
Antony Blinken, secretario de Estado de EE UU, da la mano al canciller Marcelo Ebrard, durante una reunión bilateral en Ciudad de México, en octubre de 2021.Anadolu Agency (Getty Images)

México continuará su política unilateral de recibir personas migrantes a través del Título 42 por razones humanitarias y permitirá, en el caso de los venezolanos que demuestren su entrada a México previa al día de hoy, que “puedan solicitar de manera ordenada su acceso a Estados Unidos”. Para el resto de migrantes, mexicanos o no, la buena noticia son las 65.000 visas no agrícolas que se añaden al paquete anual de cerca de 300.000 de toda clase.

El 12 de septiembre, Andrés Manuel López Obrador recibía en Palacio Nacional al secretario de Estado, Antony Blinken, y la secretaria de Comercio estadounidense, Gina Raimondo, en un encuentro que se interpretó como una puerta abierta a un cambio en las relaciones entre ambos países. Los mensajes fueron de cordialidad y buen entendimiento, incluso se sacaron de la conversación espinosos asuntos, como la política energética y las tensiones que está ocasionando en el marco del tratado comercia T-MEC. El Diálogo Económico de Alto Nivel tuvo ese día el anuncio de un intercambio de trabajo para la producción de semiconductores, energías limpias, automóviles eléctricos e internet seguro. Un enorme campo productivo para convertir América del Norte, en palabras de Antony Blinken, un gran mercado que no se vea a la sombra de China. “Aunque podamos tener problemas [con México], seguimos adelante para la integración de nuestras economías y construir la región más competitiva del mundo”, dijo ese día el secretario de Estado.

Las delegaciones se emplazaron entonces a futuras conversaciones en octubre. Las relaciones no siempre han sido fáciles, con independencia de quien se sentara en el despacho Oval. Solo ahora parece que ambos líderes han llegado a un entendimiento que está haciendo avanzar el siempre arduo asunto migratorio. El muro que recorre la frontera es un símbolo de las dificultades diplomáticas entre ambos territorios. No solo son cientos de miles los mexicanos que pretenden saltarlo, también es el lugar donde se estrellan las ilusiones de otros tantos latinoamericanos que atraviesan medio continente para hacinarse en la frontera, lo que ocasiona un evidente trastorno de calado humano y político a la Administración de López Obrador.

Una nota de prensa emitida este miércoles por la Secretaría de Relaciones Exteriores anuncia un nuevo enfoque “para una migración ordenada, segura, regular y humana en la región”. Estados Unidos, dice el comunicado, “ha respondido positivamente a la solicitud de México de aumentar la movilidad laboral en la región”.

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Sobre la firma

Carmen Morán Breña
Trabaja en EL PAÍS desde 1997 donde ha sido jefa de sección en Sociedad, Nacional y Cultura. Ha tratado a fondo temas de educación, asuntos sociales e igualdad. Ahora se desempeña como reportera en México.

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