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Jimmy Morales expulsa a la misión de la ONU contra la impunidad en Guatemala

El presidente y el jefe de la Comisión, que ha denunciado decenas de corruptelas, se habían enfrentado hace un año por investigar al círculo cercano del mandatario

El presidente Morales, durante un acto.
El presidente Morales, durante un acto. AP

Ha sorprendido el momento y la forma, pero no la decisión. Acorralado por los señalamientos de corrupción y con un proceso de desafuero en su contra promovido por la Fiscalía y la Comisión Internacional contra la Impunidad en Guatemala (CICIG), que lo acusan de financiamiento electoral ilícito cuando fungía como secretario general del partido que lo llevó al poder, el presidente de Guatemala, Jimmy Morales, anunció este viernes que no renovará el mandato de la Comisión, vigente hasta septiembre del año próximo.

En las horas previas al anuncio, vecinos de la sede de la CICIG denunciaron que durante la mañana vehículos artillados del Ejército pasaban de una manera amenazante frente a las instalaciones. A la hora de presentarse ante los medios de comunicación, el mandatario apareció rodeado de militares y policías para anunciar su decisión en tono enérgico.

Algunas señales, como el hecho de que esta misma semana se conformara en el Congreso la comisión para determinar si se daba luz verde al proceso para despojar de la inmunidad del mandatario, y que el sorteo no favoreciera a congresistas afines o dóciles al mandatario, habrían precipitado el anuncio.

En los días previos, medios progubernamentales y algunas redes sociales al servicio de lo que en Guatemala se conoce como el pacto de corruptos, intensificaron sus ataques tanto en contra del jefe de la misión, el colombiano Iván Velázquez, como de la comisión, sin que la campaña hiciera mayor daño al prestigio labrado por la CICIG, que de acuerdo a las últimas encuestas ronda el 70% de la aceptación de los guatemaltecos, mientras la imagen del mandatario está bajo mínimos (menos del 20%).

Una imagen muy pobre, que Morales pretende neutralizar con apariciones vestido de militar –algo que no hizo ni Otto Pérez, general del Ejército–, o acompañado por los pastores de su iglesia neopentecostal, los únicos apoyos visibles de un mandatario que en diciembre de 2016 fue elegido por una mayoría abrumadora.

En su carta a la ONU, Morales manifiesta: "La CICIG ha permanecido en el país por más de diez años, considerándose que a la fecha el mismo ha sido suficiente para que dicha comisión haya logrado el cumplimiento de los objetivos fundamentales del acuerdo". Al final, añade: "La CICIG dispone de un año para hacer la transferencia de capacidades técnicas a las instituciones estatales guatemaltecas que corresponde".

Hace un año, el mismo Morales se enfrentó al jefe de la CICIG, el colombiano Iván Velásquez, a quien amenazó con expulsar del país. Previamente, la CICIG había pedido desaforar a Morales por irregularidades en la financiación de la campaña que acabó con él en la presidencia. La comisión también ayudó en el proceso contra el hermano y un hijo de Morales por fraude.

“El presidente, obviamente, se siente acorralado y lo que ha hecho es la reacción lógica a esa sensación”, comenta Manfredo Marroquín, presidente de Acción Ciudadana (Transparencia Internacional). “Fue vergonzoso ver a un presidente rodeado solo por militares, en una clara señal de retroceso. Algo que evidencia que el único respaldo que le queda es el de los uniformados”.

Para el analista, pareciera que Morales no está consciente de que su decisión no afecta solo a Guatemala, porque los países del entorno ven la corrupción galopante que impera en este país como una amenaza regional. “Que la corrupción siga impune pareciera la gran aspiración de Jimmy Morales”, concluye.

“A nivel interno, la decisión de Morales provocará una inconformidad enorme, con manifestaciones masivas”, comenta Luis Linares, analista de la Asociación de investigación y Estudios Sociales (Asíes). “A nivel internacional el impacto puede ser gigantesco, especialmente cuando Estados Unidos ha reiterado su apoyo incondicional a la CICIG.

Para Linares existe el temor de que ante las manifestaciones de apoyo a la CICIG y de repudio a la medida del mandatario, el gobierno replique la represión violenta de Daniel Ortega en Nicaragua. Para el analista Edgar Celada, del Instituto de Problemas Nacionales de la Universidad de San Carlos (Ipnusac), la decisión de Morales es, por lo menos, preocupante. “Todos los indicios apuntan a un golpe de fuerza sin precedentes en la historia contemporánea de Guatemala. La rueda de prensa, rodeado de policías y militares, en medio de falsas noticias tendentes a crear un clima de terror, apuntan a eso”.

El universitario concluye que las consecuencias para el país pueden ser catastróficas A lo interno, apunta que puede producirse un desborde represivo de imprevisibles consecuencias. A nivel internacional y a falta de un pronunciamiento de la ONU la comunidad internacional está sorprendida de lo que es abiertamente el rompimiento del orden legal.

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