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COLUMNA

Unión para un cambio verdadero

Nadie se cree, ni dentro ni fuera de nuestras fronteras, el resultado de las elecciones del 15 de octubre

Niños esperan su turno para conseguir una sopa, en Caracas.
Niños esperan su turno para conseguir una sopa, en Caracas. AP

"Las palabras nunca alcanzan cuando lo que hay que decir desborda el alma", decía Julio Cortázar; y es que con todo lo amplio y maravilloso que es el diccionario hay emociones y sentimientos que no pueden describir lo que pasa en Venezuela.

Ningún venezolano hoy podría explicar cómo se siente frente a lo que vivimos, porque la realidad nos sobrepasa. Hace dos décadas llegaron con la boca llena de promesas y hoy la situación de nuestro país es peor que la que existía en 1998.

En Venezuela, la crisis de alimentos ha venido aumentando, llegando al punto de emergencia humanitaria. Semanalmente mueren entre 5 y 6 niños por desnutrición, y las proyecciones indican que pueden llegar a morir 280.000 niños por esta causa.

El déficit nutricional es del 70%. La desnutrición infantil grave llegó al 15% en el mes de agosto y 33% de la población infantil ya presenta retardo en el crecimiento.

Según la FAO, Venezuela es el país con más aumento en el número de subnutridos, personas mal alimentadas. En 2015 había 2,8 millones de personas con subnutrición y para 2016 esta cifra aumentó a 4,1 millones de personas.

El 80% de los 30 millones de venezolanos sólo comen dos veces al día, y la cantidad y calidad de los alimentos ha bajado debido a la escasez y la inflación, que se estima que este año 2017 cierre en 1.033%. Solo en el mes de julio hubo una inflación de 26%, imagínense, la inflación de un mes fue superior a la de Perú en los últimos 10 años.

Unos 4,5 millones de venezolanos comen una vez al día y a veces cada dos días, según un estudio de Cáritas. Y es que la Canasta Básica Familiar cuesta 4 millones de bolívares, mientras el sueldo mínimo es de 136.500 bolívares; solo alcanza para adquirir el 3,4% de los productos. No en vano cada vez vemos más venezolanos comiendo de la basura.

El 81,8% de los hogares en Venezuela viven en pobreza, de los cuales 51,51% sobrevive en condiciones extremas. En resumen, hemos retrocedido a las cifras de 1998, y las enfermedades nos retrocedieron a la Venezuela de los años 40, repuntando los casos de malaria, tuberculosis, difteria y lepra.

Desde la Unidad Democrática hemos reconocido esos problemas y hemos insistido en el mundo entero en la apertura de un canal humanitario para alimentos y medicinas. Venezuela lo necesita. Por eso es descabellado pensar que los venezolanos convalidan esta dictadura y menos que Maduro goza de respaldo o ganó unas elecciones ¿Quién se cree que el cuento que el país con la inflación y escasez más alta del planeta, su gobierno y responsable de la crisis, cuente con respaldo popular y electoral?

Los demócratas debemos colocar el bien del país por encima de los intereses personales o partidistas. Los partidos políticos son la representación de una sociedad democrática organizada y la política debe servir para hacer posible lo imposible. Esa es la política que merecemos los venezolanos, la del servir a los demás por convicción. Por eso luchamos cada día, por eso seguimos adelante.

América Latina no puede retroceder en el siglo XXI para tener regímenes comunistas, pero los venezolanos estamos secuestrados por la casta madurista que desconoce la Constitución y las leyes.

Quienes conformamos la Unidad ganamos en 2015 con amplio margen en las elecciones del Parlamento. A partir de allí han colocado cada vez más trabas y trampas, buscando además seguir aprovechándose de la necesidad de quien no tiene un plato de comida para sus hijos.

Tras las protestas de miles de venezolanos en las calles quisieron bajar la presión con el invento del fraude Constituyente, porque no encontraron apoyo ni en los venezolanos y ni en la comunidad internacional. Gracias a esa presión logramos que se convocaran las elecciones regionales y participamos en las peores circunstancias. Nuestra participación permitió demostrar una vez más los tentáculos del régimen y los alcances del fraude.

Frente a lo que vive Venezuela, hoy más que nunca debe haber grandeza y conducción por parte de quienes tenemos liderazgo. Nadie se cree, ni dentro ni fuera de nuestras fronteras, el resultado del 15 de octubre bajo esta situación que vive el país.

Pero los venezolanos tenemos la oportunidad de construir una nueva Unidad, con principios, que dé respuestas; una Unidad que ponga a Venezuela por encima de todo. Y en esa línea, para nosotros, los que creemos en un verdadero cambio, nos resulta inaceptable que alguien vengan a convalidar o subordinarse a los responsables del desastre. La Constituyente es fraudulenta, inconstitucional, espuria, y por tanto la Unidad debe mantener sus principios, como lo hizo el Gobernador electo por el estado Zulia, porque solo así lograremos tener unas condiciones democráticas que nos permitan salir de esta desgracia que representa el madurismo. Así que no hay división, hay una reafirmación de quienes vemos en la Unidad la posibilidad de un cambio y no la defensa de unos pocos intereses o cargos.

Henrique Capriles es un político venezolano, inhabilitado durante 15 años por el régimen de Maduro.