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Tillerson reconoce que la actitud de Moscú es “peligrosa” pero defiende el diálogo

El nominado a secretario de Estado se desmarca de Trump sobre el cambio climático y el TPP

El próximo secretario de Estado Rex Tillerson.
El próximo secretario de Estado Rex Tillerson. AP

Rex Tillerson reconoció este miércoles que la actitud internacional de Rusia constituye un “peligro” y que los aliados de la OTAN hacen bien en sentirse “alarmados” por la política de Moscú sobre Ucrania o Siria. También calificó de “problemática” su responsabilidad en los ciberataques electorales estadounidenses. Aun así, el nominado como jefe de la diplomacia de Donald Trump, a quien lastran sus fuertes lazos con Rusia cuando dirigía ExxonMobil, defendió abrir el diálogo con un Moscú al que, dijo, es mejor tenerlo como amigo que como adversario ante retos compartidos como el terrorismo del ISIS.

“El diálogo es clave. Tenemos que conseguir que Rusia pase de ser siempre un adversario a que, en algunos momentos, se convierta en un aliado, aunque en otras cosas siempre seremos adversarios”, resumió Tillerson su propuesta de actuación ante una Rusia que en todo caso, subrayó, “debe responder por sus acciones”.

Tillerson recurrió a la famosa receta de otro presidente estadounidense, Teddy Roosevelt, para definir su estrategia ante Moscú: hablar suavemente, pero con un garrote en la mano. “En diplomacia, es útil tener un buen palo en la mano, aunque no lo utilices”, agregó.

El principal problema de Tillerson durante la primera audiencia de confirmación como secretario de Estado en el Senado, que continuará este jueves, fue el que le ha acosado desde que Trump lo nombró: sus estrechos lazos con Rusia y con su presidente, Vladímir Putin. En un intento de distanciarse, el ex alto ejecutivo reconoció que las conclusiones del informe de las agencias de inteligencia que señalan a Rusia son “claramente problemáticas” y consideró una “asunción justa” responsabilizar de ellos a Putin, como le pidió el senador republicano Marco Rubio, uno de los más duros durante la audiencia. A lo que Tillerson sí se negó es a declarar al presidente ruso un “criminal de guerra” por sus acciones en Chechenia o Alepo, como pretendía el senador por Florida. Tampoco quiso comprometerse en firme a mantener la última tanda de sanciones impuestas por la Administración Obama contra Rusia por los ciberataques.

En el difícil equilibrio que Tillerson intentó mantener, reconoció la amenaza que suponen algunas acciones rusas. “Nuestros aliados de la OTAN tienen razón cuando se alarman ante la renaciente Rusia”, admitió. Y se desmarcó de Trump al calificar el Artículo 5 como una obligación vinculante.

Aun así, Tillerson insistió en la necesidad de intentar un “diálogo abierto y franco” con Rusia, sobre para resolver frentes comunes, como “la amenaza global del terrorismo”. Porque el “islam radical”, según resaltó en su presentación, es hoy en día una de las mayores amenazas para EE UU y el mundo, junto con Corea del Norte o Irán.

En este sentido, Tillerson dijo que recomendaría una “revisión completa” del acuerdo nuclear alcanzado por Obama en 2015, aunque no lo rechazó de forma contundente, como ha hecho Trump. También marcó distancias en temas como el cambio climático, cuyo “riesgo” reconoció aunque dijo que es muy difícil de predecir, o con el acuerdo comercial TPP, que no rechazó de forma tajante como el presidente electo.

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