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La hora del compadre de Peña Nieto

El presidente mexicano nombra a Luis Miranda, su amigo, secretario de Desarrollo Social

Luis Enrique Miranda (d), nuevo secretario de Desarrollo Social en México.
Luis Enrique Miranda (d), nuevo secretario de Desarrollo Social en México.

Enrique Peña Nieto se despidió este miércoles de uno de los hombres más cercanos a su Gobierno. Mientras el presidente decía adiós a Luis Videgaray, el secretario de Hacienda que presentó su dimisión, daba también la bienvenida al gabinete a uno de su colaboradores más cercanos. Luis Enrique Miranda ha dejado las sombras y ha tomado el timón de la secretaría de Desarrollo Social, una cartera fundamental para los dos últimos años que encarará la Administración. El 2017 con las elecciones del Estado de México, el grupo donde surgió el núcleo político del presidente y el 2018 con las presidenciales.

Miranda es el principal operador político del presidente junto a Miguel Ángel Chong, el secretario de Gobernación (Interior). A diferencia de Osorio, Miranda es de los pocos hombres del Gobierno que conoce al Peña Nieto de carne y hueso y su faceta más personal. La amistad y la trayectoria política los une desde hace varios años.

Cuando el presidente acude al club de golf de Ixtapan de la Sal el Estado Mayor impide al resto de socios utilizar el campo. A esas escapadas en fines de semana lo acompañaban con mucha regularidad dos hombres: Videgaray y Miranda. Solo ellos, y en algunas ocasiones invitados especiales, escuchaban las opiniones más personales y distendidas que el mandatario da en el green.

La trayectoria política de Miranda, como la de Peña Nieto, nació en el Estado de México. Proviene de una familia de abogados. Su padre, Luis Miranda Cardozo, fue presidente del Tribunal Superior de Justicia de esa entidad. Fue él quien hizo las gestiones para que su hijo, un abogado de una Universidad local, la Isidro Fabela, comenzara a trabajar en el Gobierno de Arturo Montiel (1999-2005). En los seis años de mandato de este polémico gobernador, acusado de enriquecimiento inexplicable, Miranda fue escalando posiciones. Comenzó como director jurídico, pasó a ser subsecretario de Asuntos Jurídicos y finalmente se convirtió en el secretario de Administración y Finanzas. La PGR, la fiscalía general, lo investigó en 2005 por ser presunto prestanombres de Montiel, que tenía 123 propiedades en el Estado de México.

Montiel fue relevado por un sobrino lejano, Enrique Peña Nieto. En 2006, Miranda buscó suerte fuera de las oficinas gubernamentales y buscó ser alcalde de Toluca, la capital del Estado de México, un bastión histórico del PRI. Sin embargo, el aspirante del PAN lo derrotó en las elecciones. A pesar de esto, Peña Nieto lo llamó a su gobierno y lo hizo subsecretario de Gobierno en 2007. Estuvo dos años en esa posición hasta que logró ascender a secretario. Así se convirtió en el número dos del gobernador Peña Nieto.

Miranda ha demostrado que se siente cómodo trabajando lejos de los reflectores. En la candidatura presidencial de Peña Nieto fue relegado a una posición secundaria, la de vicecoordinador político, por detrás de Osorio Chong. Esto no le importó porque muchos de sus interlocutores sabían que él tenía el oído del candidato ganador. Cuando llegó al poder, Peña Nieto lo nombró subsecretario de Gobernación, encargo que tuvo por casi cuatro años.

Hoy la historia es diferente. La crisis que abrió en el Gobierno la reunión con Donald Trump ha llevado al presidente a rodearse con los suyos a pesar de haber perdido a su brazo derecho. Miranda ha dejado las sombras y tendrá que demostrar lo que puede hacer por su amigo en el campo de batalla político.

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