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Diez libros de esta semana

Carlos Manuel Álvarez, Leonardo Padura, Luis Loayza y Laura Ferrero, entre los autores destacados

  • Cuando afrontó, en 1953, su propia defensa en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro remató su alegato desdeñando cualquier condena. La sentencia le daba igual, pues ya había asumido que su redención no era competencia de los tribunales. Por IVÁN DE LA NUEZ
    1Cambiando La Historia por historias Cuando afrontó, en 1953, su propia defensa en el juicio por el asalto al Cuartel Moncada, Fidel Castro remató su alegato desdeñando cualquier condena. La sentencia le daba igual, pues ya había asumido que su redención no era competencia de los tribunales. Por IVÁN DE LA NUEZ Ir a noticia
  • Luis Loayza (Lima, 1934), Lucho para los amigos. La reciente edición de Otras tardes me induce a hablar de un autor al que siempre se califica de poco conocido, lo que hoy no se sostiene ya. En 2009 la limeña Universidad de San Marcos publicó Para leer a Luis Loayza, y en 2010 la Universidad Ricardo Palma recogió en dos gruesos volúmenes su obra casi completa. Vargas Llosa, en 2011, escribió en este periódico un espléndido artículo sobre el segundo de ellos (Ensayos). Y una frase se me quedó grabada: “Loayza es uno de los grandes prosistas de nuestra lengua y estoy seguro de que tarde o temprano será reconocido como tal”. Por MIGUEL SÁENZ
    2El escritor que ha leído todos los libros Luis Loayza (Lima, 1934), Lucho para los amigos. La reciente edición de Otras tardes me induce a hablar de un autor al que siempre se califica de poco conocido, lo que hoy no se sostiene ya. En 2009 la limeña Universidad de San Marcos publicó Para leer a Luis Loayza, y en 2010 la Universidad Ricardo Palma recogió en dos gruesos volúmenes su obra casi completa. Vargas Llosa, en 2011, escribió en este periódico un espléndido artículo sobre el segundo de ellos (Ensayos). Y una frase se me quedó grabada: “Loayza es uno de los grandes prosistas de nuestra lengua y estoy seguro de que tarde o temprano será reconocido como tal”. Por MIGUEL SÁENZ Ir a noticia
  • Silencio tras el telón del sueño ofrece dos de los rasgos que han caracterizado la obra narrativa de Mariano Antolín Rato (Gijón, 1943): la experimentación formal que guio las primeras novelas de gran parte de los escritores que, como él, iniciaban su andadura hacia 1970, y la voluntad de trazar, en sucesivos títulos, una crónica generacional y una revisión crítica de su tiempo, patente en el ciclo que inauguraba Mar desterrado (1988), continuaba Abril Blues (1990) —­centradas en la década de los ochenta— y seguía Botas de cuero español (1995), que afrontaba los años noventa y los vaivenes sobrevenidos en los personajes de aquella generación al sesgo del rumbo que en España tomaba la vida política y la propia sociedad. Por ANA RODRÍGUEZ FISCHER
    3Crónica generacional Silencio tras el telón del sueño ofrece dos de los rasgos que han caracterizado la obra narrativa de Mariano Antolín Rato (Gijón, 1943): la experimentación formal que guio las primeras novelas de gran parte de los escritores que, como él, iniciaban su andadura hacia 1970, y la voluntad de trazar, en sucesivos títulos, una crónica generacional y una revisión crítica de su tiempo, patente en el ciclo que inauguraba Mar desterrado (1988), continuaba Abril Blues (1990) —­centradas en la década de los ochenta— y seguía Botas de cuero español (1995), que afrontaba los años noventa y los vaivenes sobrevenidos en los personajes de aquella generación al sesgo del rumbo que en España tomaba la vida política y la propia sociedad. Por ANA RODRÍGUEZ FISCHER Ir a noticia
  • En un tiempo en el que la opinión es gratis —cuando no gratuita— y la información va camino de convertirse en artículo de lujo, un libro como Cuba en la encrucijada es una mina de oro. La periodista argentina Leila Guerriero ha reunido 12 textos —crónica, ensayo, memoria— firmados por autores de dentro y fuera de la isla para trazar el retrato poliédrico de un lugar tradicionalmente dibujado con brocha gorda: infierno o paraíso. Carlos Manuel Álvarez, Jon Lee Anderson, Vladimir Cruz, Iván de la Nuez, Patricia Engel, Patricio Fernández, Rubén Gallo, Francisco Goldman, Wendy Guerra, Abraham Jiménez Enoa, Leonardo Padura y Mauricio Vicent describen un país marcado tanto por el Periodo Especial de los años noventa —eufemismo para la dura crisis que siguió a la caída de la URSS— como por la visita de Obama o la muerte de Fidel Castro (uno de cuyos últimos empeños fue poner freno a la euforia desatada por la visita del presidente estadounidense). Por JAVER RODRÍGUEZ MARCOS
    4Cuba, libre de maniqueos En un tiempo en el que la opinión es gratis —cuando no gratuita— y la información va camino de convertirse en artículo de lujo, un libro como Cuba en la encrucijada es una mina de oro. La periodista argentina Leila Guerriero ha reunido 12 textos —crónica, ensayo, memoria— firmados por autores de dentro y fuera de la isla para trazar el retrato poliédrico de un lugar tradicionalmente dibujado con brocha gorda: infierno o paraíso. Carlos Manuel Álvarez, Jon Lee Anderson, Vladimir Cruz, Iván de la Nuez, Patricia Engel, Patricio Fernández, Rubén Gallo, Francisco Goldman, Wendy Guerra, Abraham Jiménez Enoa, Leonardo Padura y Mauricio Vicent describen un país marcado tanto por el Periodo Especial de los años noventa —eufemismo para la dura crisis que siguió a la caída de la URSS— como por la visita de Obama o la muerte de Fidel Castro (uno de cuyos últimos empeños fue poner freno a la euforia desatada por la visita del presidente estadounidense). Por JAVER RODRÍGUEZ MARCOS Ir a noticia
  • En forma de carta a su hija, el economista Lluís Boada se dirige a los jóvenes para explicarles la economía como algo inseparable de las humanidades y con la intención de desentrañar las contradicciones de un sistema capitalista —en el que se desarrollan esos jóvenes— que da señales palpables de agotamiento. El capitalismo actual encierra una paradoja trágica: ser el único sistema validado como efectivo en la sociedad moderna y, al mismo tiempo, ser el causante de un deterioro moral, medioambiental, económico, político y cultural que lo conducen a su colapso final. Por JOAQUÍN ESTEFANÍA
    5La economía enfermiza En forma de carta a su hija, el economista Lluís Boada se dirige a los jóvenes para explicarles la economía como algo inseparable de las humanidades y con la intención de desentrañar las contradicciones de un sistema capitalista —en el que se desarrollan esos jóvenes— que da señales palpables de agotamiento. El capitalismo actual encierra una paradoja trágica: ser el único sistema validado como efectivo en la sociedad moderna y, al mismo tiempo, ser el causante de un deterioro moral, medioambiental, económico, político y cultural que lo conducen a su colapso final. Por JOAQUÍN ESTEFANÍA Ir a noticia
  • Resulta evidente que Leonardo Padura no quiere que su famoso detective sea uno más. Siempre quiere darle un sello personal a Mario Conde. Y lo logra a pesar de lo mucho que a veces nos recuerda a Sam Spade y a Philip Marlowe. Lo dotó de una faena para sobrevivir conectada con el orbe libresco. Tampoco descuidó su capacidad empática con su contexto social y político, una manera, también, de rendir homenaje a los clásicos de la novela negra americana. Ahora llega La transparencia del tiempo. Aquí está Mario Conde, como enclaustrado entre las cuatro paredes de la húmeda La Habana, con su chucho, sus visitas a la novia-amante de casi toda su vida, sus roces ideológicos con el régimen poscastrista y su endémica desilusión. En este sentido nada nuevo, aunque sí la sensación de que los años le caen sin remisión, además de unas ocasionales ganas de escribir. Nada nuevo, aunque con algunos matices. Por J. ERNESTO AYALA-DIP
    6Perdido en el tiempo Resulta evidente que Leonardo Padura no quiere que su famoso detective sea uno más. Siempre quiere darle un sello personal a Mario Conde. Y lo logra a pesar de lo mucho que a veces nos recuerda a Sam Spade y a Philip Marlowe. Lo dotó de una faena para sobrevivir conectada con el orbe libresco. Tampoco descuidó su capacidad empática con su contexto social y político, una manera, también, de rendir homenaje a los clásicos de la novela negra americana. Ahora llega La transparencia del tiempo. Aquí está Mario Conde, como enclaustrado entre las cuatro paredes de la húmeda La Habana, con su chucho, sus visitas a la novia-amante de casi toda su vida, sus roces ideológicos con el régimen poscastrista y su endémica desilusión. En este sentido nada nuevo, aunque sí la sensación de que los años le caen sin remisión, además de unas ocasionales ganas de escribir. Nada nuevo, aunque con algunos matices. Por J. ERNESTO AYALA-DIP Ir a noticia
  • Durante décadas, la falta de desarrollo de la industria editorial brasileña ha llevado a los mejores escritores del país hacia las columnas de periódico. Las crónicas, nombre que reciben estas piezas destinadas a un consumo efímero, son posiblemente la forma más popular de literatura en el gigante sudamericano. Y entre los que han contribuido más a labrar la reputación del género está Rubem Braga (1913-1990), quien siempre se consideró más periodista que literato. “No soy hombre de inventar cosas, sino de contarlas”. El estilo de Braga, sucinto pero cargado de lirismo, se adapta perfectamente al medio, y la delicada traducción de Ana María Carvajal Hoyos lo refleja de forma correcta. En tres magistrales párrafos, en la crónica ‘El pavo real’, Braga explica el objetivo y la clave de su literatura: “El lujo del gran artista es alcanzar el máximo de matices con el mínimo de elementos”. Por THIAGO FERRER MORINI
    7Lo máximo con lo mínimo Durante décadas, la falta de desarrollo de la industria editorial brasileña ha llevado a los mejores escritores del país hacia las columnas de periódico. Las crónicas, nombre que reciben estas piezas destinadas a un consumo efímero, son posiblemente la forma más popular de literatura en el gigante sudamericano. Y entre los que han contribuido más a labrar la reputación del género está Rubem Braga (1913-1990), quien siempre se consideró más periodista que literato. “No soy hombre de inventar cosas, sino de contarlas”. El estilo de Braga, sucinto pero cargado de lirismo, se adapta perfectamente al medio, y la delicada traducción de Ana María Carvajal Hoyos lo refleja de forma correcta. En tres magistrales párrafos, en la crónica ‘El pavo real’, Braga explica el objetivo y la clave de su literatura: “El lujo del gran artista es alcanzar el máximo de matices con el mínimo de elementos”. Por THIAGO FERRER MORINI Ir a noticia
  • Me situé de inmediato en la isla. Y vi la casa familiar que ya no les pertenecía. Esa casa en Ibiza que daba a la playa de la Xanga, donde Laura, la narradora, vacía en el mar el contenido de una pequeña caja roja que lleva consigo. O tal vez esto ocurriera más tarde. Y sí, pensé que esta era una historia que me atrapaba desde el inicio y que decía de una familia que ya no se relacionaba como tal. Una madre ausente que había pintado una serie de lienzos titulada Los olvidados; un padre cuyo libro Todo es una isla señalaba los límites del horizonte y que también marcaba esas cotas entre él y los demás. Ese hermano pequeño, adolescente y joven que mediante las escalas de la memoria se iba perfilando en la novela. Y estaba ella, Laura, escribiendo, contándonos. Además de algún otro personaje influyente que les iba a acompañar en ese viaje. Por MARÍA JOSÉ OBIOL
    8La culpa y el rencor Me situé de inmediato en la isla. Y vi la casa familiar que ya no les pertenecía. Esa casa en Ibiza que daba a la playa de la Xanga, donde Laura, la narradora, vacía en el mar el contenido de una pequeña caja roja que lleva consigo. O tal vez esto ocurriera más tarde. Y sí, pensé que esta era una historia que me atrapaba desde el inicio y que decía de una familia que ya no se relacionaba como tal. Una madre ausente que había pintado una serie de lienzos titulada Los olvidados; un padre cuyo libro Todo es una isla señalaba los límites del horizonte y que también marcaba esas cotas entre él y los demás. Ese hermano pequeño, adolescente y joven que mediante las escalas de la memoria se iba perfilando en la novela. Y estaba ella, Laura, escribiendo, contándonos. Además de algún otro personaje influyente que les iba a acompañar en ese viaje. Por MARÍA JOSÉ OBIOL Ir a noticia
  • Susan Sontag y W. G. Sebald ya aclamaron a László Krasznahorkai señalando el ascendiente de Gogol en su obra. Alrededor de 30 años antes de que publicara Y Seiobo descendió a la Tierra, una de sus mejores novelas, y antes de que recibiera el Man Booker International, Krasznahorkai deslumbró con Tango satánico (1985), su ópera prima, un libro extraño que relata la convivencia y la connivencia de un puñado de seres humanos confinados en una tierra desapacible y condenados a una vida miserable en la que el apocalipsis es un hecho cotidiano. Futaki, Schmidt, la señora Halics o Irimiás, tipos lerdos, cojos, taimados, sobreviven a la vana esperanza y a la certeza del mal augurio. Conversan, discuten y se desplazan dentro de los límites de “la explotación”, el espacio mítico que el narrador construye para recluir a sus personajes, una Yoknapatawpha más lluviosa y claustrofóbica en la que se procede con sigilosa precaución, cercana al mundo del Buzzati de El desierto de los tártaros, con el que también comparte la creación de espacios físicos remotos y malsanos. Se advierten trazas de humor kafkiano y, habida cuenta del ambiente enrarecido y absurdo, más de un lector pensará en el Beckett de Molloy. Por JAVIER APARICIO MAYDEU
    9Un contubernio burlesco Susan Sontag y W. G. Sebald ya aclamaron a László Krasznahorkai señalando el ascendiente de Gogol en su obra. Alrededor de 30 años antes de que publicara Y Seiobo descendió a la Tierra, una de sus mejores novelas, y antes de que recibiera el Man Booker International, Krasznahorkai deslumbró con Tango satánico (1985), su ópera prima, un libro extraño que relata la convivencia y la connivencia de un puñado de seres humanos confinados en una tierra desapacible y condenados a una vida miserable en la que el apocalipsis es un hecho cotidiano. Futaki, Schmidt, la señora Halics o Irimiás, tipos lerdos, cojos, taimados, sobreviven a la vana esperanza y a la certeza del mal augurio. Conversan, discuten y se desplazan dentro de los límites de “la explotación”, el espacio mítico que el narrador construye para recluir a sus personajes, una Yoknapatawpha más lluviosa y claustrofóbica en la que se procede con sigilosa precaución, cercana al mundo del Buzzati de El desierto de los tártaros, con el que también comparte la creación de espacios físicos remotos y malsanos. Se advierten trazas de humor kafkiano y, habida cuenta del ambiente enrarecido y absurdo, más de un lector pensará en el Beckett de Molloy. Por JAVIER APARICIO MAYDEU Ir a noticia
  • La tentación más humillante de esta nota consiste en transcribir las palabras del propio Margarit en el luminoso epílogo a Un hivern fascinant  Un asombroso invierno. No han hecho demasiado caso los muchos lectores de su poesía a las prosas que agrupó en Un mal poema ensucia el mundo, publicado por Arpa hace un par de años, pero la decantación reflexiva de sus convicciones líricas removerían al lector, lo auxiliarían incluso en forma de estímulo exaltante. Entendería mejor y desecharía otra tentación que conspira contra su poesía, y algo más boba, porque predice su presunta obviedad de emoción. Quizá lo que pasa de veras es que ocurren demasiadas cosas en sus versos, y hasta para leer a los buenos poetas hay que atreverse con uno mismo y saber desdeñar infantilismos gratificantes como la “indignitat d’exagerar records” o, más ruin todavía, idealizar la importancia de los propios deseos (para hacerse enseguida poeta llorón y desengañado por esquinas solitarias de ciudades desoladas). Por JORDI GRACIA
    10Las temperaturas del frío La tentación más humillante de esta nota consiste en transcribir las palabras del propio Margarit en el luminoso epílogo a Un hivern fascinant / Un asombroso invierno. No han hecho demasiado caso los muchos lectores de su poesía a las prosas que agrupó en Un mal poema ensucia el mundo, publicado por Arpa hace un par de años, pero la decantación reflexiva de sus convicciones líricas removerían al lector, lo auxiliarían incluso en forma de estímulo exaltante. Entendería mejor y desecharía otra tentación que conspira contra su poesía, y algo más boba, porque predice su presunta obviedad de emoción. Quizá lo que pasa de veras es que ocurren demasiadas cosas en sus versos, y hasta para leer a los buenos poetas hay que atreverse con uno mismo y saber desdeñar infantilismos gratificantes como la “indignitat d’exagerar records” o, más ruin todavía, idealizar la importancia de los propios deseos (para hacerse enseguida poeta llorón y desengañado por esquinas solitarias de ciudades desoladas). Por JORDI GRACIA Ir a noticia