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Rey solo hay uno

Conviene recordar una anécdota del rey Juan Carlos I que hoy conserva todo su significado

El rey Juan Carlos I saluda a su hijo Felipe durante el acto de abdicación el 18 de junio de 2014.

Cuentan que un presidente de comunidad autónoma, tras recibir la visita del entonces príncipe de Asturias a su comunidad, telefoneó al Rey para comentar lo bien que había resultado todo. Como expresión de lealtad a la Corona, se despidió de don Juan Carlos diciéndole que había tratado a su hijo como si fuera Rey. El entonces Rey no ocultó su incomodidad por lo que acababa de escuchar y respondió a su interlocutor con una verdadera clase magistral sobre el asunto. “Te recuerdo”, le dijo, “que Rey solo hay uno”.

Con motivo del 80º cumpleaños de don Juan Carlos, merece la pena rescatar una anécdota que conserva todo su significado. De hecho, aunque don Juan Carlos retenga la condición de Rey emérito, ha podido comprobar que, en realidad, jefe de Estado solo hay uno; y él ya no lo es. Precisamente bajo esta máxima ha trabajado la Casa del Rey desde que Felipe VI asumió su nueva responsabilidad.

Más allá de la polémica del caso particular, a nadie se le escapa el desafío que implicaba para los equipos de Zarzuela armonizar, tras un proceso de abdicación, la agenda pública de quien había sido Rey con la del que se había convertido en el nuevo Rey, en uno de los momentos más críticos para la propia institución. Hacer creíble el compromiso que asumió Felipe VI, una Monarquía renovada para un tiempo nuevo, exigía consolidar el armazón sobre el que se legitimaría su propio reinado, pero también acelerar el proceso de olvido sobre aquellos momentos menos honrosos del reinado de su padre. Solo así concurrirían las condiciones adecuadas para plantear cualquier conmemoración de una etapa en la que, sin duda, también se acumulan momentos significativos para reivindicar como éxitos de nuestra historia reciente.

Los últimos cuatro años han servido a este doble propósito y ello hace posible que el 80 cumpleaños de don Juan Carlos inaugure un año de celebraciones, aprovechando también el 40 aniversario de la Constitución de 1978. El desafío es importante ya que, solo si la programación se diseña bien, será una reivindicación colectiva de utilidad y no un vano ejercicio de melancolía. En suma, nos encontramos ante un reto que pondrá a prueba, otra vez, nuestras capacidades para hacer del diálogo y la negociación la fórmula que garantice nuevos espacios de convivencia dentro de la ley.

Dicen los que conocen a don Juan Carlos que en los últimos años reclamaba para sí poder hacer aquello que mejor se acomodaba a sus deseos y no tanto lo que era requerido en el marco de su responsabilidad institucional. Creía que se lo había ganado gracias a sus años de servicio a España. Era una aspiración humanamente entendible, pero difícil de asumir en aquel momento por resultar incompatible con su condición de titular de la Corona. Ahora nada impide que su vida se parezca a la que imaginó durante estos últimos años. Quién sabe si, en realidad, es este el verdadero reconocimiento que don Juan Carlos espera poder recibir durante este año de celebraciones.

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