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Ocho libros de esta semana

António Lobo Antunes, Ariana Harwicz y Jirí Kratochvil, entre los autores destacados

  • Memoria de elefante (1979), la ópera prima de Lobo Antunes, premio Camões 2007 y uno de los narradores más rotundos y perseverantes del último medio siglo, transcurre a lo largo de un día y de una noche de crisis existencial de un psiquiatra que, como Lobo, desea en realidad consagrarse a la escritura. “A escrita é a vida, e a vida a escrita: a vida é texto” (ColóquioLetras, julio de 1981), y sus obras no han hecho sino ratificar esta aseveración convirtiéndose en la funesta crónica ininterrumpida de la vida propia y de las ajenas, con frecuencia confundidas a propósito y siempre reflejo de una existencia atormentada por el sufrimiento, errabunda por falta de asideros, contradictoria y maldita, por la que deambulan las voces narrativas tratando de aplacar con sus discursos la ira de su destino aciago y, si acaso, exonerarse cuando algunos hallazgos debidos a la evocación iluminan la noche oscura del alma. Por JAVIER APARICIO MAYDEU
    1Retrato de mujer con familia en ruinas Memoria de elefante (1979), la ópera prima de Lobo Antunes, premio Camões 2007 y uno de los narradores más rotundos y perseverantes del último medio siglo, transcurre a lo largo de un día y de una noche de crisis existencial de un psiquiatra que, como Lobo, desea en realidad consagrarse a la escritura. “A escrita é a vida, e a vida a escrita: a vida é texto” (Colóquio/Letras, julio de 1981), y sus obras no han hecho sino ratificar esta aseveración convirtiéndose en la funesta crónica ininterrumpida de la vida propia y de las ajenas, con frecuencia confundidas a propósito y siempre reflejo de una existencia atormentada por el sufrimiento, errabunda por falta de asideros, contradictoria y maldita, por la que deambulan las voces narrativas tratando de aplacar con sus discursos la ira de su destino aciago y, si acaso, exonerarse cuando algunos hallazgos debidos a la evocación iluminan la noche oscura del alma. Por JAVIER APARICIO MAYDEU Ir a noticia
  • Aún se producen combates en el norte de la ciudad checoslovaca de Brno; los escombros se acumulan en las calles, los muertos son tan numerosos que se los entierra incluso en los parques, hay hambre, no ha regresado el suministro eléctrico y las noches “son negras igual que las conciencias de los colaboracionistas”: a finales de abril de 1945 se ha instalado en Brno “el tiempo cero”, ese momento “en el que nada, ni grande ni pequeño, está aún decidido”. Por PATRICIO PRON
    2Mejor que antes, mejor que después Aún se producen combates en el norte de la ciudad checoslovaca de Brno; los escombros se acumulan en las calles, los muertos son tan numerosos que se los entierra incluso en los parques, hay hambre, no ha regresado el suministro eléctrico y las noches “son negras igual que las conciencias de los colaboracionistas”: a finales de abril de 1945 se ha instalado en Brno “el tiempo cero”, ese momento “en el que nada, ni grande ni pequeño, está aún decidido”. Por PATRICIO PRON Ir a noticia
  • Conocido en España por la novela Saliendo de la estación de Atocha (Mondadori, 2013) y por la excelente antología poética Elegías Doppler (Kriller71, 2015), Ben Lerner (Kansas, 1979) se presenta ahora como ensayista. El odio a la poesía es un discurso con una evidente vocación de legibilidad: no tiene notas al pie ni bibliografía, se apoya en unas pocas autoridades y ejemplos, y utiliza un lenguaje preciso aunque despojado de academicismos. Como da por sentado que el “odio a la poesía”, generalizado en buena parte del público lector, se debe en parte al hermetismo predominante en la lírica moderna, aquí se evita la solemnidad de todas las maneras posibles. Por ejemplo, inserta en medio de una página esta digresión: “Acabo de colgar el teléfono después de una conversación con mi amigo, el poeta y crítico Aaron Kunin…”. También en esto se ve el ascendiente, en la escritura de Lerner, de John Ashbery, el mayor poeta estadounidense de las últimas décadas, para quien el poema es un magma que todo lo contiene y todo lo traga: desde el aliento metafísico hasta el más banal incidente doméstico. Por EDGARDO DOBRY
    3No nos gusta la poesía Conocido en España por la novela Saliendo de la estación de Atocha (Mondadori, 2013) y por la excelente antología poética Elegías Doppler (Kriller71, 2015), Ben Lerner (Kansas, 1979) se presenta ahora como ensayista. El odio a la poesía es un discurso con una evidente vocación de legibilidad: no tiene notas al pie ni bibliografía, se apoya en unas pocas autoridades y ejemplos, y utiliza un lenguaje preciso aunque despojado de academicismos. Como da por sentado que el “odio a la poesía”, generalizado en buena parte del público lector, se debe en parte al hermetismo predominante en la lírica moderna, aquí se evita la solemnidad de todas las maneras posibles. Por ejemplo, inserta en medio de una página esta digresión: “Acabo de colgar el teléfono después de una conversación con mi amigo, el poeta y crítico Aaron Kunin…”. También en esto se ve el ascendiente, en la escritura de Lerner, de John Ashbery, el mayor poeta estadounidense de las últimas décadas, para quien el poema es un magma que todo lo contiene y todo lo traga: desde el aliento metafísico hasta el más banal incidente doméstico. Por EDGARDO DOBRY Ir a noticia
  • Nada menos que la cita de un famoso almirante abre las 130 lecciones desde la silla del director que componen el libro Notas de dirección, recién publicado por Alba en España en la colección dirigida por Luis Magrinyà dedicada a las artes escénicas: “Tenemos que aprender de los errores de los demás, no vivimos lo suficiente para cometerlos todos nosotros mismos” (Hyman G. Rickover, 1900-1986). Por ANDRÉS FERNÁNDEZ RUBIO
    4Nunca le hables mal a un actor Nada menos que la cita de un famoso almirante abre las 130 lecciones desde la silla del director que componen el libro Notas de dirección, recién publicado por Alba en España en la colección dirigida por Luis Magrinyà dedicada a las artes escénicas: “Tenemos que aprender de los errores de los demás, no vivimos lo suficiente para cometerlos todos nosotros mismos” (Hyman G. Rickover, 1900-1986). Por ANDRÉS FERNÁNDEZ RUBIO Ir a noticia
  • Frente a la idea de la madre santuario o receptáculo que ya cuestionó Edith Wharton, surgen en el panorama de la literatura actual voces femeninas —Laura Freixas, Silvia Nanclares, Belén García Abia, Lara Moreno, Marina Dimópulos, Florencia del Campo, Natalia Carrero, Liliana Colanzi...— que abordan de modo bien distinto tanto la maternidad como los discursos que la construyen, entre ellos, el discurso literario. Por MARTA SANZ
    5Harwicz se suelta de la mano Frente a la idea de la madre santuario o receptáculo que ya cuestionó Edith Wharton, surgen en el panorama de la literatura actual voces femeninas —Laura Freixas, Silvia Nanclares, Belén García Abia, Lara Moreno, Marina Dimópulos, Florencia del Campo, Natalia Carrero, Liliana Colanzi...— que abordan de modo bien distinto tanto la maternidad como los discursos que la construyen, entre ellos, el discurso literario. Por MARTA SANZ Ir a noticia
  • En esta excelente Confesión general, del aragonés José María Conget, un escritor de culto, cuyos lectores, los congetianos —Juan Bonilla dixit, creo—, se reconocen aquí y allá con una discreta señal, hay un relato extenso, ‘Dentista’, sin más, sin género, aunque es “una” dentista, que no solo es el mejor de toda esta confesión general sin propósito de enmienda, y con el que he gozado de forma tal que me ha llevado a extremar —palabro localista de tinte navarro que Conget, navarro-aragonés, conoce bien— mi memoria lectora y recordar un relato, una pequeña obra maestra de García Márquez, ‘Un día de éstos’, en el que las diferencias políticas, las guerras colombianas de los mil años, se resuelven entre un dentista, opositor, y un alcalde, déspota, sin anestesia, a lo bravo. Por JAVIER GOÑI
    6Sherezade es dentista En esta excelente Confesión general, del aragonés José María Conget, un escritor de culto, cuyos lectores, los congetianos —Juan Bonilla dixit, creo—, se reconocen aquí y allá con una discreta señal, hay un relato extenso, ‘Dentista’, sin más, sin género, aunque es “una” dentista, que no solo es el mejor de toda esta confesión general sin propósito de enmienda, y con el que he gozado de forma tal que me ha llevado a extremar —palabro localista de tinte navarro que Conget, navarro-aragonés, conoce bien— mi memoria lectora y recordar un relato, una pequeña obra maestra de García Márquez, ‘Un día de éstos’, en el que las diferencias políticas, las guerras colombianas de los mil años, se resuelven entre un dentista, opositor, y un alcalde, déspota, sin anestesia, a lo bravo. Por JAVIER GOÑI Ir a noticia
  • Ivo Andric (1892-1975), premio Nobel de Literatura en 1961, es un autor de origen bosnio, nacido en Travnik, ferviente partidario de la creación del Estado yugoslavo, para el que ejerció como diplomático en diversas capitales europeas, incluida Madrid en 1928. Su obra más conocida es Un puente sobre el Drina, que toma como eje el puente otomano de Mehmed Pasa Sokolovic, en Visegrado, en torno al cual desarrolla una historia coral que tiene tanto de costumbrismo como de una épica que le permite sortear los peligros del mero relato de tipos y costumbres. La novela mencionada y La crónica de Travnik son fieles al amor del autor por su patria bosnia, ese escenario y esa civilización que reunían en sí la media luna islámica y el águila bicéfala habsbúrgica, como señala Claudio Magris. Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU
    7Historias que te mantienen en vilo Ivo Andric (1892-1975), premio Nobel de Literatura en 1961, es un autor de origen bosnio, nacido en Travnik, ferviente partidario de la creación del Estado yugoslavo, para el que ejerció como diplomático en diversas capitales europeas, incluida Madrid en 1928. Su obra más conocida es Un puente sobre el Drina, que toma como eje el puente otomano de Mehmed Pasa Sokolovic, en Visegrado, en torno al cual desarrolla una historia coral que tiene tanto de costumbrismo como de una épica que le permite sortear los peligros del mero relato de tipos y costumbres. La novela mencionada y La crónica de Travnik son fieles al amor del autor por su patria bosnia, ese escenario y esa civilización que reunían en sí la media luna islámica y el águila bicéfala habsbúrgica, como señala Claudio Magris. Por JOSÉ MARÍA GUELBENZU Ir a noticia
  • De los defectos que le encontré a una de las novelas de la escritora gallega Cristina Sánchez-Andrade, Bueyes y rosas dormían, había dos que me irritaban sobremanera: la falta de un criterio novelístico unitario y, como consecuencia, la sensación de dispersión (y dispendio) de lo narrado. Me pareció entonces que esa novela quedaba fuera del control del lector, al que se le obsequiaban historias a troche y moche. Ahora leo Alguien bajo los párpados y la sensación que me deja es la de alguien que ha encontrado la estructura exacta para lo que deseaba narrar. No desaprovecha la escritora su vena imaginativa, saca provecho de la tradición más cercana a Álvaro Cunqueiro y articula su nueva novela alrededor de dos protagonistas inolvidables. Por J. ERNESTO AYALA-DIP
    8Áspero y conmovedor De los defectos que le encontré a una de las novelas de la escritora gallega Cristina Sánchez-Andrade, Bueyes y rosas dormían, había dos que me irritaban sobremanera: la falta de un criterio novelístico unitario y, como consecuencia, la sensación de dispersión (y dispendio) de lo narrado. Me pareció entonces que esa novela quedaba fuera del control del lector, al que se le obsequiaban historias a troche y moche. Ahora leo Alguien bajo los párpados y la sensación que me deja es la de alguien que ha encontrado la estructura exacta para lo que deseaba narrar. No desaprovecha la escritora su vena imaginativa, saca provecho de la tradición más cercana a Álvaro Cunqueiro y articula su nueva novela alrededor de dos protagonistas inolvidables. Por J. ERNESTO AYALA-DIP Ir a noticia