Fondo de Recuperación Europeo: la hora de las ayudas a la digitalización

España invertirá un tercio de las ayudas europeas en proyectos que aceleren la transformación de todos los sectores e impulsen la economía digital

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La transformación digital, ese fenómeno al que se apremia a empresas e instituciones para mejorar su eficiencia y no quedarse atrás, va a ser uno de los grandes protagonistas del fondo Next Generation EU, conocido también como Fondo de Recuperación Europeo.

España destinará el 33% del presupuesto de estos fondos a distintos proyectos de digitalización. Un porcentaje que está por encima del 20% fijado por la Unión Europea (UE). Estos fondos también se estructuran en torno a otro gran vector de transformación: la transición ecológica, con un 37% de los fondos. La igualdad de género y la cohesión social y territorial también se incluyen como ejes transversales clave. El Plan Nacional de Recuperación, Transformación y Resiliencia también desarrolla diez políticas que integran 30 líneas de actuación.

“Los fondos van a tener una cobertura muy amplia y van a ser muchos los sectores que se beneficien de ellos, impulsando el tejido empresarial y ayudando tanto a grandes como a pequeñas y medianas empresas”, señala Blanca Montero, subdirectora general, directora de Negocios Institucionales y responsable de Fondos Europeos de Banco Sabadell.

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La importancia de la digitalización en la economía española

Esta digitalización es un vector clave para la economía española ya que incide de manera directa sobre uno de sus problemas estructurales más importantes: la ausencia de crecimiento de la productividad. “El ahorro de tiempos y de costes en las funciones de las empresas se traduce en ganancias de eficiencia y en incrementos de los rendimientos por hora o empleo de personas”, sostiene Montero.

En su opinión, la digitalización es un facilitador de la innovación. “Otra de las asignaturas pendientes de España a tenor de la comparativa del esfuerzo en I+D+i realizado con respecto a otros referentes, como Estados Unidos, Corea del Sur o ciertos países europeos”.

En España, el tamaño de la economía digital alcanzó el 19% del producto interior bruto (PIB) durante 2019 y se espera que la situación actual provocada por la covid-19 afiance hábitos que impulsen al sector como el teletrabajo o el comercio electrónico, según revela el informe Economía Digital en España, elaborado por la Asociación Española de la Economía Digital (Adigital). El documento concluye que su impacto directo, integrado por empresas cuya actividad principal es digital, ya representa un 9% del PIB, lo que demuestra que ya es el segundo sector más relevante en la economía nacional, solo por detrás del inmobiliario.

Es cierto que la pandemia de la covid-19 ha acelerado el proceso de digitalización de muchos negocios, pero a la vez ha puesto de relieve las enormes carencias en este campo. Los expertos coinciden en que, con independencia de en qué sector operen las empresas, la transición hacia un modelo digital es la única forma de competir hoy en día y, a la vez, una fuente de generación de valor.

“La clave va a estar en que, por primera vez como país, sepamos y podamos aprovechar el 100% de los fondos a través de iniciativas que ayuden a modernizar nuestra economía. Debemos ser capaces de generar proyectos para absorber todo el dinero que recibamos en los próximos meses”, advierte el economista Josep Salvatella, consejero delegado de la consultora sobre digitalización RocaSalvatella.

Del mismo modo, Blanca Montero recalca que España tendrá que llevar a cabo un ambicioso esfuerzo desde el punto de vista de la ejecución de las ayudas, ya que, la absorción de fondos europeos en el periodo 2014-2020 fue sólo del 39%. Con los cambios normativos recientemente aprobados, la mayor involucración de las administraciones públicas y la inclusión en los Presupuestos Generales del Estado (PGE) deberá mejorar el grado de ejecución.

“El Fondo de Recuperación Europeo es un reto porque pretende impulsar una transformación del modelo productivo español bajo las premisas de la sostenibilidad, la digitalización y la cohesión social y territorial e igualdad; y, todo ello, con un plazo muy exigente para su desarrollo, que requerirá una buena planificación por parte de todos, ya que nos jugamos la competitividad como país”, añade Montero.

Del mismo modo, coinciden los expertos, también es crucial escoger proyectos con potencial, poder transformador y que sean capaces de ejercer el efecto arrastre en la economía, permitiendo así aumentar la productividad y elevar la capacidad de crecimiento del conjunto español en el largo plazo.

Las ayudas como impulso a la economía digital

El Fondo de Recuperación Europeo es una ocasión única para mitigar los efectos económicos provocados en la sociedad europea por la pandemia del coronavirus. Esta partida, aprobada el pasado julio, está dotada con 750.000 millones de euros hasta el año 2026. Precisamente España es uno de los grandes beneficiados de este fondo que debe ayudar a reactivar y modernizar la economía del futuro en el continente. El país recibirá 140.000 millones de euros, de los cuales, 72.700 millones de euros llegarán en forma de transferencias (ayudas directas).

Para recibir y canalizar estos miles de millones de euros, el Gobierno utilizará distintos programas de Next Generation EU, entre los que se encuentra el Mecanismo para la Recuperación y Resiliencia (MRR), el React-EU, el programa de innovación Horizonte Europa o los fondos del InvestEU y del Instrumento de Inversiones Estratégicas. La inversión en digitalización se dedicará íntegramente a desplegar la estrategia Agenda España Digital 2025, que es la hoja de ruta que ha establecido el Ejecutivo español.

Algunos de los objetivos concretos de esta agenda para ese año son la mejora de la conectividad digital, el impulso a tecnologías disruptivas como la inteligencia artificial, la modernización del tejido empresarial —con especial foco en las pymes y en compañías de sectores tractores como el de la construcción, el turismo, el agroalimentario, el transporte, la automoción y la metalurgia— y las administraciones públicas, la creación de ecosistemas emprendedores de base tecnológica (caldo de cultivo de las startups), el refuerzo a la ciberseguridad y la economía del dato, la protección de los derechos digitales y la mejora de la capacitación digital de la población.

Las fortalezas y las debilidades de la economía digital

El ranking Digital Economy and Society Index (DESI) de la Comisión Europea revela que, en el ámbito de la transformación digital, España tiene algunas fortalezas. Cuenta, por ejemplo, con una red de infraestructura avanzada, una cobertura extensa de sus redes 4G y unos niveles de digitalización de la Administración Pública relativamente elevados dentro de Europa.

Sin embargo, el progreso en los últimos años ha sido más limitado en el terreno de las empresas, especialmente en el tejido de las pymes, en el ámbito de la I+D+i y en la capacitación digital de la población. Estos datos coinciden con el Análisis DAFO: Transformación Digital en España 2020, presentado en octubre por el Gobierno.

“España adolece de capital humano digital de alto nivel debido, entre otras razones, a la especialización productiva y a la escasa participación de manufacturas de alto contenido tecnológico”, lamenta la experta de Banco Sabadell Blanca Montero. Y recuerda que todavía quedan áreas “que no cuentan con una conectividad digital fiable y de calidad, tanto en el ámbito rural como en determinados ámbitos industriales, lo que frena la digitalización de la industria, genera brechas sociales y territoriales, y condiciona la calidad de la experiencia en los destinos turísticos”.

Las telecomunicaciones, sector vertebrador

Aunque todavía no están definidos los requisitos y las condiciones para recibir las ayudas europeas, se priorizarán algunos sectores especialmente castigados por la crisis, como el del turismo, además de otros ámbitos como el agroalimentario, la movilidad sostenible y la electrificación de vehículos, la seguridad y la industria biosanitaria.

El sector de las telecomunicaciones será, asimismo, uno de los grandes beneficiados porque vertebrará todo este desarrollo tecnológico. Además de las empresas tradicionales de redes, se beneficiarán todas las actividades de programación y consultoría informática, desarrolladores de apps, industrias de Tecnologías de la Información y la Comunicación (TIC) o el segmento audiovisual, entre otros.

Junto a la transparencia a la hora de adjudicar los proyectos y el fomento de la colaboración público-privada, Salvatella considera esencial que se articulen mecanismos de incentivación que “premien o prioricen aquellos proyectos que incorporen pymes o startups a sus modelos de ejecución”. En su opinión, esta fórmula es una medida efectiva para que crezcan las pequeñas y medianas empresas. “Hay que conseguir pymes de tamaño más mediano (de 200 a 500 empleados), altamente competitivas, exportadoras, muy digitalizadas y dependientes energéticamente. Un tejido empresarial potente de medianas empresas con capacidad innovadora sí puede transformar nuestro modelo productivo”, concluye.

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